martes, 8 de marzo de 2011

¿QUÉ ES EL LIBERALISMO SOCIAL?

CAPÍTULO 3.  ASPECTOS TEÓRICOS DEL LIBERALISMO SOCIAL

Una vez que hemos analizado en la teoría y en la práctica el modelo socialista y el sistema del capitalismo intervencionista, veamos en qué consiste, un término tan controversial y discutido cómo es el liberalismo.  Analicemos en los dos capítulos que siguen la teoría y la práctica del liberalismo social, esto es, la doctrina fundada por Adam Smith, que después fuera tan malentendida e incluso tan mal aplicada por algunos seudo liberales. 

DEFINICIÓN DEL LIBERALISMO

                En la enciclopedia digital wikipedia, se encuentra una definición precisa de lo qué es el liberalismo. 

“El liberalismo es un sistema filosófico, económico y político, que promueve las libertades civiles pero se niega a aceptar la libertad colectiva; se opone a cualquier forma de despotismo, siendo la corriente en la que se fundamentan la democracia representativa y la división de poderes.  Critica abiertamente el poder coercitivo de los gobiernos.  Defiende principalmente:

·         El desarrollo de las libertades individuales y, a partir de ésta, el progreso de la sociedad.
·         El establecimiento de un Estado de Derecho, donde todas las personas sean iguales ante la ley, sin privilegios ni distinciones, en acatamiento, con un mismo marco mínimo de leyes.

Sus características principales son:
·         El individualismo, que considera al individuo primordial, como persona única y en ejercicio de su plena libertad, por encima de todo aspecto colectivo. [1]
·         La libertad como un derecho inviolable que se refiere a diversos aspectos: libertad de pensamiento, de expresión, de asociación, de prensa, etc., cuyo único límite consiste en la libertad de los demás[2], y que debe constituir una garantía frente a la intromisión del gobierno en la vida de los individuos.
·         El principio de igualdad entre las personas, entendida en lo que se refiere a diversos campos jurídico y político. Es decir, para el liberalismo, todos los ciudadanos son iguales ante la ley y ante el Estado.
·         El derecho a la propiedad privada como fuente de desarrollo e iniciativa individual, y como derecho inalterable que debe ser salvaguardado y protegido por la ley.
·         El establecimiento de códigos civiles, constituciones, e instituciones basadas en la división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y en la discusión y solución de los problemas por medio de asambleas y parlamentos.
·         La Tolerancia Religiosa.

ORÍGENES DEL LIBERALISMO

Carlos Alberto Montaner, en un interesante artículo basado en una Conferencia suya pronunciada en Miami el 14 de septiembre de 2000 en un seminario del Instituto Jacques Maritain,[3]señala que la historia del liberalismo se remonta al pensamiento de Aristóteles; encontrándose también sus orígenes en los estoicos quienes defendieron la idea de que las personas estaban protegidas por unos derechos naturales anteriores a la polis, es decir, al Estado; se remonta también a los franciscanos que en Oxford, en el siglo XIII, para escándalo de la época, proclamaron que en las cosas de la ciencia se llegaba a la verdad mediante la razón, y no por los dogmas dictados por las autoridades religiosas; en Santo Tomás de Aquino, que sistematizó la intuición de los franciscanos y comenzó el complejo deslinde de lo que pertenecía a César y lo que era propiedad de Dios, esto es, inició el largo proceso de secularización de la sociedad, y, de paso, alabó el mercado y a los denostados comerciantes.
Pero no es ése el único santo que los liberales aclaman como uno de sus remotos patrones: fue San Bernardino de Siena, acusado por la Inquisición de propagar peligrosas novedades, quien explicó el concepto de lucro cesante (costo de oportunidad), defendiendo el derecho de los prestamistas a cobrar intereses, rompiendo con ello siglos de incomprensión sobre la verdadera naturaleza de la usura.  Los liberales también reclaman como suyos – lo hicieron enfáticamente los economistas de la escuela austriaca en el siglo XIX – los planteamientos a favor del mercado y el libre precio de la espléndida Escuela de Salamanca del siglo XVI, con figuras de la talla de Vitoria, Soto y el padre Mariana, fustigador este último no sólo de tiranos, sino también del excesivo gasto público que generaba inflación y empobrecía a las masas.
Finalmente, los liberales de hoy encuentran una filiación directa en el inglés John Locke, quien retoma el naturalismo y formula persuasivamente su propuesta constitucionalista: el papel de las leyes no es imponer la voluntad de la mayoría sino proteger al individuo de los atropellos del Estado o de otros grupos; en Montesquieu, que analiza la importancia de la separación de poderes para impedir la tiranía; en los enciclopedistas que trataron de explicar el conocimiento a la luz de la razón; y en Adam Smith que analizó brillantemente el papel del mercado, la libertad económica y la especialización en la formación de capital y en el creciente desarrollo económico.

LA INTERNACIONAL LIBERAL

En 1947, finalizada la Segunda Guerra mundial, en Oxford, Inglaterra, convocados por Salvador de Madariaga, una serie de prominentes políticos e intelectuales europeos suscribió un documento y creó la Internacional Liberal con el objeto de defender la libertad y el Estado de Derecho. Durante medio siglo el Manifiesto de Oxford (“Manifiesto Liberal”), fue el texto vinculante de los partidos que integraban la organización.  La premisa consistía en que el olvido de los valores liberales, esencialmente vigentes entre 1871 y 1914, había provocado las dos guerras mundiales del siglo XX. Por otra parte, los avances de los comunistas en Europa anunciaban el inicio de otro conflicto entre la libertad y el totalitarismo, de manera que resultaba vital articular una estrategia defensiva que protegiera a la civilización occidental de los viejos fantasmas comunistas y de los nuevos peligros.  En 1997, también en Oxford, a los cincuenta años del texto fundacional, desaparecida la URSS y desacreditado el marxismo leninismo tras la experiencia del socialismo real, los partidos de la Internacional Liberal (IL), aprobaron otro manifiesto más extenso y acorde con los tiempos para definir lo que tenían en común las organizaciones adscritas a esta federación de partidos.

El esfuerzo original tuvo continuidad.  Hoy la IL, que mantiene su sede en Londres, Inglaterra, está compuesta por unos setenta partidos políticos de todo el mundo, siendo los mayores los de Canadá y Brasil, mientras gobiernan o cogobiernan en una docena de países de Europa, América, Asia y África, con una notable presencia entre los países que abandonaron el comunismo tras la caída del Muro de Berlín.  Dentro de la IL hay tres partidos cubanos: la Unión Liberal Cubana (1992), el Partido Liberal Democrático de Cuba y Solidaridad Democrática (1999).

LA VERDADERA ESENCIA DEL LIBERALISMO

El liberalismo no es una doctrina con un recetario unívoco, ni pretende haber descubierto leyes universales capaces de desentrañar o de ordenar con propiedad el comportamiento de los seres humanos.  Es un cúmulo de ideas y no una ideología cerrada y excluyente.  Es un conjunto de creencias básicas, de valores y de actitudes organizadas en torno a la convicción de que a mayores cuotas de libertad individual se corresponden mayores índices de prosperidad y felicidad colectivas. De ahí la mayor virtud del liberalismo: ninguna novedad científica lo puede contradecir porque no establece verdades inmutables. Ningún fenómeno lo puede desterrar del campo de las ideas políticas, porque siempre será válida una gran porción de lo que el liberalismo ha defendido a lo largo de la historia.

El liberalismo es un modo de entender la naturaleza humana y una propuesta para conseguir que las personas alcancen el más alto nivel de prosperidad potencial que posean (de acuerdo con los valores, actitudes y conocimientos que tengan), junto al mayor grado de libertad posible, en el seno de una sociedad que ha reducido al mínimo los inevitables conflictos. Al mismo tiempo, el liberalismo descansa en dos actitudes vitales que conforman su talante: la tolerancia y la confianza en la fuerza de la razón.

PREMISAS BÁSICAS DEL LIBERALISMO

El liberalismo se basa en varias premisas básicas, simples y claras: los liberales creen que el Estado ha sido concebido para el individuo y no a la inversa.  Valoran el ejercicio de la libertad individual como algo intrínsecamente bueno y como una condición insustituible para lograr los mayores niveles de progreso.  No aceptan, pues, que para alcanzar el desarrollo haya que sacrificar las libertades.  Entre esas libertades – todas las consagradas en la Declaración Universal de Derechos del Hombre – la libertad de poseer bienes (el derecho a la propiedad privada), les parece fundamental, puesto que sin ella el individuo está perpetuamente a merced del Estado.  Sostienen, incluso, que una de las razones por las que ninguna sociedad totalitaria ha sucumbido como consecuencia de una rebelión popular es por la falta de un espacio económico privado.
Por supuesto, los liberales también creen en la responsabilidad individual. No puede haber libertad sin responsabilidad. Los individuos son (o deben ser) responsables de sus actos, y deben tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones y los derechos de los demás.  Precisamente, para regular los derechos y deberes del individuo con relación a los demás, los liberales creen en el Estado de Derecho.  Es decir, creen en una sociedad regulada por leyes neutrales que no le den ventaja a persona, partido o grupo alguno y que eviten enérgicamente los privilegios.  Los liberales también defienden que la sociedad debe controlar estrechamente las actividades de los gobiernos y el funcionamiento de las instituciones del Estado.
Los liberales tienen ciertas ideas verificadas por la experiencia sobre cómo y por qué algunos pueblos alcanzan el mayor grado de eficiencia y desarrollo, o la mejor armonía social, pero la esencia de este modo de entender la política y la economía radica en no señalar de antemano hacia dónde queremos que marche la sociedad, sino en construir las instituciones adecuadas y liberar las fuerzas creativas de los grupos e individuos para que estos decidan espontáneamente el curso de la historia. Los liberales no tienen un plan para diseñar el destino de la sociedad.  Incluso, les parece muy peligroso que otros tengan esos planes y se arroguen el derecho de decidir el camino que todos debemos seguir, como es propio de las ideologías.
En el terreno económico la idea de mayor calado es la que defiende el libre mercado en lugar de la planificación estatal.  A fines del siglo XVIII, cuando argumentaba en contra del mercantilismo proteccionista de Estado, Adam Smith lo aclaró incontestablemente en La riqueza de las naciones.  En 1924, poco después de la revolución bolchevique, entonces frente al marxismo, el pensador liberal austriaco Ludwig von Mises, en un libro denominado “Socialismo”, demostró cómo en las sociedades complejas no era posible planificar el desarrollo mediante el cálculo económico, señalando con toda precisión (en contra de las corrientes socialistas y populistas de la época) cómo cualquier intento de fijar artificialmente la cantidad de bienes y servicios que debían producirse, así como los precios que deberían tener, conduciría al desabastecimiento y a la pobreza.  Von Mises demostró que el mercado (la libre concurrencia en las actividades económicas de millones de personas que toman constantemente millones de decisiones orientadas a satisfacer sus necesidades de la mejor manera posible), generaba un orden natural espontáneo infinitamente más armonioso y creador de riqueza que el orden artificial de quienes pretendían planificar y dirigir la actividad económica.  Obviamente, de esas reflexiones y de la experiencia práctica se deriva que los liberales, en líneas generales, no crean en controles de precios y salarios, ni en los subsidios que privilegian una actividad económica en detrimento de las demás.  Por el contrario: cuando las personas, actúan dentro de las reglas del juego, buscando su propio bienestar, suelen beneficiar al conjunto.
Otro gran economista, Joseph Schumpeter, austriaco de nacimiento y defensor del mercado, pero pesimista en cuanto al destino final de las sociedades liberales como consecuencia del reto y la invasión de los comunistas en el campo de las ideas – predicción que su muerte en 1950 no le permitió corregir -, demostró cómo no había estímulo más enérgico para la economía que la actividad incesante de los empresarios y capitanes de industria que seguían el impulso de sus propias urgencias sicológicas y emocionales. Los beneficios colectivos que se derivaban de la ambición personal eran muy superiores al hecho también indudable de que se producían diferencias en el grado de acumulación de riquezas entre los distintos miembros de una comunidad.  Pero quizás quien mejor resumió esta situación fue uno de los líderes chinos de la era posmaoísta, cuando reconoció, melancólicamente, que “por evitar que unos cuantos chinos anduvieran en Rolls Royce, condenamos a cientos de millones a desplazarse para siempre en bicicleta”.
En esencia, el rol fundamental del Estado debe ser mantener el orden y garantizar que las leyes se cumplan, mientras se ayuda a los más necesitados para que estén en condiciones reales de competir.  De ahí que la educación y la salud colectivas, especialmente para los miembros más jóvenes de la comunidad -una forma de incrementar el capital humano-, deben ser preocupaciones básicas del Estado liberal.  En otras palabras: la igualdad que buscan los liberales no es la de que todos obtengan los mismos resultados, sino la de que todos tengan las mismas posibilidades de luchar por obtener los mejores resultados. Y en ese sentido una buena educación y una buena salud deben ser los puntos de partida para poder acceder a una vida mejor.
De la misma manera que los liberales tienen ciertas ideas sobre la economía, asimismo postulan una forma de entender el Estado.  Por supuesto, los liberales son inequívocamente demócratas y creen en el gobierno de las mayorías pero sólo dentro de un marco jurídico que respete los derechos inalienables de las minorías.  Esto quiere decir que hay derechos naturales que no pueden ser enajenados por decisiones de las mayorías.  Las mayorías, por ejemplo, no pueden decidir esclavizar a los negros, expulsar a los gitanos de una demarcación o concederles un poder omnímodo a los trabajadores manuales, los campesinos o los propietarios de tierra.  La democracia, para que realmente lo sea, tiene que ser multipartidista y es preferible que esté organizada de acuerdo con el principio de la división de poderes, de manera que el balance de la autoridad impida que una institución del Estado acapare demasiada fuerza.
Aunque no es una condición indispensable, y reconociendo que la tradición latinoamericana, eminentemente presidencialista, es contraria a este análisis; los liberales prefieren el sistema parlamentario de gobierno, por cuanto suele reflejar mejor la variedad de la sociedad y es más flexible para generar cambios cuando se modifican los criterios de la opinión pública.  Al mismo tiempo, los liberales son partidarios de la descentralización y de estimular la autoridad de los gobiernos locales.  La hipótesis -generalmente confirmada por la práctica- es que resulta más fácil abordar y solucionar los problemas eficientemente cuando quienes los padecen supervisan, controlan y auditan a quienes están llamados a solucionarlos.
Por otra parte, el liberalismo contemporáneo cuenta con agudas reflexiones sobre cómo deben ser las constituciones. El Premio Nobel de Economía Frederick von Hayek, abogado además de economista, es autor de muy esclarecedores trabajos sobre este tema.  Más recientemente, los también Premios Nobel de Economía Ronald Coase, Douglas North y Gary Becker han añadido valiosos estudios que explican la relación entre la ley, la propiedad intelectual, la existencia de instituciones sólidas y el desarrollo económico.
Los liberales creen que el gobierno debe ser reducido, porque la experiencia les ha enseñado que las burocracias estatales tienden a crecer parasitariamente, fomentan el clientelismo político, suelen abusar de los poderes que les confieren, y malgastan los recursos de la sociedad. La historia demuestra que a mayor Estado, mayor corrupción y dispendio. Pero el hecho de que un gobierno sea reducido no quiere decir que debe ser débil. Debe ser fuerte para hacer cumplir la ley, para mantener la paz y la concordia entre los ciudadanos, para proteger la nación de amenazas exteriores y para garantizar que todos los ciudadanos aptos dispongan de un mínimo de recursos que les permitan competir en la sociedad.
Los liberales piensan que, en la práctica, los gobiernos real y desgraciadamente no suelen representar los intereses de toda la sociedad, sino suelen privilegiar a los electores que los llevan al poder o a determinados grupos de presión. Los liberales, en cierta forma, sospechan de las intenciones de la clase política, y no se hacen demasiadas ilusiones con relación a la eficiencia de los gobiernos.  De ahí que el liberalismo debe erigirse siempre en un permanente cuestionador de las tareas del servicio público, y de ahí que no pueda evitar ver con cierto escepticismo esa función de redistribuidores de la renta, equiparadores de injusticias o motores de la economía que algunos les asignan.
Otro gran pensador liberal, el Premio Nobel de Economía James Buchanan, creador de la escuela de Public Choice, originada en su cátedra de la Universidad de Virginia, ha desarrollado una larga reflexión sobre este tema. En resumen, toda decisión del gobierno conlleva un costo perfectamente cuantificable, y los ciudadanos tienen el deber y el derecho de exigir que, en la medida de lo posible, el gasto público responda a los intereses de la sociedad y no a los de los partidos políticos.
Como regla general, los liberales prefieren que la oferta de bienes y servicios descanse en los esfuerzos de la sociedad civil y se canalice por vías privadas y no por medio de gobiernos derrochadores e incompetentes que no sufren las consecuencias de la frecuente irresponsabilidad de los burócratas o de los políticos electos menos cuidadosos.  En última instancia, no hay ninguna razón especial que justifique que los gobiernos necesariamente se dediquen a tareas como las de transportar personas por las carreteras, limpiar las calles o vacunar contra el tifus. Todo eso hay que hacerlo bien y al menor costo posible, pero seguramente ese tipo de trabajo se desarrolla con mucha más eficiencia dentro del sector privado.  Cuando los liberales defienden la primacía de la propiedad privada no lo hacen por codicia, sino por la convicción de que es infinitamente mejor para los individuos y para el conjunto de la sociedad.

¿TIENE FUTURO EL LIBERALISMO?


        Con el permiso de la revista Polémika de la Universidad San Francisco de Quito, a continuación efectuó un resumen de los principales artículos aparecidos en la misma en el mes de junio del 2010.

Gabriela Calderón de Burgos, columnista de Diario El Universo, escribió para la revista Polémika de la Universidad San Francisco de Quito, un artículo denominado: “EL FUTURO DEL LIBERALISMO CLÁSICO”, cuyo contenido principal se lo resume a continuación, agregándose y comentándose con mayor detalle, algunos otros aspectos relacionados al tema de su autoría: [4]

 Foto: Gabriela Calderón de Burgos (www.cato.org)

·          El liberalismo suele sufrir del deterioro en el uso del lenguaje, ser confundido con el conservadurismo e incluso el fascismo y ser acusado por la izquierda y los conservadores de carecer de bases morales.
·          El liberalismo propone un gobierno mucho más limitado del que existe en gran parte del mundo hoy y mucho más limitado del que propondrían socialistas o conservadores.
·         Según el peruano Enrique Ghersi, el debate político no se rige por la lógica sino por la retórica.  Y en esto los liberales han sufrido grandes derrotas en la historia reciente. [5]
Foto: Enrique Ghersi (www.fontem.com)
·          Hoy particularmente en los países en vías de desarrollo, el liberal ha sido tildado de “neoliberal”.  Diversos grupos de políticos (León Febres Cordero, Carlos Saúl Menem, Carlos Andrés Pérez, Ernesto Zedillo, etc),  han sido etiquetados con ese adjetivo que ha servido más bien como un epíteto, con el cual descalificar a cualquier política pública, persona o gobierno, que se diferencia del socialismo convencional. 
·          Y al “neoliberalismo” se lo culpa de todos los males en el mundo en vías de desarrollo.  A pesar de que sí se dieron reformas liberales durante los 90´s, éstas muchas veces se combinaron con políticas públicas tales como un irresponsable manejo de la deuda o un gasto público desenfrenado que nunca han sido promovidas por el liberalismo. 
·          De esta manera, se pretende asociar a los liberales con políticas o gobiernos que ellos nunca han respaldado o defendido.  Por ejemplo, el hecho de que los liberales sean partidarios como principio general de la privatización de empresas estatales, no significa que estén de acuerdo con la transformación de un monopolio público en uno privado (TELMEX, por ejemplo).
·          Es más fácil utilizar epítetos en lugar de argumentos.  Por eso ha proliferado el uso de la palabra “neoliberal”, a tal punto que pocos se detienen a pensar qué significa.  Se titulan libros, ensayos, conferencias en contra del satanizado epíteto, que en realidad lo que ha logrado es oscurecer el debate ideológico.
·          Pero el debate ideológico se enturbia más si consideramos la falsa disyuntiva: izquierda versus derecha.  Se enseña en facultades universitarias alrededor del mundo, que las posturas políticas se distribuyen entre dos polos, la izquierda y la derecha, sugiriéndose que los más “objetivos” y moderados están en algún lugar entre esos dos polos.
·          Dentro de esa falsa disyuntiva a los liberales se los suele encasillar en la “derecha” junto con los conservadores; y, algunos radicales de “izquierda” hasta intentan identificar a la corriente liberal del pensamiento, con el fascismo. 
·         ¿Qué es el fascismo? El fascismo es un sistema en donde el Estado permite que la propiedad privada exista nominalmente pero en la práctica usa y dispone de la propiedad de cada ciudadano.  En las décadas del 20 y del 30, del siglo pasado, el fascismo era visto como “el feliz punto medio entre el capitalismo y el socialismo”.  Así lo afirma Sheldon Richman, editor de la revista The Freeman (“El hombre libre”), quien además agrega: “El antagonismo de los líderes fascistas hacia el comunismo  ha sido mal interpretado como una afinidad con el capitalismo.” [6] No obstante en la práctica el comunismo no se distinguió mucho del fascismo. [7] Ambos sistemas eran colectivistas y por ende tenían como enemigo común al liberalismo, ya que éste siempre le da prioridad al derecho de la minoría más pequeña: el individuo. 
·          ¿Qué plantea el conservadurismo? El conservadurismo, decía el economista liberal Hayek,  “jamás nos ofrece alternativa ni nos ofrece novedad alguna”.  El conservador aprecia el orden de las cosas y le atribuye este orden “la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades”.  Además agrega Hayek, “el conservador, por lo general, no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados”.
·          ¿Sólo los socialistas, conservadores y fascistas, se oponen al liberalismo? ¡No!, también ha irrumpido en estos nuevos tiempos, la denominada “cruzada ambientalista”, pues la histeria y el fatalismo presagiado por los ambientalistas, no está basada en hechos sino más bien en una fe secular.  Así, el economista Deepak Lal, considera al movimiento ambiental: “Un movimiento religioso secular involucrado en una cruzada global para imponer sus ´hábitos de corazón´ al mundo… Esta versión moderna de la cruzada del cristianismo ha intercambiado la salvación de almas por la salvación de la Nave Tierra”[8], siendo por tanto estas organizaciones no gubernamentales, las principales promotoras del “nuevo dirigismo” estatal.
 Foto: Deepak Lal (www.cato.org)
·          ¿Consideran irrelevante los liberales la protección ambiental? De modo alguno, lo que sucede es que la concepción liberal de dicha protección es muy distinta.  Los liberales creen que la mejor manera de promover la salud ambiental es asignando derechos de propiedad, reconociendo que la información es descentralizada, permitiendo la competencia y el florecimiento de un mercado de bienes y servicios para la protección ambiental.
·          Además, los liberales son optimistas acerca del futuro y creen que la mejor estrategia es adaptarse a los cambios ambientales –con nuevas tecnologías que serán posibles en un mundo cada vez más rico- en lugar de tratar de prevenirlos.  La historia de la humanidad demuestra que esto ya ha sucedido.
·         En 2007 el Presidente de la República Checa (otro ex socialista y hoy liberal), Vaclav Klaus pronunció un discurso [9] en el que enumeraba las ideas que él considera que caracterizan al movimiento ambientalista.  Aquí se presentan algunas:
 Foto: Vaclav Claus, otro ex socialista y hoy liberal (www.voyagesphotosmanu.com)
1.       Desconocimiento del poder de la mano invisible del libre mercado y una creencia en la omnipotencia del dirigismo estatal.
2.       Desconocimiento del papel que juegan importantes y poderosos mecanismos e instituciones económicas, principalmente los derechos de propiedad privada y los precios como una protección efectiva de la naturaleza.
3.       Una concepción equivocada del significado de los recursos y de la diferencia entre los potenciales recursos naturales y los verdaderos que pueden ser utilizados en la economía.  Un pesimismo maltusiano acerca del progreso técnico.
4.       La promoción del llamado principio de la precaución, el cual maximiza la aversión al riesgo sin prestar atención a los costos o los posibles beneficios.
5.       Una creencia en el predominio de externalidades en la actividad humana.
6.       Una subestimación del aumento del ingreso y de mejoras en el bienestar a largo plazo, lo cual resulta en un cambio fundamental de la demanda hacia la protección ambiental y es demostrada por la llamada Curva Ambiental de Kuznets.

Juan Fernando Carpio, catedrático de economía de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), escribió para la revista Polémika de la Universidad San Francisco de Quito, un  artículo denominado: “¿TIENE FUTURO EL LIBERALISMO?”, cuyo contenido principal se lo resume a continuación, agregándose y comentándose con mayor detalle, algunos otros aspectos relacionados al tema de su autoría: [10]

 Foto: Juan Fernando Carpio (www.relial.org)

·          El liberalismo sólo tiene futuro como visión de la sociedad y doctrina política si se vuelve a fundamentar en la justicia, si recoge las enseñanzas de la Escuela Austríaca sobre el proceso dinámico de creación y asignación de recursos que sólo es posible en libertad.  El liberalismo es el fundamento de la paz y el progreso y debe darse una nueva mirada a sí mismo y salir –más ambicioso y fortalecido- a recuperar la imaginación de quienes buscan un mundo mejor.
·          El liberalismo es una doctrina política donde el ser humano individual tiene un espacio de autonomía frente a la sociedad y a los entes que dicen representarla –al Estado, en particular-.
·          Es por ende, el elevar la intuitiva noción de “no-robar, no-matar” a nivel global en una sociedad: lo que no está permitido y uno no se permite hacia los demás (ir con una pistola a quitarle los recursos al vecino para financiar una guardería u hospital de nuestra preferencia…)

Juan Fernando Carpio señala que el liberalismo tiene futuro, siempre y cuando:
1.        Vuelva a girar en torno a la justicia y no en la “eficiencia”, porque hay una tendencia a pensar que una sociedad de gobierno limitado o contractual y mercados libres, va a ser más eficiente pero que un sistema socialista será más justo.  En esto los propios liberales no han sabido colocar a la justicia como  valor principal, por encima de consideraciones utilitaristas como crecimiento o eficiencia, pese a que el liberalismo es la única doctrina política que no se basa en una visión de cómo los seres humanos deberían ser o podrían ser, como son los casos del socialismo comunista o del fascismo, sino en un reconocimiento de la naturaleza de la realidad y la naturaleza humana.  Por eso el liberalismo siempre ha estado atado a la Economía como ciencia auxiliar: el liberal siempre puede respaldarse en “lo que funciona” ó “lo que no funciona” para respaldar sus argumentos a favor de la libertad.  Lo que ocurre es que cuando se decide cualquier cosa, se lo hace sobre personas y recursos, por lo cual el liberalismo halló en la Economía no sólo una fuente de validación, sino sobre todo de comprensión, sobre lo que la sociedad misma es y sobre todo lo que no es.  Añade Carpio, “si en algo han sido hábiles los socialistas es en una formidable campaña de Marketing desarrollada a lo largo de los últimos 150 años… Esas tácticas publicitarias de alto impacto a lo largo de 6 generaciones que han acorralado y han acomplejado a los defensores de la libertad individual.  Toman una etiqueta “socialista” que suena humanista y enfocada en la sociedad.  Tacharon a sus oponentes de “capitalistas” o apologistas del Capital (esto por la vieja clasificación de los factores productivos en tierra, trabajo y capital)y ellos se situaron del lado del Trabajo (…) posteriormente y para distanciarse de sus primos hermanos, empezaron a llamar “fascistas” a todos quienes no desearan participar de la Gran Marcha, como describió Milán Kundera al socialismo”  Continúa Carpio, “Si algún sentido tiene el término “neoliberal” (a más de ser una etiqueta para atacar a quienes les superan en comprensión económica) podría ser el describir a un liberal que basa su defensa de la sociedad abierta y el mercado, en argumentos tecnocráticos”.
2.        Se fundamente en el racionalismo humilde en vez de basarse en el racionalismo ilimitado, porque el liberalismo constituye la aplicación de la razón a los problemas y límites de la naturaleza humana misma.  A diferencia de Descartes y los “racionalistas” franceses que pensaron que la razón humana individual o de un puñado de iluminados, podía no sólo entender sino diseñar sociedades enteras (constructivismo), los liberales españoles y algunos siglos luego los liberales franceses, belgas y manchesterianos, aplican la razón a los problemas sociales siempre teniendo en cuenta de que la razón misma tenía limitaciones.  Estas limitaciones implicaban entender que el conocimiento está disperso entre muchas mentes y que instituciones caracterizadas por su complejidad y alta calidad, como las del Derecho Romano, se debían al hecho de que era el fruto no-coordinado pero coordinado “espontáneamente” de muchísimas mentes en el tiempo.  Así como la ley, otras instituciones vitales para la sociedad como son el lenguaje, el dinero, el contrato, la empresa, la banca, evolucionan mejor cuando no hay un diseñador ni un planificador central, sino que los actores recogen paulatina y marginalmente los avances e inquietudes de cada época.
3.        Abogue porque la noción de justicia se base en que el fin no justifica los medios.  Franz Oppenheimer, sociólogo autodenominado de izquierda, escribe “El Estado” (1914) y separa las dos formas irreconciliables de ganarse el sustento en sociedad.  A) Hallar, producir o intercambiar, a los que llamó los medios económicos; y, 2) Esclavizar, estafar, robar a los que llamó los medios políticos.  Concluye Oppenheimer que el Estado es, en suma, el aparato de los medios políticos.  Es la única organización en una sociedad (salvo la excepción de mafias o extorsionadores) que puede generarse un sustento mediante la fuerza impuesta sobre los ciudadanos.  Agrega Carpio, “(…) entonces el socialismo/estatismo no es nada más que el robo legalizado (y lo son sus mecanismos: impuestos[11], inflación y deuda pública), como ya lo señaló el economista francés Frederic Bastiat.    
  
Fotos: Franz Oppenheimer (www.wikiliberal.org); y, Frederic Bastiat (www.econlinks.uma.es)
4.        Concientice a la sociedad de que existe un pacto en el capitalismo contrario a las tesis marxistas,  dado por la división vertical del trabajo, pues en sociedad, algunas personas cargan con el riesgo empresarial y otras en cambio, si bien tienen un límite de sus ingresos hacia arriba en buenas épocas, también tienen un límite hacia abajo en las malas.  Es por esto un pacto y no una estratagema o un ardid de los capitalistas para “arrebatarles la plusvalía” a los asalariados.  Es cierto, los asalariados no reciben parte de las ganancias, pero tampoco tienen que cargar con las pérdidas. El capitalista es quien usa fondos previamente ahorrados por él y por otros, para generar proyectos de largo plazo donde, sin importar el éxito o fracaso comercial futuro, se le ofrece una oportunidad de ingresos certeros a otros.  Su existencia evita cargar a otras personas con el riesgo empresarial, como pasaría en condiciones más primitivas.  En palabras simples, el trabajador no arriesga nada, es el empresario el que lo hace y no siempre sus proyectos se ven coronados con el éxito, de hecho hay muchos emprendimientos que quiebran, arrastrando consigo a los empleados asalariados.  Continúa Juan Fernando Carpio diciendo: “Es por eso que el Capitalismo, el sistema que permite ampliamente el ahorro, la inversión y la creación de proyectos comerciales, y que es el rostro económico del liberalismo, es un sistema justo y altamente productivo, que ofrece cada año mejor calidad de vida para sus participantes.  Como dice el liberal Johan Norberg: la injusta distribución de riqueza en el mundo se debe sencillamente a la injusta distribución del Capitalismo. Cuando un territorio abraza el liberalismo político, el Capitalismo empieza a mostrar sus bondades”.  
5.         Conozca mejor a sus adversarios, en especial a los socialistas, quienes históricamente a pesar de sus enormes derrotas, han sabido mercadear muy bien al socialismo.  El problema, inicia con Karl Marx.  Este adalid de los “trabajadores” que nunca trabajó, que involucionó al mundo por medio de sus escritos.  Marx toma las peores doctrinas de las ciencias sociales de su tiempo y las funde en un edificio conceptual capaz de suscitar grandes pasiones pero fundamentalmente errado y destructivo, dondequiera que se lo intentó y se lo sigue intentando llevar a la práctica.  Porque como ya lo demostró en 1921, Ludwig von Mises (mucho antes de que se cayera incluso), el socialismo (o sea la planificación central) no funciona.  Destruye el stock de capital de un territorio (es decir, la riqueza destinada a fines productivos), pues al carecer de propiedad privada, no existen intercambios libres, esfumándose millones de transacciones que buscan y fijan precios.  Sin precios, no se puede hacer contabilidad de costos y cualquier proyecto se hace a ciegas.  Por eso termina privilegiándose el gasto militar, la propaganda y otras formas de marketing ideológico, para así ocultar que la promesa socialista de un mundo de abundancia material y cultural, no termina jamás de llegar.
6.        Conclusiones.- Juan Fernando Carpio concluye que: “El liberalismo no tiene mayor futuro si sigue dedicándose a ser el sistema de la eficiencia, mientras que los socialismos de todas las tendencias reclaman ser más justos; si sigue siendo ambiguo con respecto a temas éticos y económicos que claramente le dan la razón; o si repite los errores estratégicos del pasado eligiendo mal sus alianzas y siendo poco ambicioso en cuanto a la sociedad que busca.  Tiene un futuro esplendoroso, en cambio, si sale a la ofensiva como la única doctrina justa, progresista, incluyente y esencialmente humana que existe.  El liberalismo es la única visión que parte de la realidad y por eso no se cree demasiado buena para el ser humano tal y como es.  Por el contrario saca lo mejor de cada persona pues permite la eudaimonia aristotélica, la compasión budista, la fraternidad cristiana y la prosperidad occidental desde su único eje posible: el individuo”.        
Fabián Corral B., Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), escribió para la revista Polémika de la Universidad San Francisco de Quito, un  artículo denominado: “¿CADUCÓ EL LIBERALISMO?”, cuyo contenido principal se lo resume a continuación, agregándose y comentándose con mayor detalle, algunos otros aspectos relacionados al tema de su autoría: [12]

 Foto: Fabián Corral (www.usfq.edu.ec)

·          Políticos y académicos, populistas y socialistas, y hasta la gente común, comparte la idea, rotunda y absoluta, de la caducidad del liberalismo y del fracaso de sus tesis.  Militan todos, con idéntica firmeza e intransigencia, en el prejuicio de que el liberalismo es una forma de ver el mundo y de entender la política y la economía que sirve a las clases dominantes.  El liberalismo es, otra vez, el malo de la película y el responsable de todas las desgracias del mundo.
·          Paradójicamente, esos mismos políticos y académicos, populistas y socialistas, al tiempo de descalificar al liberalismo, hablan de derechos y libertades; y se apropian de ideas que sembró el liberalismo, que ahora por arte de despiste y propaganda, resultan hijas del socialismo totalitario.  Eloy Alfaro, el liberal, es el icono renacido para el uso de nuevas revoluciones, que niegan y condenan los conceptos centrales de la Revolución Liberal.
 Foto: Eloy Alfaro Delgado, un liberal destacado y convencido al que por arte del marketing y la propaganda política, lo quieren convertir en socialista. (www.laguia2000.com)
·          Curiosas coincidencias: en la Europa de los años 20, en víspera del vendaval totalitario, fascistas y falangistas hacían el mismo esfuerzo de descalificación, y encontraban en el liberalismo la causa de todas las desgracias nacionales.  Así, Carl Schmitt, uno de los grandes teóricos de la dictadura y jurista alemán nacional socialista (nazi), criticó duramente al Estado de Derecho Liberal y ayudó a edificar el “Estado Administrativo”, fundado en la discrecionalidad del poder y en el autoritarismo.  Por tanto, no hay que extrañarse el que muchos totalitarios actuales, odien al liberalismo, por la simple y sencilla razón de que este sistema promueve las libertades civiles de la gente común.
 Imagen: Carl Schmitt, un fascista nazi, que como todo totalitario y estatista odiaba al liberalismo. (www.hacer.org)
·          Octavio Paz pensaba que antes de ser maltratado por la retórica propagandística en su contra, el liberalismo no era una ideología, sino una virtud, un temple, una disposición del ánimo.  Ser liberal entonces, no implicaba la militancia por una doctrina, ni la suscripción a los postulados de un partido.  El liberalismo no nació como una propuesta filosófica.  Fue una rebelión espiritual contra los dogmas y los catecismos definitivos.  Y contra los poderes de todos los signos.
 Foto: Octavio Paz, considera al liberalismo una virtud, antes que una ideología. (www.bnp.gob.pe)
·          Como primera reflexión Fabián Corral nos pregunta: ¿ES EL LIBERALISMO UNA CORRIENTE NETAMENTE INDIVIDUALISTA? –A lo que personalmente interpreto y respondo tajantemente que- ¡No!, que muy por el contrario es una corriente de pensamiento que partiendo del individuo se proyecta hacia la sociedad, por ello se señala que la afirmación del individuo es un supuesto liberal básico, pero que por reiterado e incomprendido, ha conducido a frecuentes confusiones y, por supuesto a descalificaciones.  En tal sentido, Corral propone no hablar del “individuo” ni siquiera de la persona.  Propone hablar del “YO”.  José Ortega y Gasset dijo en 1914, en las “Meditaciones del Quijote”, “Yo soy yo y mis circunstancias”.  Frase que constituye una magistral definición liberal.  En efecto, la realidad irreductible, el referente final del universo y de la vida, es el yo,  No es colectivo alguno, ni pueblo, ni sociedad.  Es cada persona.  ¿O acaso detrás del Estado no hay individuos movidos por sus propios intereses-legítimos o no- dirigiéndolo?
 Foto: José Ortega y Gasset, autor de la célebre frase: “yo soy yo y mis circunstancias” (html.rincondelvago.com)

·          Antes que el “yo” no hay nada, ni poder, ni mercado, ni autoridad.  Nada.  Esta constatación asegura la soberanía de la persona sobre sí misma, su autodeterminación, la intangibilidad de sus derechos, considerados como poderes anteriores y superiores al Estado.  Y afianza, además, la idea de que ese Estado está para servir, y que es apenas una realidad instrumental, una necesidad que se justifica únicamente por su utilidad en pro de las personas.  Debe servir a, no servirse de… las personas.
·          Ortega al incorporar el concepto de “circunstancia”, hace que en el alma de cada ser humano quede incluido el mundo en el que se vive y respecto del cual se es libre o esclavo.  Se personaliza así el entorno.  A su vez, la circunstancia proyecta al individuo en su realidad concreta, que no es de soledad sino de acompañamiento.  El hombre, cada hombre, es “en” la sociedad y respecto de ella, es ese el escenario donde actuará su autonomía y donde se ejercerá la libertad.
·          En el concepto orteguiano, la circunstancia es la suma del yo y del entorno, que son complementarios, rivales y socios, amantes y enemigos a la vez, pero inseparables. 
·         La libertad es una potestad individual vinculada al mundo, metida entre los otros, empapada de sociedad.  Cuando lindero mi predio, cerco mi propiedad o cierro mi casa, actuó en función de los otros.  La propiedad privada no existe sin el concepto contrastante de lo propio y de lo ajeno.  La afirmación individual no sería necesaria si estuviésemos solos en el mundo.  La afirmación individual del yo y de la propiedad, es indispensable porque vivimos dentro de una sociedad.  Así que no hay tal “individualismo” liberal.  Existe sí, un “liberalismo social”.
·           El razonable entorno, hecho de instituciones y reglas mínimas, necesita el concurso de la comunidad, o más bien, de cada individuo.  Requiere la libertad posible, un mínimo de igualdad de oportunidades y un grado elemental de fraternidad.  Por eso, tal vez, los liberales franceses, escribieron en el frontispicio de la Revolución Liberal, aquello de: “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.  Acaso por eso, los fundadores de los Estados Unidos, liberales por cierto, declararon que es obligación moral de la sociedad y misión política del Estado, hacer posible la búsqueda de la felicidad.
 Foto: La Revolución Liberal de 1789, con sus tres postulados básicos, escritos en francés: Libertad, Igualdad y Fraternidad.  (www.remilitari.com)
·          John Stuart Mill,  decía que: “el comercio es un acto social.  Cualquiera que se dedique a vender una mercancía, hace con ello algo que se relaciona con los intereses de los demás y de la sociedad en general; y así, en principio, su conducta cae dentro de la jurisdicción de la sociedad”.  Lo que significa que las consecuencias de los actos,  y las responsabilidades por el ejercicio del derecho a elegir no pueden quedarse en el santuario de la intimidad sin consecuencias externas.
 Foto: John Stuart Mill, decía: “el comercio es un acto social”… (www.redaccion.nexos.com.mx)
·          Fabián Corral señala entonces en que no es posible la libertad en soledad, que no hay tal “egoísmo individualista”, como algunos lo dicen sin bases, pues señala: “La libertad es, pues, un complejo atributo que se ejerce desde el individuo, considerando los referentes que la circunstancia ofrece, contando con los prójimos, obteniendo ventajas y proyectando las consecuencias de los actos sobre la sociedad”.      
·         Como segunda reflexión, Corral plantea, la libertad como poder y nos pregunta: ¿ES LA LIBERTAD SOLAMENTE AUSENCIA DE COACCIÓN, LA INEXISTENCIA DE TRABAS, PRESIONES O REGLAS QUE OBLIGAN AL HOMBRE A ACTUAR EN FORMA CONTRARIA A LO QUE LE INTERESA?  A lo que el mismo F. Corral responde que ese poder no se ejerce en abstracto.  Se ejerce frente a los otros y en consideración a sus intereses.  Ese poder se ejerce en función de los derechos particulares de cada individuo y desde las reglas que son las leyes, porque es preciso conciliar las múltiples libertades que confluyen en una sociedad.  El derecho ajeno empieza donde el derecho propio termina decía Benito Juárez.  Y tenía razón.  “La libertad es un poder racional, gobernado moralmente desde la conciencia individual, por eso la libertad es una virtud, articulada supletoriamente por la ley”.
 Foto: Benito Juárez, decía: “el derecho ajeno empieza donde termina el propio” (www.vootar.com)
·          Como tercera reflexión, Corral plantea: La libertad vs. la ley, las leyes su dimensión jurídica, hacen posible la convivencia de las múltiples libertades que concurren en la sociedad a la que está condenado el hombre, ya sea permitiendo, prohibiendo o mandando.  Las personas nacen con derechos innatos.  Esos derechos son poderes humanos, son capacidades legítimas de obrar y exigir.  Uno de ellos es la libertad.  Para hacer posible su ejercicio, la ley garantiza  la igualdad ante ella.  Esa es la igualdad de oportunidades que es la traducción  de la mínima equidad que debe existir en la sociedad, para que no se aliente la formación de monopolios, ni se oprima a los más débiles, ni se fortalezca aún más a los poderosos.
·         El liberalismo no implica anarquía, esto es, ausencia de Estado.  Si el despotismo ejercido desde el Estado es tiranía, la anarquía es en cambio la multiplicación de los despotismos de todos contra todos.  Si bien el Estado con su excesivo intervencionismo afecta la libertad, también resulta peligroso dejar las decisiones a la suerte  de las determinaciones de la conducta por otros, que tienen la fuerza y la capacidad para hacerlo en ausencia total de reglas.  La anarquía es antiliberal.  Es, apelando al economista de la escuela austríaca  Hayek,  “un camino a la servidumbre”.  La libertad por tanto presenta dos caras, una personal desde el punto de vista de la autonomía de la voluntad individual y otra social, en tanto las acciones de cada uno inciden en el entorno y cuentan con él.
·         Raymond Aron señala en “Ensayos sobre las libertades” “que la igualdad social o política no acarrea en absoluto la igualdad económica, pero exige instituciones tales que todos los individuos dispongan de rentas suficientes para no sentirse excluidos de la colectividad a causa de su miseria o de su ignorancia”. [13]
 Foto: Raymond Aron, decía: “la igualdad social o política, no acarrea la igualdad económica” (www.irchina.org)
·         J. A. Marina dice que “la libertad es la capacidad personal y el espacio público que me permiten desarrollar mi proyecto personal de felicidad”.  La construcción de un entorno público, la seguridad jurídica, la justicia en las relaciones sociales, la dotación de capacidades reales a la población, el pago de impuestos, son parte de la construcción de esa felicidad política, sin la cual la felicidad personal, el ejercicio de un egoísmo racional y bien intencionado, es una hipótesis imposible.
 Foto: José Antonio Marina (www.wikisaber.es)

·          Como cuarta reflexión, Corral plantea: los derechos como problema.  Los derechos de las personas, cuya protección es la principal  razón que justifica la existencia del Estado, son a la vez, el mayor problema del poder.  Problema porque los derechos marcan los límites de la política, estorban la tendencia a concentrar facultades y hacen de las leyes herramientas de contención al afán de dominación.  El problema de los derechos individuales está en el fondo de la guerra de ideologías.  El liberalismo se articula en torno a ellos y eleva al individuo a la condición de centro y fundamento del Estado.  El poder en la visión liberal está para servir y hacer posible el mayor grado de libertad.  El socialismo, al contrario, restringe los derechos, somete a las personas y las coloca bajo las órdenes de entes abstractos y realidades difusas.  El socialismo ve al individuo con sospecha y prevención, y a sus derechos como estorbos para la edificación de instituciones que alojen a la nueva clase.  
·          Las ideologías estatistas siempre han sostenido que los derechos de las personas nacen exclusivamente de la ley, esto es, de un acto político discrecional en virtud del cual el poder otorga o quita graciosamente facultades a las personas.  Esa visión, que está en la base del pensamiento socialista, es retrógrada, tiene origen monárquico.  Los reyes franceses decían “El Estado soy yo” y bajo esa óptica, asignaban o quitaban derechos y privilegios, jugaban con la dignidad y eliminaban libertades.  El realismo político, el totalitarismo y el absolutismo monárquico rondan siempre en torno a las mentes de aquellos que en realidad son nostálgicos de un pasado sin derechos individuales y lleno de las “razones de Estado”, que apuntó Maquiavelo. 
·          ¿Cuál debe ser la finalidad del Estado? El Estado, ente artificial, creado a partir del ejercicio de los derechos, es una realidad condicionada, puesta al servicio de la persona y dirigida a la creación de las mejores condiciones para que el individuo alcance su felicidad. 
·         El Estado moderno es un encargo político fiduciario (basado en la confianza), condicionado a alcanzar la felicidad o el bien común.  Si el Estado consiste en un encargo, significa que, además de las condiciones de eficiencia y servicio público a que está sujeto, es un ente con poderes limitados.  Así, la idea de la Constitución, hija genuina del liberalismo, nació contra los poderes.  El constitucionalismo se inspira en la idea de limitar el poder, controlarlo y establecer responsabilidades por su ejercicio.  Las Constituciones son freno, no instrumento del poder.     

Pablo Lucio Paredes, Director del Instituto de Economía de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), escribió para la revista Polémika de la misma Casa de Estudios, un  artículo denominado: “LOS “FANTASMAS” DEL LIBERALISMO”, cuyo contenido principal se lo resume a continuación, agregándose y comentándose con mayor detalle, algunos otros aspectos relacionados al tema de su autoría: [14]

 Foto: Pablo Lucio Paredes (www.ecuadorpordentro.com)


·          El liberalismo como concepto, parte de lo que es la esencia de la vida: el respeto al ser humano como eje de la sociedad.  Y cuando se torna eficiente, utiliza los instrumentos que permiten a la gente vivir mejor: especialización, intercambio, capital, tecnología, mercado, competencia, precios.  Por eso los que lo han adoptado (aunque sea parcialmente) han vivido mejor y han sabido respetar un orden natural básico.  Pero para penetrar en el “imaginario colectivo” el liberalismo debe aún mostrar con claridad  varios de sus tejidos esenciales, y resolver los fantasmas que aún rondan a su alrededor: el supuesto egoísmo, la negación de cualquier tipo de estrategia “planificada” de sociedad,  el lado no liberal que tienen los seres humanos,  el rol de las diversas jerarquías, su relación con la democracia.  Temas por discutir y profundizar, para que el liberalismo no sea un espectro que espanta, en lugar de tomarlo como el sendero (siempre imperfecto y en construcción) por donde transitar.
·          El liberalismo está hecho de lo que son los individuos, y defiende su individualidad en la acción.  En el liberalismo no hay una visión o un pensamiento, sino múltiples ramificaciones que se encuentran en el tronco común de la defensa del individuo como eje de la sociedad.
·          El liberalismo cree en la capacidad de las personas para construir su vida y una sociedad que no es perfecta pero que puede ir avanzando hacia donde esas personas quieren llevarla, en base a decisiones que son a la vez individuales y grupales.  Por eso cree en la economía de mercado, porque ésta pone como eje de la economía al intercambio entre personas y sus organizaciones (aceptando que tiene los errores y limitaciones que tenemos las personas), y cuyos resultados reflejan sus preferencias, esfuerzos, creaciones.  Y por eso cree en mercados abiertos y de competencia (en particular hacia el exterior) porque es la mejor manera de qué más personas y organizaciones participen en ese proceso de intercambio, lo que aporta, por un lado una mayor amplitud de posibilidades y oportunidades, y por otro lado, evita dentro de lo posible que unos grupos manipulen a otros.
·          El liberalismo no es en esencia, ni económico ni jurídico, es un sistema conceptual y moral que se basa en un principio básico que es el respeto a la individualidad.  Funciona como un sistema abierto, en el que los sistemas se van construyendo espontáneamente desde adentro.
·          El liberalismo está consciente que el verdadero desafío es cómo vivir en sociedad, porque nuestra vida es esencialmente social, sin perder de vista que su eje son los individuos y que todas las acciones se terminan plasmando en hechos individuales.
·           El Gobierno debe existir y es parte de esas jerarquías que los individuos creamos libremente.  Transferimos impuestos para que se ocupe de cosas básicas  como la seguridad, el respeto a la propiedad y el respeto a la ley.  Y quizás en un momento posterior le pedimos al Gobierno se encargue de ciertas acciones que nos parecen importantes pero no estamos dispuestos a organizarla nosotros mismos como mayores oportunidades educativas para todos o una calidad de salud universal, o aceptar que hay gente en situación de extrema pobreza y en condiciones muy específicas que requiere de un apoyo colectivo para poder encaminarse.
·          Pero de ahí se pasa muy fácilmente a que el Gobierno (es decir un grupo de personas que detentan el poder), empiece a decidir que otras cosas son importantes, en general a establecer otros monopolios, a hacer leyes que lo justifican y a cobrar más impuestos para cumplir esos objetivos.  Así es como hoy en el Ecuador le transferimos obligatoriamente al Estado cerca del 40% de nuestra riqueza vía impuestos, petróleo o seguridad social.  Bajo cualquier parámetro nos hemos pasado de la raya, apunta Pablo Lucio Paredes.  A lo cual añadiría, que mientras más Estado exista, mientras más espacio le gane a la sociedad civil,  hay más opción para la corrupción, para el clientelismo, para el populismo.  Eso lo demuestran todos los ejemplos de países que han sido tradicionalmente estatistas, como Cuba, la URSS, etc., naciones antiliberales donde una élite burocrática terminó imponiendo su voluntad sobre la mayoría de personas.  ¿A dónde prefieren ir a trabajar nuestros migrantes, a sociedades liberales como EEUU, España, Europa, etc., o a sociedades antiliberales como Cuba, Venezuela o Corea del Norte? La respuesta es evidente y no admite discusión.  
·          Las críticas que se hacen al mercado en general (y por ende al liberalismo que se lo identifica con él) es que es demasiado “interesado”, que requiere de intercambiar algo a cambio de algo y que hay una valoración (que es “mala” porque inmediatamente posiciona a lo uno frente a lo otro, es decir, a lo uno “contra lo otro.  Las personas que tienen dinero, contra las que no lo tienen, por ejemplo).  A las personas en este esquema se las califica tradicionalmente como “egoístas, frías insensibles”.  Mientras que “aparentemente” quisiéramos construir una sociedad donde hagamos cosas que no sean ni mercantiles (sino espirituales), ni de intercambio (demos, sin esperar nada a cambio) y sin valoración (no mido lo que doy).  Algunos plantean la dicotomía alrededor de Adam Smith: el de “La Riqueza de las Naciones” iría en la primera dirección, el de la “Teoría de los Sentimientos Morales” en la segunda.
·          Pablo Lucio Paredes señala que las dos vertientes (las de Smith) están más entrelazadas de lo que algunos creen.  En realidad el liberalismo no favorece ni el uno ni el otro tipo de sociedad, la más material de mercado, o la más espiritual donde no hay intercambios recíprocos valorados.  Los seres humanos han demostrado que quieren transitar por el progreso material y que quieren esforzarse para mejorar su vida en esta tierra, a través del mercado. 
·          Muchos de los que son más “espirituales”, en realidad han demostrado estar muy de acuerdo con los progresos materiales que se han conseguido en la sociedad capitalista de signo liberal, como por ejemplo: el uso de teléfonos celulares más modernos, la comunicación vía internet, los viajes en avión, en fin.  Como decía Ludwig Von Mises, el genial economista austriaco: “Todas las personas, por muy fanáticas que puedan ser en sus diatribas contra el capitalismo, implícitamente le rinden homenaje al clamar apasionadamente por los productos que crea”.  Así que no hay tal contradicción en el liberalismo (especialmente en el social, que tanto se ha defendido en el presente libro) entre buscar el bienestar material y en la efectiva concreción del bien común o solidario, pues, por ejemplo países como Chile, primero han conseguido el progreso material traducido en más bienes o servicios en poder de sus habitantes y luego han sabido redistribuir muy bien la riqueza generada.  ¿o acaso Cuba es un país más “justo” que Chile, porque los habitantes de la Isla han sabido conformarse con lo poco que tienen?  El propio Fidel Castro fue señalado por la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del planeta, ¿Por qué él si pudo enriquecerse a costa de la “revolución”, mientras su población se enfrenta a severas estrecheces y limitaciones de toda índole, incluso espirituales? El hombre nuevo socialista, sólo estuvo presente en los sueños de Ernesto Guevara, un rebelde e idealista individuo, que pensó que el mejor camino para ser feliz, era ser una especie de Robin Hood sudamericano que debía quitarles la riqueza a los imperialistas y repartírselas equitativamente a los pobres.  Lo cual puede sonar bastante justo para algunas personas, pero no tiene sentido alguno desde la perspectiva lógica, porque ignora la propia naturaleza del ser humano, que puede sí ser solidario y preocupado de la suerte de sus semejantes, pero sin necesidad de recurrir a la violencia para tales fines.  Además Guevara si bien puede haber sido un hombre honesto e incluso bien intencionado, no tenía pudor alguno cuando de asesinar gusanos disidentes se trataba, recordemos su tristemente célebre frase pronunciada el 11 de diciembre de 1964, ante la Organización de las Naciones Unidas:
“Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando” (Fuente: http://discursosparalahistoria.wordpress.com/2010/02/06/palabras-del-che-guevara-en-la-onu/)
·          En línea con lo anterior, me parece un contrasentido decir que Ernesto Guevara fue un ideal de lo qué debe ser el hombre nuevo, porque los que no estamos a favor de la violencia, sea por la causa que sea, no podemos menos que censurar expresiones de este tipo, abiertamente violatorias y atentatorias a la libertad de conciencia, de creencia y de pensamiento del individuo.  El ideal del hombre nuevo no lo encarna Guevara, lo encarna sí Jesucristo, quien nos enseño a ser justos, incluyentes y solidarios, sin necesidad de recurrir a fanatismos extremistas.  ¿Se puede llamar liberador, un proceso sanguinario de lucha de clases entre ricos y pobres? ¿Acaso no fue Jesucristo (independientemente de que lo consideremos Dios o no) quien señaló que los ricos deben aprender a compartir solidariamente el pan con los más necesitados? ¿Aprobaría Jesucristo la lucha fratricida entre seres humanos, por más justa que parezca la causa, si Él estuvo abiertamente en contra de la violencia? ¿Cómo podemos ser tan audaces y aventureros para decir que Jesucristo fue el primer socialista de la historia, cuando Él jamás abogaría por una cruenta pelea entre individuos por la toma violenta del poder? Aprendamos de Jesucristo sus nobles ideales, por haberlos planteados en paz y sobretodo respetando la libertad del individuo, de hecho Jesucristo fue el primer liberal social, porque libera al hombre de sus ataduras atávicas, en especial lo rescata del peor pecado social llamado corrupción y lo invita a compartir sus bienes materiales con los más necesitados.
 Imagen: Jesucristo y su llamado a la libertad con solidaridad.  (www.trucospc.info)
·          Continuando con el artículo escrito por Pablo Lucio Paredes, para la revista Polémika, debemos preguntarnos ¿Sería mejor una sociedad en que habría muchos “santos” y pocos “egoístas”? ¿O es mejor la sociedad que está compuesta equilibradamente de algunas personas que actúan en forma materialista  y otras que lo hacen en forma espiritual, o de gente que combina las dos maneras de comportamiento, es decir, materialistas en unas ocasiones y espirituales en otras?  La respuesta es evidente en opinión mía, un mundo sólo de espirituales sería un planeta ilusorio de ángeles y no de seres humanos imperfectos y a la vez perfectibles, que sería lo que plantea el socialismo bien entendido.  Y un mundo sólo de materialistas, sería un planeta insufrible, donde cada quien haría lo que le de su real gana, sin importarle la suerte y el destino del resto de seres humanos que cohabitamos este universo.  Ninguno de los dos extremos es viable y bajo ningún concepto se puede decir que el liberalismo plantee una vida llena de inescrupulosos, ambiciosos y desenfrenados capitalistas en la búsqueda de sus protervos intereses.  Porque de ser así, no lo habría apoyado gente de la talla y el calibre moral e intelectual de Adam Smith, Milton Friedman, Simón Bolívar, Ludwig Erhard, Friedrich Von Hayek, Ludwig Von Mises, Eloy Alfaro o Juan Montalvo, por citar unos cuantos nombres.  El error o mala fe de los detractores del liberalismo es identificar al liberalismo y en especial a su versión satanizada al “neoliberalismo” con: avaricia, codicia, impudicia y demás actos de corrupción ¿que también hay o no en el socialismo?, porque para eso precisamente existe un Estado para sancionarlos.  De los liberales nombrados ¿hay alguno que haya sido inmoral o vende patria, como suelen llamarlos?  No se puede juzgar una doctrina en función sólo de los individuos que so pretexto del liberalismo saquearon el planeta en la búsqueda de intereses particulares, no compatibles con la moral, las buenas costumbres y el bien común.  ¡Eso es innegable!  Eso sería más o menos como decir, que porque un sacerdote es pedófilo, todos lo son.  Cuando la doctrina de Jesucristo se opone a cualquier forma de inmoralidad o aberración sexual.  Casi lo mismo pasa, en otro contexto lógicamente, cuando algún individuo sugiere que porque hubo liberales malos todos lo son, cuando ya fueron enumeradas personas, que para orgullo del liberalismo enarbolaron su bandera y lo hicieron con mucho honor.          
·          El liberalismo busca que la gente encuentre su mejor camino, bajo los principios básicos de que éste no sea impuesto por un grupo de sabios que saben lo que uno necesita.  El liberalismo se basa en personas normales (a rato solidarias, a veces egoístas también).  El concepto de que somos seres optimizadores y maximizadores de beneficios o de alguna otra función, es un concepto de la escuela neo-clásica pero no tiene por qué ser estrictamente liberal, ni siempre se cumple además, porque ya lo hemos dicho, somos gente normal que en la búsqueda de nuestro interés lícito deseamos la mayoría de nosotros el bienestar para nuestros semejantes también y actuamos a veces desinteresadamente también.  Ya lo dijo Jesucristo hace más de dos mil años, cuando ustedes hagan el bien, procuren hacerlo a las personas que no tengan cómo pagarles, porque su Padre Dios que está en los cielos, les recompensará grandemente, en esta vida y en la siguiente.  Así que, muchas de las personas que creemos en el liberalismo social, tenemos a Jesucristo como el referente social principal de nuestra doctrina: libertad combinada con solidaridad; y, a Adam Smith, como el ideólogo económico básico, porque sólo dentro del capitalismo liberal, las personas, la gente sencilla, común y corriente, puede prosperar en función de su propio esfuerzo.  El Estado es también importante para este objetivo, pero no uno del tipo obeso, ilimitado y absorbente, sino uno que ayude a la sociedad civil a construir su propio bienestar material y espiritual, como lo han hecho hoy por hoy las naciones más prósperas y solidarias, a nivel mundial.    
·          ¿Es solidario el liberalismo? Obvio que sí, es solidaria una sociedad que mejora a todos en base al esfuerzo de todos.  Cuando alguien quiere mejorar su calidad de vida, no lo puede hacer solo en una esquina, si quiere especializarse e intercambiar, por ejemplo, lo deberá hacer necesariamente con los otros, y pensando en los otros, incluso si lo hace de manera egoísta.  ¿O acaso es posible colocar un producto en el mercado, sin pensar en el consumidor? ¿Tendría éxito un producto visto desde la óptica solitaria e individualista del productor? ¡Desde luego que no! Para que un producto tenga éxito en el mercado, hay que pensar necesariamente en el consumidor, porque de lo contrario el producto ofrecido no tendrá la más remota posibilidad de éxito, nadie lo desearía y nadie lo necesitaría tampoco.
·          ¿Por qué es eficiente el liberalismo? El liberalismo es eficiente (no perfecto) porque escogió el sistema de mercado y de precios como su ancla.  ¿Por qué lo escogió? Una razón muy sencilla: si es que queremos construir una sociedad basada en la voluntad libre y preferencias de los individuos, la economía tiene que basarse en un espacio de intercambio libre en el que se expresen esas preferencias.  Y eso es exactamente el mercado, y al mercado están atados los precios, que reflejan simplemente valoraciones relativas de las personas respecto a los bienes y servicios que intercambian.  Y viene atado a la competencia que contrariamente a la que se presenta en el reino animal, mejora la vida de la gente destruyendo únicamente a productos y empresas obsoletas, reacias al cambio.  Todo esto constituye la famosa “mano invisible” que es en realidad una muy mala expresión, porque parecería que se trata de una “mano negra y oculta” que dirige y manipula, cuando es todo lo contrario: son miles de manos, mentes, temores, voluntades que se unen de manera invisible (eso sí invisible) para tejer algo.  Milton Friedman en un video por internet denominado: “el poder del mercado”, nos enseñó en forma bastante didáctica, como personas que no se conocen entre sí, que podrían incluso odiarse si se conocieran, son capaces de construir un sencillo lápiz de mina, todo gracias a la especialización y a la división del trabajo entre personas que viven en diferentes países, entrelazados por el orden espontáneo que generan el mercado y el mecanismo impersonal o intangible (invisible) del sistema de precios.
·          Por supuesto, hay otra manera de hacer las cosas: que alguien desde las alturas del poder decida qué se produce, qué se intercambia, qué valores relativos tienen unos bienes y servicios en relación con otros.  Es la visión anti-liberal, la óptica del socialismo comunista planificador que azoló al mundo décadas atrás sin ningún resultado práctico que lo convalide, que supone incapaces a las personas de tomar esas decisiones, y para ello les encarga a un grupo de sabios para que manejen un complejo proceso de planificación para organizar la sociedad a su imagen y semejanza, esto es, a la medida de sus directrices autoritarias y supremas.  Ejemplos: Cuba, Corea del Norte y en cierta medida Venezuela, país que camina en esa dirección, en ese enfoque del Estado centralmente planificado, que no dio ningún resultado bueno en el pasado y que no lo podrá hacer jamás con el líder o caudillo que sea, porque como ya lo dijo Albert Einstein: “si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo”.  Si el socialismo, pese a sus buenas e incluso nobles intenciones de pretender basarse en el bienestar espiritual de los individuos (aunque sus seguidores no lo cumplieron), anteriormente no funcionó.  ¿Funcionará ahora en Venezuela, sólo porque ahora es Chávez el “iluminado”, como antes lo fue Castro?
 Foto: Albert Einstein el famoso científico de origen judío, autor de la frase: “si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.  Entonces si queremos salir del subdesarrollo ¿insistiremos en modelos que no han funcionado en ninguna parte del mundo? (www.chotez.blogspot.com)
·           ¿Es capitalista el liberalismo? En el liberalismo, el capital aparece primero y genera las rentas del trabajo.  En el socialismo marxista, el trabajo viene primero y luego la apropiación de la plusvalía capitalista.  En ese sentido el liberalismo es capitalista, pero no en un sentido de explotación, porque ¿quién es el que invierte, quién es el que arriesga su capital o incluso sus ahorros en pos de un negocio que puede o no ser rentable?  Supongamos que usted es dueño de un capital y tiene dos opciones, la una es no hacer nada y depositar el dinero en la banca, a la espera que por obra y gracia de los intereses, su capital se convierta en un monto importante; y, la otra es arriesgar su capital en pos de una legítima y lícita ganancia, utilidad o beneficio.  Que para obtenerlo no es necesario que usted explote a los trabajadores, es más usted les puede pagar el salario mínimo vital e incluso afiliarlos al sistema de seguridad social, para no tener problemas legales.  ¿Qué pasa si su emprendimiento productivo o comercial, no funciona? ¿Quién soportaría la pérdida en mayor medida, usted o los trabajadores? La respuesta es obvia, ¡verdad!, usted sería el que sufriría la mayor pérdida social derivada del cierre de la actividad que hubiese estado emprendiendo, porque así no siga funcionando deberá seguir pagando algunos costos fijos.  El trabajador también, se quedaría sin empleo, pero podría conseguirse otro, sin mayor problema.  En tanto que el emprendedor tendrá que primero resarcirse de las pérdidas producto de la quiebra, si es que le queda ánimo todavía para iniciar o comenzar de nuevo.  Así que es falso eso de que los capitalistas son una tarea de explotadores y gente sin conciencia alguna, que desde luego que los hay, pero son la minoría.  La mayoría son personas que lo único que desean es obtener una ganancia legítima, aventurándose en el complejo mundo empresarial, lleno de trámites y papeles burocráticos, impuestos por doquier y demás reglamentaciones.  Mi admiración por los empresarios honestos que son la mayoría, porque para ello hay que tener una altísima dosis de aversión al riesgo y el talento suficiente como para hacer negocios.  Los socialistas marxistas y comunistas únicamente ven la miel de las ganancias obtenidas por los capitalistas tras largos años de duro y sacrificado trabajo, con la única intención de arrebatarles lo que en su opinión les pertenece.  ¿Les pertenece, cómo así? ¿arriesgaron los trabajadores su tiempo, su esfuerzo o su dinero en pos del nuevo emprendimiento o sólo fueron a pedir trabajo en la nueva empresa? Como según estos seres dotados de una altísima conciencia, el capitalista es un explotador, entonces desde su particular prisma ideológico, hay que armarles paros, huelgas o de una vez confiscarles sus propiedades, con la finalidad de que devuelvan lo “robado”, lo que le pertenece al “pueblo”; con lo que consiguen únicamente volver al país en una nación para nada atractiva en lo que a inversión privada nacional o extranjera se refiere.  ¿Alguien querrá invertir en un país que no respeta la propiedad privada y los contratos celebrados en libertad y sin coacción? O acaso ¿el empresario capitalista le colocó un revólver en la sien al trabajador para que acepte laborar en su empresa?  Seamos más pragmáticos y menos ideológicos en nuestros planteamientos, porque una nación que irrespeta la propiedad legítima de sus dueños, no puede prosperar, ya lo demostró Cuba; mientras que algunos necios, como el sociólogo alemán Dieterich y el coronel Chávez, pretenden seguir insistiendo en esa política tan errada y tan fracasada además.
·          El liberalismo requiere del Estado de Derecho para que estemos bajo el imperio de la ley y no del poder de otras personas.  Se lo entiende como las normas básicas que nos permiten ejercer nuestra libertad mientras no vaya en detrimento de la libertad de otros, es decir, el sistema de reglas que crea un entorno en el que podemos desarrollar nuestras capacidades personales y de nuestras organizaciones sin preguntarnos cada instante quien va a venir a quitarnos abusivamente lo que hemos construido.
·          Sólo hay dos maneras de hacerse las leyes.  O surgen de los usos y costumbres que han ido apareciendo libremente en la sociedad, es decir, reflejan la voluntad de vida en común  de las personas y sus organizaciones, bajo el esquema llamado del orden espontáneo.  O existe un grupo de personas que interpreta  el “cómo debería funcionar la sociedad”, en un sentido más idealista que realista.  El primer enfoque es liberal, lo otro sería una especie de despotismo legalista.  Así, nuestras mil constituciones en el Ecuador, son un reflejo de lo segundo, porque cada Constitución representa la sabiduría de un grupo de poder, e inevitablemente el que le sucede la modifica porque quiere imponer su visión.
Eduardo Valencia Vásquez, Economista y Director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), escribió para la revista Polémika de la Universidad San Francisco de Quito, un  artículo denominado: “EL DEVENIR ERRÁTICO DEL LIBERALISMO CLÁSICO”, cuyo contenido principal se lo resume a continuación: [15]

 Foto: Econ. Eduardo Valencia, admirador de la doctrina liberal del filósofo Adam Smith, pero no de la crematística de mercado, impuesta según él, por el economista norteamericano Milton Friedman y por el Consenso de Washington. (www.telesurtv.net)

·          Eduardo Valencia comienza su artículo señalando los antecedentes del pensamiento económico clásico y en tal sentido menciona a Jenofonte[16] al ser quien primero concibió a la Economía como un conjunto de postulados independientes de otras ciencias, ubicándola como parte de la ética que, posteriormente dominaría el pensamiento clásico.
 Foto: Jenofonte (www.gigantesquedesaparecen.blogspot.com)
·         Para Jenofonte, un objetivo fundamental de la economía era que cada ser humano tenía derecho al producto de su trabajo solamente hasta que éste satisfaga sus necesidades, y que, al momento de su distribución, ésta procure ser equitativa.  El producto social consistía en la suma de los productos individuales.  Fue también el primero en diferenciar el concepto de “economía” del de “crematística”.  La economía propiamente dicha era una disciplina ética, mientras la crematística era la que practicaban las personas desviando su objetivo hacia el lucro desmedido y hacia una acumulación personal ilimitada de los bienes.  Observó en aquellos tiempos que ésta última, la practicaban fundamentalmente los mercaderes.  [17]
·          Sócrates[18] y Platón[19], afirmaban que lo que más enaltecía al hombre y lo elevaba a un ser trascendente, era el desprendimiento, la frugalidad y la ausencia de egoísmo.  Enfrentándose en sus prédicas con los sofistas que hacían prevalecer en su pensamiento, al egoísmo por sobre el bien común.  Desde entonces, la práctica del egoísmo ha sido defendida por muchos escritores de la economía política como la motivación fundamental que debe guiar al individuo en su comportamiento económico.
Comentario: Cuatro siglos antes de Cristo, en “La República y Las Leyes”, Platón definió las características de las sociedades totalitarias, controladas por oligarquías; en las que la economía era dirigida por una cúpula elitista, la autoridad descendía sobre las masas a las que no se les pedía su consentimiento para ser gobernadas; y el objetivo de los esfuerzos colectivos, era el fortalecimiento del Estado, entonces conocido como “polis”.  Por ello se dice que Platón es el filósofo favorito de los socialistas y de los proteccionistas, quienes ven en el Estado, la fuente de su poder para dirigir al pueblo, según sus infalibles designios. 
·          Eduardo Valencia añade, “a partir de los sofistas hay quienes sostienen que los deseos del individuo son la medida de todas las cosas.  Así pues, todo el esfuerzo de los clásicos por alcanzar el conocimiento de la verdad por la verdad, cedió el paso a la búsqueda del conocimiento pensando en la ganancia.
·          Aristóteles[20] por otra parte, buscó matizar la búsqueda de lo ideal, introduciendo en su pensamiento una cierta dosis de pragmatismo, atendiendo al criterio de que la práctica de la virtud por los seres humanos no siempre era fácil y completamente posible.  Consecuentemente, en sus tesis, que dieron lugar a su ciencia política, pensaba que una cierta dosis de pragmatismo era necesaria.
 Foto: Aristóteles (www.biografiasyvidas.com)
Comentario: Frente a los planteamientos orientados a fortalecer el Estado (la “polis”), planteados por Platón, Aristóteles, su mejor discípulo y uno de los personajes que más han influido en la historia intelectual de la humanidad, en su obra “La Política” y en pasajes de “La Ética” recomendó lo contrario a su maestro: un sistema de organización en el que la autoridad ascendía del pueblo a los gobernantes. La soberanía radicaba en la gente común, en el pueblo.  Los gobernantes se debían a ellas. Allí estaba el génesis del pensamiento democrático. Adicionalmente: Aristóteles creía en la propiedad privada y en el derecho de las personas a disfrutar del producto de su trabajo y de su esfuerzo individual. Y lo creía por razones que se presentan aún ahora en nuestra vida cotidiana contemporánea: porque los bienes públicos generalmente son bastante estropeados y maltratados. Los ciudadanos parecían ser mucho más cuidadosos con lo que les pertenecía individualmente a ellos.  Eso del bien común, no aplicaba en el pensamiento aristotélico, como siglos después tampoco calzaría en la filosofía liberal de Smith. 
Aristóteles decía también que las virtudes de la compasión y la caridad sólo podían ser ejercidas por quienes acumulaban riquezas, de tal forma que la propiedad privada facilitaba esos comportamientos generosos y sacaban lo mejor del alma humana.  Situación que estamos comprobando hoy en día a través de las innumerables donaciones realizadas por gente rica como Bill Gates, Warren Buffet e infinidad de artistas y personajes públicos a nivel mundial. 
·          En la edad media, siguiendo a los sofistas rivales de las tesis de Sócrates y Platón, surge Nicolás Maquiavelo, quien autodenominándose humanista, propugnó que la razón de Estado debía predominar en el comportamiento de los gobernantes.  Menospreciando incluso los objetivos éticos, que hasta entonces habían sido el eje central de las doctrinas políticas clásicas y renacentistas.  A Maquiavelo se le atribuye el más grande de los sofismas en la ciencia política: que el fin justifica los medios en la práctica política.  Siendo éstos, los seguidores de Maquiavelo, los que en el mundo contemporáneo ahora divulgan y practican la “crematística”, habiéndola convertido en el arte de maximizar la codicia, la acumulación de riqueza, la especulación y la injusticia en las relaciones de poder en la práctica de la economía.
 Foto: Nicolás Maquiavelo.  Personaje admirado por muchísimos políticos, por ser el autor de la frase, “el fin justifica los medios”.  (www.daniel.prado.name)
·          Con el desarrollo del comercio internacional, también crecieron las ciudades-estado italianas, conjuntamente con nuevas formas de comercio que dieron lugar a nuevos mecanismos y normativas comerciales.  En esta época proliferaron las casas de cambio y los prestamistas, que son los antecesores de los banqueros italianos.  A esta corriente se le denominó Mercantilismo  y, en esencia, propugnaba que el objetivo fundamental de la economía consistía en la acumulación de reservas monetarias de oro y plata.  Para ello, los gobernantes debían apoyar los monopolios comerciales en sus negocios en ultramar, fomentando el proteccionismo estatal a todo lo que pudiera contribuir a aumentar el ahorro en divisas.  Representantes de este pensamiento fueron William Petty y Jean Bodin.
·          Mientras tanto, en Francia, no era el comercial el sector predominante, sino la agricultura, y por tanto la Fisiocracia se asentó en este país con esas características.  Se consideraba que este sector es el que más contribuía a incrementar la riqueza nacional y, por ello, se fomentó la especialización del trabajo y el mercado libre de productos, en lugar del proteccionismo y el monopolio mercantilistas.  Representantes de esta escuela fueron Quesnay y Turgot, a quienes conoció Adam Smith.
 
Fotos: Francois Quesnay (www.biografiasyvidas.com); y, Jacques Turgot (www.fisiocratas.blogspot.com)
·          De su parte, John Locke fue quien expresó en forma sistemática la necesidad de que las sociedades modernas acojan definitivamente a la democracia como el sistema más apropiado de convivencia social y, por tanto, se dé por terminado el régimen de monarquías constitucionales que hasta entonces habían dominado la política inglesa.  Los excesos del gasto estatal y el excesivo poder concentrado en los reyes, determinó que John Locke concibiera una doctrina en la que el individuo pasara a tener preponderancia por sobre el Estado, y en consecuencia, sea el derecho natural del individuo la fuente de toda soberanía, sustituyendo el viejo concepto de que el rey era a su vez el Estado y, por tanto, sobre el que recaía la representación de la soberanía pública.
 Foto: John Locke, un liberal antecesor del célebre Adam Smith (www.moonmentum.com)
·          Más tarde un filósofo moral de ascendencia escocesa, ADAM SMITH, escribió un conjunto de libros, de los cuales el más conocido e influyente fue: “La Riqueza de las Naciones”.  El llamado padre de la economía política liberal, estudió filosofía en la Universidad de Oxford –en la cual se incorporaba a la economía, como parte de la filosofía- .  Como fruto de su formación filosófica escribió uno de sus libros más importantes (a criterio de Eduardo Valencia, el más relevante), “La Teoría de los Sentimientos Morales”, describiendo los principios de la economía política como parte de la filosofía moral y más concretamente, de la Ética.
·          Influido por los fisiócratas Turgot y Quesnay, sería él quien delineará por primera vez  en la historia un sistema coherente y armónico sobre las relaciones de intercambio, en lo que se conoce como mercado libre.  Tal sistema se centró en la tesis de que, siempre y cuando cada individuo fuera dejado libre en la persecución de su propio interés, el resultado de sus decisiones individuales llevaría a conseguir la mayor eficacia no sólo para él sino también para la sociedad en su conjunto.  Las tesis de Smith implicaban que ni el gobernante de turno ni individuo alguno en particular, actuando en el mercado, pudiera influir en las decisiones libres de los demás individuos.
·          El pensamiento de Smith, a partir de ese momento, sería decisivo e influyente.  Desde ese instante, la sociedad supo que el bienestar social ya no dependía de la voluntad todopoderosa ni de un monarca o caudillo, ni de un empresario exitoso por más importante que sea.  Solamente la confluencia libre de todo un conglomerado laborioso dedicado a la producción e intercambio libre traería consigo el máximo de bienestar para los pueblos.  Desde entonces, monarcas, monopolistas y autócratas, perdieron definitivamente su anclaje en la historia.
·         Las tesis morales de Adam Smith que estaban implícitas en su teoría económica, o sea, que el ser humano se movía fundamentalmente a través de la consecución de su interés particular pero que estaba también influenciado por razones altruistas y por la búsqueda del bien común, fueron malentendidas.  Así, él pensaba que simultáneamente a la búsqueda del interés propio, los seres humanos practicaban la simpatía en sus decisiones de comercio.  Que no era una mera actitud de urbanidad y buenas maneras en las relaciones comerciales.  Era mucho más que eso: implicaba una actitud de generosidad y compasión, muy propios del pensamiento y la idiosincrasia de la sociedad inglesa de su tiempo.  Implicaba una forma parecida a los conceptos de solidaridad incorporados en sus postulados.  [21]
·          La academia desde hace dos siglos no ha estudiado a cabalidad, por una parte que las teorías de Smith no funcionan cuando el progreso técnico induce sistemáticamente la presencia de grandes consorcios empresariales en el mercado, que influyen e incluso controlan su funcionamiento; y por otra que lo que se pretendió definir como motivación fundamental de los individuos, la búsqueda del interés individual con el tiempo ha devenido en la exacerbación de las sensaciones individuales tanto en el acto de consumo, como en los actos de comercio.
·          Adam Smith jamás habría consentido que la economía que él concibió fuese convertida en simple crematística.  Si él viviera hoy, jamás reconocería a la economía moderna sustentada en el más simple y vil egoísmo como parecida siquiera a la teoría económica frugal, moral y social que él creó.
·          Fue la Revolución Francesa, en 1789, el punto de partida que terminaría en las décadas siguientes imponiendo su sistema económico en toda Europa, la cual reivindicaba principalmente la soberanía del individuo y la democracia política, y finalmente consagraba los grandes principios liberales de LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD –que fueron recogidos en las primeras declaraciones de los derechos humanos- pretendiendo finalmente ubicar al hombre como el objeto y sujeto de toda acción pública y consecuentemente someter finalmente al Estado, a los derechos del ser humano.  En palabras sencillas, el Estado está para servir, no para imponerse sobre el individuo.
·          Gracias al Liberalismo Clásico, en occidente se produjo un acelerado proceso de enriquecimiento y mejora de sus pueblos.  El aumento consiguiente de la activividad productiva privada fue impresionante, así como el acelerado desarrollo del comercio internacional mundial basado en la iniciativa privada
·          Pero, dicho progreso no fue logrado tal cual lo habían concebidos sus progenitores: Adam Smith, Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Jefferson, entre otros.  Muy pronto la codicia pasó a ser la principal motivación tanto de empresarios como de gobernantes que trataron de aprovechar la libertad que les ofrecía el mercado para imponer sus propios intereses y designios.  Muy pronto, el afán monopólico de determinados agentes económicos empezó a controlar los nuevos mercados que se les ofrecía, lo cual condujo lamentablemente a instaurar el colonialismo en el mundo.
Comentario: Respecto al buen artículo escrito por Eduardo Valencia, considero personalmente que está en lo correcto en el rescate que hace de Adam Smith como filósofo, al presentarlo como un hombre solidario e incluso comprometido con el progreso de las naciones, no solamente desde el punto de vista económico, sino por sobretodo y especialmente desde la perspectiva moral de los valores y de la solidaridad social.  No obstante y con todo respeto, señalaría también que, está equivocado en presentar a los liberales posteriores a Smith, como Friedman por ejemplo, como un predicador del “neoliberalismo” y del Consenso de Washington.  ¿En qué sentido? Si bien es cierto Friedman abusó de sus dotes de orador, de político y se entrometió en muchísimos aspectos que rebasaban los límites de la economía, como son los campos de la salud, la educación, la energía eléctrica y el ilícito mercado de las drogas, a las que el ex premio nobel norteamericano decía que hay que despenalizarlas, con el criterio de que al no ser prohibidas y no estar sujetas por tanto al problema económico de la escasez, bajarían de precio, etc., argumentos sin duda controversiales; sin embargo, hay que recordar también, que Friedman tuvo mucho que ver en el denominado “milagro económico chileno”, a través de sus ex alumnos los famosos “Chicago boys”.  Además, a Friedman se lo conoció como el Adam Smith moderno por sus brillantes explicaciones acerca del poder del mercado libre y el sistema de precios.  Siendo también importante su contribución económica en lo que a teoría del consumo a través de la renta permanente se refiere y en lo que a política monetaria atañe, no obstante su radicalismo y su vehemencia ideológica, fundadora de la doctrina conocida como “el monetarismo”.
El Econ. Valencia exagera al decir que fue Friedman el artífice del mal y el fundador del neoliberalismo en el mundo, porque esto de modo alguno es así.  Friedman fue claro en defender a la gente sencilla, común y corriente, de los abusos y excesos de un Estado absorbente, concentrador, totalitario y monopólico.  No nos olvidemos que fue él quien propuso a los gobiernos de EEUU y Europa que abran sus fronteras, que permitan que las personas de todos los continentes puedan ingresar y salir libremente.  Él fue también el que abogó porque EEUU retire esos gigantescos subsidios agrícolas, con los que el país del norte protege a sus agricultores.  Proponiendo además la eliminación de aranceles y otras trabas al libre comercio mundial.  También planteó la necesidad de que la política monetaria sea manejada en forma prudente, con crecimientos constantes del 3% en la oferta monetaria, que acá en el Ecuador, si le hubiéramos hecho caso, nos habría evitado la crisis financiera de 1999, originada por los desórdenes de la política monetaria (emisión de dinero en forma “inorgánica” para financiar el enorme déficit fiscal), lo que causó la masiva quiebra de los bancos, el congelamiento de los depósitos, la inflación, la devaluación y la posterior pérdida de la moneda nacional.  Finalmente, Friedman se opuso al proteccionismo impulsado por falsos discípulos de Keynes en los EEUU, a quienes les dijo que habían malinterpretado sus enseñanzas, por ello él abogaba por un capitalismo totalmente liberal, estilo Hong Kong, al que lo puso como ejemplo viviente de que el liberalismo sí funciona, de allí que hasta el economista heterodoxo y proteccionista Ha Joon Chang, señala que Hong Kong, es una de las excepciones a la utilización de capitalismo intervencionista, de Estado o mercantilista, para desarrollarse, pues esa pequeña ciudad-Estado asiática, empleó el capitalismo más libre del mundo y es la prueba irrefutable de los aciertos teóricos del escocés Adam Smith y del norteamericano Milton Friedman..   
Además no comparto con el Econ. Valencia que en el citado artículo de la Revista Polémika de la USFQ; prácticamente se refiera de modo dubitativo a los empresarios del mundo, a quienes parece atribuirles bastante dosis de inmoralidad, avaricia y corrupción.  ¡Obvio que hay empresarios como los que dice Eduardo Valencia! ¡Pero no todos son así! ¡No caigamos en sofismas de falsa generalización!

¿Qué es EL LIBERALISMO SOCIAL?

El liberalismo social es una tendencia pragmática que propugna una regulación del gobierno y una intervención parcial en la economía, aunque mucho menor que la defendida habitualmente por los socialdemócratas.  También es una postura en las políticas generales que defiende la idea de garantizar la igualdad de oportunidades para todos los individuos que conforman el tejido social.  Propugna además una intervención del Estado a favor de los más necesitados, vía subsidios directos u otro tipo de ayudas, para los discapacitados o gente que no pueda trabajar, por ejemplo.
Personalmente, tomo como máximo referente del liberalismo social y del liberalismo económico al genial profesor escocés de la Universidad de Glasgow: Adam Smith, quien con sus dos máximas obras: “La teoría de los sentimientos morales” y “La riqueza de las naciones”, elevó la economía al carácter de ciencia social, al servicio del individuo.  ¿Por qué? ¡Bueno! Por la sencilla razón de que Adam Smith defendió tanto la libertad individual, como la necesaria y justa solidaridad social.  Prueba de ello está la sincera preocupación por los pobres que tenía Smith, quien sentenció que no podemos hablar de una sociedad floreciente o feliz, si la mayor parte de sus habitantes es pobre.  O cuando denunciaba los excesos de un mercantilismo o capitalismo intervencionista de Estado, preocupado únicamente por los productores capitalistas y no por los ciudadanos consumidores, simples y sencillos, quienes al tener que pagar más por los artículos importados estaban siendo claramente perjudicados, con el pretexto de proteger la producción y el empleo de unos pocos, a costa del sacrificio de las grandes mayorías consumidoras.
En los últimos años, aunque desde orígenes distintos, las posturas del liberalismo social y de la socialdemocracia han tendido a converger en la defensa del modelo del Estado de Bienestar.  De esta manera, políticas de corte liberal y social, han sido aplicadas por varios gobiernos socialdemócratas como los presididos por Tony Blair en el Reino Unido, José Luis Rodríguez Zapatero en España, Gerhard Schröder en Alemania, Óscar Arias en Costa Rica, Tabaré Vásquez y José Mujica en el Uruguay, Fernando Henrique Cardoso y Lula Da Silva en el Brasil,  Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile.  Los liberales sociales, han puesto gran énfasis en las libertades positivas y en la búsqueda del aumento de libertades de los menos privilegiados de la sociedad.
¿En qué se diferencia el liberalismo social del liberalismo extremo?
No es una simple diferencia de forma.  Hay un aspecto de fondo en la diferencia entre los “liberales extremos” con los “liberales solidarios” o seguidores del liberalismo social.  Así por ejemplo, el liberal radical cita a Smith a su conveniencia y lo hace únicamente desde el punto de vista estrictamente económico, para defender la superioridad del mercado, el concepto de riqueza, de mano invisible, de interés propio e individualista, en fin.  Pero hace caso omiso, poco o nada le importa, la teoría de los sentimientos morales del filósofo Adam Smith, de su énfasis en la empatía, esto es, de aquella condición de colocarnos en los zapatos de los otros.  Smith afirmaba que: “un mercado sólo puede funcionar al interior de una sociedad justa, solidaria y moral”.   Además, el liberal extremo sencillamente no acepta la intervención del Estado en la economía, el seguidor del liberalismo social si lo recomienda, pero en ocasiones puntuales, como cuando hay fallas o distorsiones del mercado, o para corregir desigualdades sociales.  Tampoco siempre y en todo momento, desplazando incluso a la inversión privada, como pretenderían hacerlo los discípulos del capitalismo intervencionista, proteccionista o mercantilista.

Para el genial filósofo y economista escocés, catedrático de la Universidad de Glasgow y funcionario de aduanas, ADAM SMITH, sociedad e individuo no pueden existir separadamente, son una amalgama unitaria de ideas, experiencias y nexos.  En definitiva, la sociedad y el individuo son interdependientes.  De allí que el mismo concepto de economía al decir que es una ciencia social, excluye por lógica a la economía como ciencia del individuo.  ¡Nada más falso que esto último! La economía es una ciencia social, que partiendo del individuo se proyecta y confluye hacia la sociedad comunitaria formada por la sumatoria de individuos, en la búsqueda de sus propios intereses.  Intereses que deben ser lícitos para que pueda funcionar el mercado.  Mercado que por tener fallas, debe necesariamente contar con la participación del Estado, como ente regulador para que las corrija.
Adam Smith pensaba y con mucha razón que el ser humano no está dominado únicamente por motivaciones egoístas.  Así, el genial profesor de la Universidad de Glasgow, escribió en su obra: “Teoría de los sentimientos morales”, que la naturaleza humana tiene tanto aspectos positivos como negativos y que parte de nuestra naturaleza impuesta por Dios, era la tendencia del ser humano para comportarse de una manera moral, en base a lo que se denomina: “la voz de la conciencia”.  De esta forma, decía Smith una de esas manifestaciones morales del individuo, era la empatía por otras personas, originada de una tendencia natural de la gente a identificarse con los sentimientos de los demás seres humanos, o sea, la capacidad de colocarnos en los zapatos del otro, para comprenderlo y entenderlo.  De ello se desprende la importancia de una sociedad formada o fundada en valores, puesto que Smith consideraba que las personas dejadas en libertad (por tener valores morales arraigados a su propia conciencia, intrínsecos a su ser connatural) llevarían a la creación de una sociedad más libre y más equitativa. 
La mayoría de los liberales creen en Dios como guía y referente de la sociedad humana, pero confían también en el mercado como el mejor mecanismo (no perfecto, pero sí el más eficiente y efectivo), sistema natural de asignación de recursos y como el mejor instrumento para equilibrar satisfactoriamente cantidades producidas y consumidas, en base a un precio determinado, que satisface tanto a oferentes como a demandantes, sin que dicho precio sea el más justo equitativamente hablando, sino únicamente el más adecuado, con el que están de acuerdo las dos partes sin mayores contratiempos.  Precio de equilibrio que se consigue dejando interactuar libremente a las fuerzas impersonales del mercado, que no depende de individuo o persona alguna fuera de ellas, en mercados perfectamente competitivos o de competencia monopolística, no así en monopolios u oligopolios, que son aberraciones a la libre competencia duramente cuestionadas y combatidas por el liberalismo social, con Smith a la cabeza, quien decía en definitiva que los seres humanos cuando son libres de manifestar sus sentimientos (comunidades libres), crean sociedades productivas y justas. 
  Comentario: En definitiva, el liberalismo social, trata de que a la vez que la economía crece, se generen mejores mecanismos de distribución de la riqueza, mediante la imposición de tributos progresivos o proporcionales (jamás confiscatorios), o a través de adecuados sistemas de subsidios directos, que son los que más benefician a la población de menores recursos económicos.  Un seguidor del liberalismo social, está convencido de reducir la fragmentación del delicado tejido social, originado fundamentalmente en la inequidad.  Tiene siempre presente que entre el Estado y el mercado, se encuentra la sociedad que opera personalmente, a diferencia de estas dos entidades que son impersonales.  El liberalismo social le concede una importancia central a los valores morales como soporte de la vida de las personas.  ¡Una sociedad sin valores morales, no puede prosperar!
    En resumen, el liberalismo social es una corriente de origen liberal progresista, básicamente en lo relativo al aspecto económico y su estabilidad.  En lo político podría relacionarse con las posturas transversalistas o centristas, promoviendo una clara tendencia hacia el progresismo en cuanto a la ampliación de los derechos civiles.  En definitiva entonces, EL LIBERALISMO SOCIAL, ¡Es una doctrina PROGRESISTA y DE AVANZADA! Una opción para las izquierdas y derechas modernas del continente y del mundo entero, alejada totalmente de posturas radicales e intolerantes, tanto de la extrema derecha imperialista como de la extrema izquierda comunista.  


[1] Ésta es una de las características por las que infundadamente acusan al liberalismo de “individualista” o “egoísta”, que podría también presentarse, pero ¡para eso está el Estado! para garantizar que exista liberalismo social, a través de un adecuado sistema tributario y de beneficios sociales para los más necesitados.
[2] El individuo es libre, siempre y cuando su libertad no atente contra los derechos de las demás personas. 
[3] FUENTE: http://anghara2.wordpress.com/2008/08/19/liberalismo-y-neoliberalismo-en-una-leccion-carlos-alberto-montaner/
[4] Revista Polémika No. 4.  Junio del 2010.  Instituto de Economía USFQ.  Páginas: 22-28.
[5] Ghersi, Enrique.  “El mito del neoliberalismo”.  Cato Institute.  29 de septiembre del 2004.  Disponible en http://www.elcato.org/node/1243.
[6] Richman, Sheldon “Fascism”.  The Concise Encyclpedia of Economics.  Disponible en: http://www.elcato.org/library/Enc/Fascism.html.
[7] Reynolds, Alan.  “Fascismo y marxismo.  El rechazo de la libertad”.  Cato Institute.  31 de agosto del 2006.  Disponible en: http: //www.elcato.org/node/1842.
[8] Lal, Deepak.  2006.
[9] Klaus, Vaclav.  “Environmentalism and Other Challenges of the Current Era”.  Cato Institute.  20 de abril del 2007.  Disponible en: http://ww.cato.org/pub_display.php?pub_id=9301.
[10] Revista Polémika No. 4.  Junio del 2010.  Instituto de Economía USFQ.  Páginas: 30-39.
[11] Habría que aclarar aquí que los impuestos son necesarios para el desarrollo nacional y para la redistribución del ingreso y la riqueza, los que están mal son los tributos confiscatorios con los que muchas veces se persigue políticamente a la gente, es decir, aquellos que no han sido fijados técnicamente, que han sido abusivamente impuestos, de acuerdo con una lógica arbitraria y no proporcional o progresiva.
[12] Revista Polémika No. 4.  Junio del 2010.  Instituto de Economía USFQ.  Páginas: 40-49.
[13] Aron, Raymond, Ensayo sobre las libertades.  Alianza Edit. Madrid, 1974.
[14] Revista Polémika No. 4.  Junio del 2010.  Instituto de Economía USFQ.  Páginas: 68-79
[15] Revista Polémika No. 4.  Junio del 2010.  Instituto de Economía USFQ.  Páginas: 124-135
[16] (431 AC-354 AC) historiador, militar y filósofo griego, conocido por sus escritos sobre la cultura e historia de Grecia.
[17] Si la practicaban los mercaderes en la época de Jenofonte, entonces los crematísticos actuales, serían los proteccionistas mercantilistas y no los liberales sociales.
[18] Atenas (470AC – 399AC).  Sabio y filósofo griego, para quien, el primer paso para alcanzar el conocimiento, y por ende la virtud (pues conocer el bien y practicarlo era, para Sócrates, una misma cosa), consistía en la aceptación de la propia ignorancia.
[19] Platón (428 AC-347AC).  A la edad de veinte años conoce a Sócrates, quedando admirado por su discurso y personalidad.  Al punto que se lo considera el principal discípulo de Sócrates, sin que haya pertenecido a su círculo íntimo de amistades.  En Atenas, en el año 388-387, fundó la Academia, nombre que recibió por hallarse cerca del santuario dedicado al héroe Academos, especie de "Universidad" en la que se estudiaban todo tipo de ciencias. 
[20] (384 AC-322 AC).  Filósofo lógico y científico griego.  Aristóteles fue discípulo de Platón, aun cuando criticó también algunas de sus ideas.  Aristóteles fue un pensador con espíritu empirista, es decir que buscó fundamentar el conocimiento humano en la experiencia.  Aristóteles es ampliamente reconocido como el padre fundador de la lógica.  La noción central del sistema lógico de Aristóteles es el silogismo (o deducción), en la que a partir de dos premisas válidas se desprende una conclusión lógica o razonable. Según Aristóteles, las virtudes más importantes son las virtudes del alma, principalmente las que se refieren a la parte racional del hombre.  Aristóteles divide la parte racional en dos: el intelecto y la voluntad.  El organismo social de Aristóteles considera al Estado como una especie de ser natural que no surge como fruto de un pacto o acuerdo. El hombre es un animal social («zoon politikon») que desarrolla sus fines en el seno de una comunidad. (Fuente: wikipedia).        
[21] De allí que se afirma en el presente libro que Adam Smith, fue el fundador de la doctrina denominada LIBERALISMO, pero no uno meramente económico.  Smith creó el LIBERALISMO SOCIAL, es decir, la búsqueda de la libertad económica a través de principios y valores morales del individuo que tengan como resultados finales, la solidaridad y el bien común.  De modo alguno la concentración y la acumulación de la riqueza, porque como sabemos el genial escocés se oponía al aparecimiento de monopolios y oligopolios, a quienes veía como nocivos para el libre mercado y la libre competencia.