sábado, 28 de enero de 2012

RAFAEL CORREA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PRIVADOS

POR: Pablo Zambrano Pontón (Economista, Catedrático, Escritor y Analista Económico)

Antes de comenzar su mandato presidencial (que recién cumplió 5 años este 15 de enero del 2012), el Presidente del Ecuador, Economista Rafael Correa Delgado, fue literalmente el “mimado” de los medios de comunicación en el Ecuador. Su discurso progresista y sus encendidas proclamas nacionalistas en contra del “neoliberalismo”, de los organismos financieros internacionales y de todo lo que oliera a “partidocracia”, lo convirtieron en un personaje mediático, a raíz de su fugaz –pero al mismo tiempo inolvidable- paso por el Ministerio de Economía y Finanzas, donde cosechó aplausos y definitivamente supo conquistar el corazón de la mayoría de ecuatorianos, incluida la veleidosa prensa ecuatoriana. Así, durante la campaña presidencial de Correa, el presentador de noticias de Ecuavisa: Carlos Vera, abiertamente instó a la ciudadanía a que dieran su voto por el economista guayaquileño, en lugar de “desperdiciarlo”, en caso de que lo hicieran por el acaudalado empresario bananero, Álvaro Noboa.

¡Qué tiempos aquellos!, pues eran los días en que Rafael Correa, hábilmente conseguía posicionar su imagen ante la opinión ciudadana, haciendo uso de su inteligencia, su elocuencia, su facilidad de palabra y su innegable poder de convencimiento. Hoy por hoy más bien, al tener que enfrentarse a la oposición de los medios de comunicación privados, trata de que se apruebe una Ley que prohíbe la promoción de nuevas figuras políticas.

Los días que después vivirían los medios de comunicación en el Ecuador, eran previsibles sólo para pocos, dado que el mismo día de su posesión como Presidente Constitucional de la República, hizo notorio su afecto por la revolución socialista del siglo XXI, liderada por el coronel venezolano Hugo Chávez y recetada por el sociólogo alemán Heinz Dieterich, para América Latina; y donde los medios de comunicación son duramente cuestionados, por ser en opinión de ellos (compartida mayoritariamente por el pueblo llano y sencillo), como la encarnación del mismísimo belcebú y por ser abiertamente capitalistas, oligárquicos, elitistas y excluyentes. En definitiva, por estar al servicio de los poderosos y de los “pelucones” (en lenguaje de Correa), o de los “pitiyanquis” (en el estilo de Chávez).

Los medios de comunicación privados

¿Les falta razón? Considero que en parte la tienen; dado que los medios de comunicación privados (en el mundo entero, no sólo en nuestra región), constituyen poderosos emporios oligopólicos (dominados por pocos) que para constituirse necesitaron realizar ingentes inversiones en capital, recursos humanos, tecnología, infraestructura física e iniciativa emprendedora; y, obviamente necesitan recuperarla, siendo el medio más seguro para ello, el mantenimiento del sistema capitalista de libre empresa y economía de mercado. A casi ningún empresario privado, se le ha escuchado ser “antisistema” y renegar del capitalismo, al contrario, todo empresario que se precie de serlo va a defender el sistema de propiedad privada y acumulación del capital; porque evidentemente, no querrá que sus inversiones se vean amenazadas por la expropiación o peor aún por la confiscación de sus bienes, en nombre de: la solidaridad, el bien común, el beneficio colectivo, el bien público y el bienestar ciudadano. ¡Qué va!, a todos los inversionistas, les interesa el retorno de su capital y cuanto más alto y más rápido lo hagan, será mejor para ellos.

La experiencia socialista


Ahora bien, no hay que olvidar tampoco el oscurantismo político y de libertades que significó la fracasada aventura socialista-comunista en el mundo, donde ser “disidente” o pensar distinto al Partido Único y Comunista, era considerado un delito público, que se pagaba incluso con la muerte. Testimonios de la falta de libre expresión en la URSS, en Cuba, en la China de Mao, en Europa del Este, en fin; están a la orden del día.

Así por ejemplo, en la China socialista, uno de los programas iniciados, fue el “Movimiento de las Cien Flores”, mediante el cual, Mao, decía que quería considerar diferentes opiniones sobre la forma en qué China, debía ser gobernada. Dada la oportunidad que se les ofrecía de expresarse, algunos intelectuales y liberales chinos indicaron su oposición al régimen comunista, llegando incluso a cuestionar el liderazgo de Mao. Esto fue inicialmente tolerado y hasta promovido; sin embargo, a los pocos meses, Mao revirtió esta política, tomando presos a todos aquellos que habían criticado su Gobierno, en lo que se llamó: el “Movimiento Antiderechista”. Algunos críticos del régimen comunista chino, como la escritora Jung Chang, afirman que el Movimiento de las Cien Flores, habría sido simplemente una maniobra para identificar a aquellos individuos, cuyas opiniones resultaban peligrosas para el régimen.

En la ex Unión Soviética, hubo niños condecorados como Pavlik Morozov, por denunciar y llevar al patíbulo a sus padres. Control policial sistemático de los aparatos de radio, para verificar que no se puedan sintonizar emisoras distintas de las oficiales. Discursos gubernamentales en los que se explican los logros del último plan quinquenal y se hace creer a la gente que disponer de 2 horas de agua caliente cada 10 días es un lujo al que los capitalistas jamás podrían aspirar…

La libertad de expresión en América Latina

Retornando a nuestra región, recordemos que han existido varios cierres de medios de comunicación en diferentes épocas y por Gobiernos de izquierda o derecha. Son célebres las persecuciones de Juan Domingo Perón (populista de izquierda) en la Argentina, en contra de afamados medios de comunicación como Diario El Clarín; las de Velasco Ibarra (populista de derecha), en contra de periodistas críticos como Alejandro Carrión (el famoso “Juan sin Cielo”); o las de León Febres Cordero, en contra del “pájaro” Febres Cordero; las de Hugo Chávez, cerrando Radio Caracas Televisión, al inicio de su segundo Mandato en 2007; y, las de Rafael Correa en contra de 3 periodistas de “oposición”: Jorge Ortiz, Carlos Vera y Alfredo Palacio. Donde incluso se llegó a dictar sentencia condenatoria para este último (junio 2011) y para los hermanos Pérez accionistas de Diario “El Universo”, por haber escrito Alfredo Palacio, un artículo denominado: ¡No a las mentiras!, donde acusa al Presidente de “criminal de lesa humanidad”, por haber ordenado fuego a discreción en contra de un hospital lleno de inocentes. En un caso que ha generado intensos debates a nivel nacional e internacional, sobre ¿cuáles son los límites de la libertad de expresión?, porque: 1) ¿es lícito que un comunicador social acuse sin pruebas a una persona de haber ordenado fuego a discreción?; y, 2) ¿es oportuno que un Presidente solicite como indemnización por defender su honra una cifra de $ 40 millones de dólares?

La libertad de expresión en Ecuador

Entonces, habiendo descartado en el caso del Ecuador que la tensa relación entre el Gobierno y los medios, obedezca meramente a causas ideológicas (porque ya vemos que por igual han sido difíciles, en todo tiempo, independientemente de su bandería política), qué es lo que está detrás de este conflicto, sería interesante descubrir.

El Presidente del Ecuador, Rafael Correa Delgado, ha asegurado, en varias de sus intervenciones, que es necesario "democratizar" la propiedad de los medios de comunicación porque a su juicio, algunos no cumplen con su papel informativo.

"Una buena idea es democratizar la propiedad de los medios, para que no respondan a intereses reducidos y privados (...) sin embargo, en la práctica, es difícil llevarlo a efecto, pero hay maneras de limitar, como aplicar la ley. No se puede tener medios e instituciones financieras a la vez".

"Más que libertad de prensa hay libertad de empresa (…) hay empresas comunicadoras que no cumplen con su labor de informar, sino de dirigir a la ciudadanía en función de sus intereses y eso no se lo puede permitir. Probablemente se necesitan leyes más severas para que los medios cumplan con su verdadero rol en la sociedad", afirmó Correa a la Agencia informativa Andes, el 5 de septiembre del 2009.

Respecto a desmontar el maridaje entre medios de comunicación y entidades del sector financiero, con las nuevas leyes sancionadas (en especial con la “Ley de Control del Poder de Mercado”, noviembre 2011), se obliga a los accionistas de la banca, a escoger, entre ser empresarios banqueros o ser empresarios dueños de los medios de comunicación; lo que en opinión de muchos ciudadanos, analistas y académicos, abonaría el terreno para que se dé una auténtica libertad de expresión y donde los dueños de los medios, no estén preocupados de defender sus intereses, como lamentablemente ocurrió en la grave crisis económica, social y política, suscitada en el país en 1999. Cuando por defender a unos cuantos banqueros que habían apoyado a la campaña presidencial de Jamil Mahuad, se congelaron los depósitos de la gente, sin que los canales de ese entonces: Teleamazonas, Sí TV, Telecentro, Gamavisión o Ecuavisa, hubiesen realizado campañas mediáticas de rechazo a tan impopular medida. Al contrario, aplaudieron esas medidas y jamás criticaron acremente al Gobierno de Mahuad. ¿Qué habría pasado si un Gobierno progresista como el de Correa hubiese tomado tales medidas?, habrían dicho que ellos ya lo advirtieron en su debido tiempo a la opinión pública y qué lástima que un tipo tan perverso y tan mediocre como él haya asumido inmerecidamente el poder de la nación.

Por lo expuesto, vemos que hay culpabilidades de lado y lado en el actual conflicto que enfrentan Rafael Correa y sus “principales adversarios políticos” (según palabras del Presidente de Ecuador), los medios de comunicación, por no democratizarse y dar mayor espacio plural a la ciudadanía para que se exprese y el propio Gobierno por su poca tolerancia a las críticas y su convencimiento de ser la encarnación del Pueblo y sus legítimas aspiraciones reivindicatorias, tanto tiempo olvidadas. A este respecto, cabe recordar que una de las preguntas favoritas del Primer Mandatario al público que lo sigue en sus enlaces sabatinos es: ¿A alguien de ustedes lo ha entrevistado la “prensa corrupta”?, seguida por un rotundo ¡No!, de parte de la gente.
Y aquí hemos topado un punto central en el análisis. ¿Es realmente corrupta la prensa?, si aceptamos como válida, la acepción de corrupción como la apropiación indebida de fondos públicos, notaremos que esto no necesariamente es así; porque ¿a cuántos periodistas los hemos visto enriquecerse ilícitamente?, ¿cómo viven periodistas ecuatorianos, deslegitimados por el Poder, como Carlos Vera o Jorge Ortiz?; a Vera, lo acusó el Presidente en una ocasión de haber solicitado regalos fastuosos para la celebración de su cumpleaños, mostrando incluso documentadamente las invitaciones y el pedido de yates, vehículos, etc.; lo cual entonces podría tener algún sentido; pero, en el caso de Jorge Ortiz, a raíz de su salida de Teleamazonas, está trabajando actualmente en el diario digital “La República” y no hemos sabido que tenga un estilo de vida presuntuoso, ni mucho menos; al contrario, alguna vez supimos que manejaba un Volkswagen viejo y destartalado, por lo que acusarlo de corrupto, carece de toda lógica y sentido común.

Más que ser corrupta la prensa, considero entonces, que tiene una ideología definida y ésta es la defensa del capital, de su puesto de trabajo; lo cual es válido en todo proceso democrático, donde la gente tiene derecho a creer en lo que considera justo, basándose en sólidos argumentos, por supuesto. Pero, lo que no es ni ética ni moralmente lícito, es basarse en campañas de desprestigio fundamentadas en la mentira, en el escándalo y en el show mediático.

Resulta inadmisible, por ejemplo, que un comunicador social como Gonzalo Rosero en Radio Democracia señale: “Y bueno, hasta cuándo aguanta nuestro pueblo tanto abuso” (a propósito de los “impuestos verdes”), en un claro llamado a subvertir el orden constituido; tal como antes lo hiciera otro radiodifusor, Paco Velasco, quien desde las tribunas de Radio La Luna, azuzó al pueblo de Quito para derrocar al Gobierno de Lucio Gutiérrez.

“La ética no existe en los medios de comunicación de América Latina”, dijo el presidente de Ecuador, Rafael Correa.

El mandatario criticó con dureza a los medios de su país y la región, asegurando que defienden la mentira en nombre de la libertad de expresión.

Durante una entrevista con The Associated Press en Nueva York, Correa indicó: “La ética y profesionalismo (…) eso no existe en América Latina”. (Fuente: AP, 23 de septiembre 2011).

CONCLUSIONES

La respuesta política del Régimen, a la presunta manipulación de la información de parte de los medios de comunicación ecuatorianos, ha sido por una parte, acaparar medios de comunicación y convertirlos en oficialistas , para de alguna manera equilibrar las fuerzas comunicacionales y conseguir el respaldo de la ciudadanía. Pero, la estrategia mediática del Régimen no ha sido simplemente tener más canales bajo su control, ha sido también, disponer de un excelente equipo de marketing y promoción política, liderado por Vinicio Alvarado, quien ha desarrollado una campaña promocional donde resaltan una frase: “Rafael para tu pueblo; Correa para los corruptos”, con un sensacional efecto de masas, que lo tienen al actual Presidente del Ecuador, a punto de convertirse en el primer mandatario en ser reelegido después del retorno de la democracia en el país, en 1978; lo cual obviamente lo catapultaría, para que entre a formar parte de los libros de la historia ecuatoriana, con letras mayúsculas; porque pese a sus errores, el balance es más favorable que en contra de su gestión, de allí su inmenso apoyo popular en las encuestas (según CEDATOS, en una medición actualizada a enero 2012, la popularidad del economista Correa estaría en el orden del 55%, sin que hasta el momento exista otra figura política que pueda amenazar su continuidad en el poder).

En conclusión, los Gobiernos progresistas de América Latina, intentan colocar “censores” de la opinión pública, que tratan de amordazar a la prensa y restringir la libre opinión ciudadana, porque los medios de comunicación, también expresan lo que la persona común trata de decirle al gobernante y no puede por sus obvias limitaciones, siendo por tanto representantes de la ciudadanía ante el Poder.

¿Hay excesos?, sin duda que sí (de hecho hay comunicadores que se creen “dueños de la verdad”), pero no por eso la propiedad de los medios debe ser pública, con recursos del Estado, que a la final son de todos; además, se pueden destapar casos de corrupción a través de las investigaciones periodísticas, bien realizadas; pues el periodismo es una profesión fundamental que hay que saberla llevar con ética, transparencia, sentido común y objetividad, es decir, no sólo enfocándose en los aspectos negativos de un Gobierno, sino también resaltando los ámbitos positivos.

Pero, ¿se justificaría el monopolio estatal de los medios de comunicación, con el pretexto de que la información es un bien público y que no debería perseguir fines de lucro?
Obviamente que no. En toda democracia que se precie de serlo, deben existir diferentes voces que puedan expresarse con libertad (por una parte) y con responsabilidad (por otra). La libertad, que no piensa en los otros, fácilmente se transforma en libertinaje. El que piensa que es libre porque puede hacer o decir cualquier cosa, sin incluso poderlo demostrar, está rotundamente equivocado y rápidamente perderá credibilidad ante la opinión ciudadana. Un ejemplo de esto lo encontramos en el ex diputado de Izquierda Democrática, Carlos González, quien era un habitúe en los espacios de Jorge Ortiz y de Carlos Vera, en Teleamazonas y Ecuavisa, respectivamente; “denunciando” los terribles casos de corrupción que a diario ocurrían en el país. Sus “denuncias”, jamás fueron comprobadas y el pueblo ecuatoriano (que es muy inteligente, contrariamente a lo que muchos creen), lo rechazó en las urnas, en su frustrado camino a Carondelet.

Si hubiera un solo canal oficial, estaríamos retornando a los oscuros días del fascismo de Mussolini o del socialismo de Stalin o de Castro, donde existe un solo medio para expresarse: el Estado; y donde obviamente, no tendrían espacio aquellas voces disidentes que estén en contra del Poder. Se requiere de los dos medios: públicos y privados, que orienten a la ciudadanía, que ayuden a construir democracia, por medio del pluralismo y el respeto al otro, al que piensa u opina diferente. Sólo así, dando espacio a diferentes voces: marxistas, liberales, socialdemócratas, en fin; se estará cimentando una auténtica sociedad de derecho y no un Estado de opinión, que únicamente defienda negocios; se deben promover ideas, más que negocios; porque a la final es la ciudadanía bien informada, la que libre, responsable y democráticamente, tomará las mejores decisiones.

En Brasil, por ejemplo, su Presidenta: Dilma Roussef, una ex guerrillera de ideología marxista, ha dado ejemplo a sus pares en la región al declarar (en el mismo Foro internacional donde Correa y Chávez despotricaron en contra de los medios de comunicación privados), que defenderá la libertad de expresión; situación que con hechos ha demostrado, porque ha despedido a varios ministros de Estado, acusados de corrupción por la prensa.

Ese debe ser entonces el papel de la prensa independiente en la región, denunciar los excesos del Poder y no criticar en todo tiempo y lugar a un Presidente que se nota que trabaja en pro del bien común, la solidaridad y el progreso, como lo estamos constatando ahora mismo en el Ecuador. País que según casi todos los organismos internacionales ha conseguido: crecimiento económico, control de la inflación, reducción del desempleo, disminución de la pobreza, erradicación del analfabetismo, mejoras en salud y educación, mejores vías, etc. Y que solo obtiene bajas calificaciones en lo que a libertad de expresión se refiere. La pregunta aquí es: ¿Percibe la ciudadanía de la misma forma que los periodistas y sus dueños este problema, o más bien piensa que ese es un asunto lejano y que nada tiene que ver con su calidad de vida?, considero que lo sienten poco importante, ante los enormes progresos sociales que el país ha conseguido en estos cinco años del actual Gobierno.

Finalmente, un llamado a las dos partes, a conciliar posiciones y entender que medios públicos y privados deben coexistir en democracia, pero informando en forma objetiva, verificada y real; sin exagerar la noticia por efímeros impactos en el rating. Los medios públicos, deberían ser eso: PÚBLICOS y no ESTATALES, es decir, al servicio de la ciudadanía y no únicamente en pro de la ideología política de un Gobernante, para ello se deberían brindar espacios más equitativos en los dos tipos de medios, para que la ciudadanía esté mejor informada. Esa es la única vía, para conseguir una auténtica y fortalecida democracia, que sea plural y real.