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domingo, 5 de febrero de 2017
VISA AL DESARROLLO
Visa al desarrollo
EL
UNIVERSO: 5 de enero, 2017
Cuando veo, escucho o leo gente que sigue defendiendo y promoviendo el
socialismo, a pesar de todos los desastres económicos que ha provocado a escala
planetaria (diciendo por ejemplo: “esto no es socialismo sino simplemente populismo”;
“no se ha llegado a implantar el sistema tal como lo propusieron Marx y
Engels”; “lo que se vivió en la antigua URSS y Europa del Este no era
trotskismo sino stalinismo”; “Cuba es pobre por culpa del embargo
norteamericano”; “Venezuela tiene problemas a causa de la guerra económica de
poderosos grupos oligárquicos empresariales”; “Corea del Norte es una potencia
militar”...; y otra serie de incoherencias y falacias de ese estilo; me surgen
dos interrogantes: ¿o son gente aferrada sentimental y fanáticamente a esa
violenta ideología; o son personas que tienen la intención de esclavizarnos
para solo ellas, los miembros del partido político único, beneficiarse y
llevarnos hacia “un camino de servidumbre” (parafraseando al gran economista
liberal austriaco Nobel de Economía 1974 Friedrich Hayek)? ¡No encuentro otra
explicación!, dado que la vía del progreso y el buen vivir se encuentran en la
libertad económica como lo testifican documentadamente los casos de países que
han conseguido una “visa al desarrollo”.(O)
Pablo Zambrano Pontón, economista, Quito
ENLACE ARTÍCULO ORIGINAL: http://m.eluniverso.com/opinion/2017/01/05/nota/5980249/visa-desarrollo
“ACADÉMICAMENTE”, NO HAY CRISIS
¿Crisis?, ¿Cuál Crisis?, Somos el gobierno que
con muchísima creatividad hemos administrado los recursos del pueblo
ecuatoriano. ¿Deuda? ¿Cuál deuda? Es una simple operación de venta anticipada
de petróleo. A pesar de que paguemos una determinada tasa de interés y tengamos
hipotecadas nuestras reservas petroleras y nuestro futuro a China, no es deuda
(porque así lo consideramos los auténticos economistas). Estamos recuperando el
Estado, ¡Avanzamos Patria!, somos el mejor gobierno de la historia de este país
y a nosotros, modestia aparte, nos conocen en todo el mundo. Economistas serios
a nivel mundial, premios Nobel como Stiglitz o Krugman, por ejemplo, (no estos
limitaditos, contadores y mediocres que tenemos aquí) hablan de ”milagro”,
gracias a las lindas carreteras, a las escuelas y a los centros de salud que
tenemos; pero aquí en este país, los “sufridores”, son palo porque bogas, palo
porque no bogas. Especialmente, la prensa libre e independiente, los banqueros,
los seudo analistas económicos, los neoliberales, los ortodoxos, los prudentes
(los que preferían tener el dinero bajo el colchón, en lugar de invertirlo en
el pueblo), la oposición mediocre que día a día enfrentamos. ¿Dónde está la
Academia? Para que refute a los mismos “care tucos” de siempre. El gasto
público: ¡eres tú, compañero!
Mientras cada semana escuchamos estas
palabras, personalmente puedo decir lo siguiente: históricamente, ningún país
ha sacado de la pobreza a la gente con base en el intervencionismo estatal, los
únicos que sí han salido de ella han sido sus caudillos.
Pablo Zambrano Pontón
Publicado por Diario El Comercio de Quito/Ecuador, enero 17 de 2017, enlace: http://www.elcomercio.com/cartas/academicamente-crisis-ecuador-cartas-direccion.html
LA DERECHA MALA
By: Alberto Mansueti
Cuando
llega al Gobierno, la derecha mala no hace las reformas profundas, para cambiar
el sistema; y así la izquierda, tarde o temprano, regresa al poder.
En
Nicaragua, el Sr. Daniel Ortega y su partido socialista FSLN se entronizaron en
1979, cuando sus guerrilleros tumbaron al último de los Somoza. Pero en 1990,
la gente se cansó del FSLN y de Ortega, y votó por la oposición de derechas. El
péndulo dio la vuelta; y hubo tres Presidentes inútiles: Violeta Barrios,
Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. Tras 16 años de espera, el FSLN volvió al
poder, en 2006, y con su caudillo de siempre, quien el año pasado 2016, se hizo
reelegir otra vez.
En
Chile fue más rápido. Las izquierdas siempre se pelean entre ellas, excepto
para las elecciones, y la Sra. Michelle Bachelet fue elegida Presidenta en
2006, al frente de una coalición socialista. Pero la izquierda perdió en 2010;
y ganó Sebastián Piñera, cuyo Gobierno no hizo ni una sola de las reformas de
fondo, requeridas para que Chile retome el buen camino, que poco a poco se
abandonó después de Pinochet. Así las izquierdas regresaron, y con su misma
Sra. Bachelet, menos de 5 años más tarde.
En
Colombia, las guerrillas FARC y ELN no han podido tomar el poder por las armas.
Pero desde la caída del Gral. Gustavo Rojas Pinilla en 1957, la derecha mala
puso todos los Presidentes, por 60 años, y ninguno hizo los cambios
fundamentales. Por eso el país ha caído en manos de la izquierda dura, con sus
mañosos “Acuerdos de Paz”, rechazados por el pueblo en referéndum, pero impuestos
no obstante “a la brava” por los socialistas “del siglo XXI”.
El
socialismo se llama en Argentina “peronismo”; y desde su fundación, en 1944,
conserva ciertos rasgos fascistas. Pero hay una fuerte izquierda no peronista,
con honda penetración en la derecha mala (al igual que en Colombia); la cual
ganó las elecciones con el Sr. Macri en 2015. A un año de su gestión, el 24 de
diciembre de 2016, The Economist tituló así: “La recesión refuerza a la
oposición”. Describe la pésima situación de la economía, que "sigue
enferma", a pesar de quitarse el control de cambios, corregirse los abusos
del INDEC (Ministerio de Estadísticas), y negociarse un acuerdo con los
holdouts.
Macri
ha levantado sólo las más salvajes medidas y políticas de la izquierda
primitiva, lo cual la derecha mala sabe hacer, y lo hizo, en sus primeros 100
días. Pero ahí no más llega. El Economist describe “una caída del 1,8 % del PBI
según el FMI, una baja de 8 % de la producción industrial en octubre, un
derrumbe de la construcción del 19 %, y uno de cada 12 argentinos está sin
trabajo”. Y termina anunciando que 2017 puede ser para Macri “aún más
desafiante” que 2016.
Los
macristas, como siempre los argentinos, creen que los empresarios y
capitalistas extranjeros están ansiosos por invertir en su país. Pero en todo
el mundo, y como siempre sucede, el capital, sea nacional o foráneo, no soporta
impuestos confiscatorios, ni reglamentaciones arbitrarias. Más bien se va de
los países cuyos Gobiernos no se atreven a recortar drásticamente el gasto fiscal
exorbitante para atender funciones impropias del Estado, factor que es el padre
de los impuestos astronómicos, de la inflación, y de la presión reglamentarista
decretada por los “intereses especiales”, asociados con la enorme burocracia
parasitaria.
¿Hay
que ser adivino para predecir un pronto retorno del peronismo en Argentina? Ya
hubo un Gobierno parecido, el del Presidente De La Rúa, al que derrocaron antes
de tiempo, en 2001.
Aleccionados
por las inquisiciones judiciales, cárceles y linchamientos mediáticos, ya los
militares no tumban Presidentes. Pero los tumba otro factor: la “histeria
anti-corrupción” de las clases medias, digitadas desde la trastienda por
sectores políticos que la hacen lucir como “indignación surgida de modo
espontáneo en las redes sociales”, tras el orquestado bombardeo mediático. Así
la izquierda blanda y la derecha mala, en Brasil, quitaron del poder a Dilma
Rousseff, en agosto de 2016.
La
histeria anti-corrupción es un instrumento del sistema, que le sirve para
perpetuarse, porque lleva al público a enfocarse no en el sistema sino en tal o
cual “corrupto”, y en tal o cual “corrupción”, y sus detalles escabrosos y
sensacionalistas. Anda de la mano con la “anti-política”, aviesa política
inventada por los politiqueros aprovechados del sistema, para hacerle creer a
los despistados que el problema no es el sistema, sino “los políticos”; y así
desplazan a los buenos políticos profesionales de la escena política, y la
llenan con famosos del deporte, la canción popular, los medios o el
espectáculo, mucho más fáciles de manejar e instrumentar.
Esto
pasó en Perú. En medio de la furia contra “los políticos”, en el Centro de
Liberalismo Clásico hicimos una encuesta en los últimos Congresos, y
“políticos” casi no encontramos: en su mayoría los parlamentarios son y han
sido voleybolistas, locutores parlanchines de la radio, figuras de la tele,
artistas, músicos y cantantes populares, sindicalistas y “luchadores sociales”.
¿Políticos? No.
¿Sería
sorpresa si tumban al Sr. Kuczynski? Su Gobierno es pésimo. No sirve ni para
hacer mercantilismo, la vieja especialidad de la derecha mala. La Sociedad
Nacional de Industrias le ha lanzado un aviso: las empresas están emigrando:
“Manufacturas mudan sus operaciones a países que brindan mejores condiciones
para competir en el mercado internacional.”
“Los
sectores más afectados son los productos refractarios, motores eléctricos,
maquinaria para minas, neumáticos, carrocerías, prendas de vestir, productos
metálicos, textiles y farmacéuticos. Se han perdido más de 130 mil puestos de
trabajo en una recesión que no ocurría desde hace 25 años. En los últimos tres
años, la producción industrial lleva una caída de 7.4 %. El PBI industrial per
cápita de 2016 es similar al del 2010: unos 2.000 soles. Seis años de crecimiento
se perdieron. A las pequeñas y micro empresas MYPES les es muy difícil crecer,
porque deben asumir mayores costos. Por eso el 99.3 % del tejido empresarial
formal es MYPE.”
Los
politiqueros del sistema están furiosos con el Presidente Donald Trump y sus
restricciones migratorias, porque huir a los EE.UU. siempre fue la “válvula de
escape”, para evitar los grandes cambios: mudarse para trabajar allá, los de
clase media como médicos, ingenieros, empresarios o gerentes; y los de clase
popular como albañiles, plomeros, mecánicos, o limpiadores de baños. Todos
enviando sus “remesas” para sus familias, en sus países. ¡Pues parece que se
acabó!
Algo
bueno hay en esto: llegó la hora de la verdad.
A mis
amables lectores nunca les pido nada, pero hoy voy a pedir un favorcito:
¿podría alguien pasar este artículo al Sr. Guillermo Lasso en Ecuador? ¡Muchas
gracias!
EN ESTAS ELECCIONES #19F
Yo apoyaré a quien...
EL
UNIVERSO: 4 de febrero, 2017
En las elecciones apoyaré la candidatura política que quiera integrarse
al mundo, es decir, firmar acuerdos comerciales con países desarrollados como
Estados Unidos, Suiza, Corea del Sur, Japón; que promueva la inversión privada
nacional y extranjera; que no sea socialista y no sea amigo de comunistas
(porque eso ahuyenta capitales); que comprenda que ahorro, inversión,
producción, generación de empleo, consumo y pago de impuestos proporcionales es
lo mismo; que sea tolerante; que venda los medios públicos incautados; que
disminuya el gasto público a niveles del 20% del PIB; que desaparezca
ministerios inútiles e improductivos; que no atormente con tantos enlaces
ciudadanos; que permita a la gente de manera privada, defenderse de la
delincuencia; que promueva la explotación minera y petrolera responsable; que
escuche a los demás y no sea arrogante.
No me importará si el candidato ha sido o no del pasado, porque no
podemos comparar a un gobierno que ha tenido los factores a su favor: precio
del petróleo y sobre todo economía dolarizada (que nos ha protegido de
emisiones monetarias y de la inflación) con otros que gobernaron en tiempos
difíciles, con moneda y economía devaluadas. (O)
Pablo Zambrano Pontón, economista, Quito
ENLACE ORIGINAL ARTÍCULO DIARIO EL UNIVERSO, GUAYAQUIL/ECUADOR: http://m.eluniverso.com/opinion/2017/02/04/nota/6030355/yo-apoyare-quien#page
EL SOCIALISMO DE CORREA
El
problema de Rafael Correa no es que viva como rey con el dinero
ajeno, porque eso es precisamente lo que hacían y hacen los socialistas y comunistas: Castro, Chávez, Kim, Perón, Kirchner,
Allende, Maduro, etc.
Su
problema es ser socialista y seguir modelos fracasados, que en
ninguna parte del mundo han funcionado, hundiendo a sus pueblos en la miseria.
Su problema es inocular el veneno del resentimiento social en el alma de los
pobres y hacerles creer que la culpa es de los ricos; cuando son justamente
quienes ahorran y tienen dinero los que invierten, producen, generan empleo y
además pagan impuestos.
El socialismo es la peor desgracia de la humanidad y
su remedio político/económico/filosófico/social es el Liberalismo.
¡HASTA NUNCA!
Hasta nunca, Correa: el desastre económico del bolivarianismo ecuatoriano
Dentro de
apenas unas semanas, Ecuador tendrá un nuevo Presidente del
Gobierno. Aunque Rafael Correa coqueteó con la reelección
indefinida, los obstáculos constitucionales y su creciente impopularidad han
obrado el milagro, apartando por fin al controvertido político de izquierdas
del ruedo político ecuatoriano. Eso sí: el adiós de Correa no supone el adiós del
correísmo, ya que
toda la maquinaria del Estado está ahora a disposición del candidato
oficialista, Lenin Moreno.
Del falso "milagro" a la dura crisis
¿Qué bagaje
económico deja Correa? Cuando los precios del petróleo estaban por las nubes,
era habitual escuchar al mandatario andino hablando del "milagro ecuatoriano". El progresismo
internacional creyó haber encontrado en Ecuador la versión ilustrada del
"socialismo del siglo XXI". En realidad, la única razón por la que
las cosas parecían ir mejor eran los altos precios del petróleo.
Pablo Arosemena y Pablo Lucio Paredes explican en La culpa es de las vacas flacas que, en los 35 años anteriores a la
llegada al poder de Rafael Correa, los ingresos generados por la industria del
petróleo equivalían a 430 dólares por habitante. Sin embargo, entre 2006 y
2014, el gobierno de la "revolución ciudadana" se benefició de una
"burbuja" tan descomunal en los precios del crudo que el ingreso petrolero se movió en un monto equivalente a 950 dólares
per cápita.
Este
espejismo empujó al alza las cifras de crecimiento, arrojando aumentos anuales del PIB superiores al 4%. Pero
bastaba con analizar con un mínimo de detalle la evolución de los fundamentales
económicos para comprobar que el grueso del crecimiento se explicaba por una
auténtica orgía de gasto público, que
llevó el peso del Estado de menos del 25% a cerca del 45% del PIB.
Eso sí: ni siquiera este fuerte aumento
de los desembolsos públicos hizo que el crecimiento en la Era Correa fuese
superior al sexenio anterior. Y es que, entre los años 2000 y 2006, el
crecimiento medio del PIB también fue superior al 4%. Con una diferencia, claro
está: por aquel entonces, el peso del sector privado rondaba el 75% del PIB,
veinte puntos por encima de los niveles en los que se mueve ahora, asfixiado
por el Leviatán correísta.
Un desastre fiscal
El desastre
fiscal en el que se ha movido el correísmo quedó patente en 2015, cuando el
régimen empezó a promover un impuesto
a las herencias que
llegaba a aplicar un tipo del 77,5% a la
transmisión de patrimonio entre padres e hijos. Otro ejemplo del despropósito
tributario en el que se mueve la autoproclamada "revolución
ciudadana" lo tenemos en la oleada de
aranceles introducida también en 2015 y aplicada a más de 2.500 productos.
Estas medidas generaron un encarecimiento medio del 45% en los
bienes afectados.
Pero hay más.
Correa también subió los impuestos en 2016. Escudándose en el terremoto
que sufrió el país, el régimen acabó
confiscando a todos los trabajadores el equivalente a un día de sueldo.
Además, Correa subió el IVA, el Impuesto de Patrimonio, el
Impuesto a las Utilidades… Sin
embargo, diversos informes sobre el "paquetazo fiscal" han puesto de
manifiesto que el afán de estas medidas es recaudatorio, ya que se pretende
obtener más
del doble de los ingresos necesarios para asumir la reparación de los daños
causados por el seísmo.
Y, por si no
fuese suficiente, a todas las subidas de impuestos decretadas en 2015 y 2016
hay que sumarle otras muchas adoptadas en ejercicios anteriores. El resultado es una tortura fiscal al contribuyente,
que se ve obligado a lidiar con una interminable lista de tasas: Impuesto a la
Salida de Divisas, Impuesto a los Activos en el Exterior, Impuesto a las Tierras
Rurales, Impuesto de Espectáculos Públicos, Impuesto a los Vehículos
Motorizados, Impuesto a la Compra de Vehículos Usados, Impuesto Ambiental a la
Contaminación Vehicular, Impuesto a los Ingresos Extraordinarios, Impuestos
Especiales, Impuesto a la Transferencia de Bienes Inmuebles…
Todo esto no ha
evitado que la deuda pública haya aumentado
significativamente. Correa impagó parte de las obligaciones del
Estado tras su llegada al poder e hipotecó
todas las ventas de petróleo hasta 2024. De hecho, Ecuador ha
llegado al extremo de aprobar perforaciones
petrolíferas en las zonas más biodiversas de la Amazonía. Pero ni
las subidas de impuestos ni la "burbuja" petrolera han evitado que la
deuda pública se dispare. De hecho, el
régimen ha terminado solicitando ayuda al Fondo Monetario Internacional…
Burocracia, despilfarro y pobreza
En el plano
laboral, el gran reto al que se enfrentaba Correa era el de aumentar el empleo
formal en Ecuador, ya que una parte muy importante de la población malvive en
la economía sumergida. Sin embargo, el único salto adelante que se observa en
este campo ha tenido lugar en el sector público, donde el número de burócratas ha subido de 460.000 a 715.000 personas, según los datos del Instituto Nacional
de Estadística del Ecuador. Sin embargo, el empleo informal sigue siendo la
dura realidad en la que se mueve cerca de la mitad de la población activa del
país, hasta el punto de que el
42% de la población recibe subsidios o ayudas directas del Estado.
Otro foco
caliente ha sido el despilfarro de recursos públicos.
gobierno de Correa ha pretendido legitimar este fuerte aumento del gasto
apelando al aumento de la inversión en infraestructuras. "Hemos invertido
en vialidad seis veces más que los tres gobiernos anteriores juntos",
presumía Correa a comienzos de 2016. El problema es que, como
ha demostrado la revista Plan V tras evaluar casi 50 proyectos viales, estas
obras acarrearon, de media, un sobrecoste del 46%.
Algo similar
ocurre con la refinería de Esmeraldas, en la que la desviación del precio que
se explica por los "contratos complementarios" asciende a 537
millones de dólares. Pero hay muchos más ejemplos. Ahí está el aeropuerto
fantasma de Santa Rosa, el superedificio de 9.000 metros cuadrados
construido para acoger a apenas 56 funcionarios, los más de 1.000 millones
consignados a levantar una ciudad universitaria en medio de la nada, la
millonaria sede construida para acoger oficinas de la Unasur…
En lo tocante a
la reducción de la pobreza, vemos que la rebaja anual
media en la tasa de pobreza fue de 4 puntos entre 2000 y 2006 pero bajó a un
ritmo de apenas 1,5 puntos entre 2007 y 2014. Por tanto, la reducción de la
pobreza experimentó una desaceleración en plena "burbuja" petrolera,
precisamente cuando Correa recorría el mundo hablando del exitoso modelo
socioeconómico de su país.
Desde entonces,
la situación de los más pobres no ha hecho más que empeorar. El precio de la
cesta de la compra se ha disparado a raíz de las medidas proteccionistas que ha
aprobado el gobierno de Correa. De hecho, aunque parezca difícil de creer, la
cruda realidad dice que hacer la compra en un supermercado ecuatoriano es más
caro que hacerlo en España, Estados Unidos, Colombia o Perú. Por tanto, no
sorprende que los informes de pobreza arrojen un cambio a peor en 2015 y 2016.
Autoritarismo y corrupción
Pero si el
legado económico de Correa es nefasto, peor aún es la herencia política que dejará a su sucesor en la
presidencia. Célebre es su infame
campaña contra los medios de
comunicación, coronada con la aprobación de la "Ley
Mordaza". Según Fundamedios, la Era Correa ha estado marcada
por más de 2.000
agresiones a la libertad de información.
El estilo
autoritario de Correa también ha alimentado un clima de impunidad ante la corrupción. Solamente en 2013
documenté 65
escándalos de
corrupción. Evidentemente, hubo muchos más casos en años anteriores y algo
parecido ha venido ocurriendo desde entonces. De hecho, en las últimas semanas
hemos conocido que, a lo largo de la Era Correa, la constructora
brasileña Odebrecht habría pagado 33,5 millones de dólares en sobornos a las
autoridades…
Y a esta
corrupción rampante hay que sumarle la sombra de sospecha que generan muchos
otros escándalos. Por ejemplo, ¿qué se supone que tenemos que pensar de las
próximas elecciones presidenciales sabiendo que el censo
incluye a 1,5 millones de fallecidos?
¿Hay futuro?
A mediados de
2016, las encuestas de Cedatos revelaron que casi el
60% rechazaba la gestión del presidente Correa,
triplicando los datos observados hace ahora una década. Cada vez son más los
ecuatorianos que rechazan la figura de un presidente marcado por la nefasta
gestión económica, el desastroso manejo fiscal, el aumento de la burocracia, el
freno a la reducción de la pobreza, el autoritarismo y la corrupción.
Está por ver si
ese creciente rechazo es suficiente para que Ecuador vote mayoritariamente por
el cambio. Ya en las últimas elecciones municipales, las dos grandes ciudades
del país, Quito y Guayaquil, le dieron la espalda a los candidatos oficialistas,
por lo que las presidenciales del próximo 19 de febrero presentan una
oportunidad de oro para dejar atrás de una vez por todas una larga noche
socialista que ha condenado a Ecuador a una década perdida.
Las encuestas
sitúan a Guillermo Lasso como el candidato de la oposición con
más opciones de
ganar en segunda vuelta. Pese a los ataques que le dirige el oficialismo y la
aparición de otras candidaturas de oposición que también están cargando contra
Lasso, el
exbanquero se ha erigido como el símbolo del cambio liberal en Ecuador.
Pronto sabremos si su candidatura logra el respaldo suficiente para abrir un
nuevo capítulo en la historia del pequeño país andino. Lo que está claro es que
el capítulo que se cierra, el de Correa, ha sido una pesadilla de la que muchos
ecuatorianos han empezado a despertar demasiado tarde.
ENLACE ARTÍCULO ORIGINAL: http://www.libremercado.com/2017-02-05/diego-sanchez-de-la-cruz-hasta-nunca-correa-el-desastre-economico-del-bolivarianismo-ecuatoriano-81305/
¿ES CIERTO QUE YA HUBO LIBERALISMO EN ARGENTINA?
Publicado
en 2 febrero,
2017 by Iván Carrino
Un lugar común en los debates es que las recetas liberales ya se probaron y fracasaron. En esta nota demostraré por qué es falso este planteo.
Un lugar común en los debates es que las recetas liberales ya se probaron y fracasaron. En esta nota demostraré por qué es falso este planteo.
Estudié ciencias económicas porque, a mis 18 años, quería entender más
acerca de cómo funcionaba el mundo y qué se podía hacer para cambiarlo.
Ya desde el colegio secundario me enganchaba en largos debates acerca
del modelo de país, del tipo de cambio, y si nuestras crisis económicas eran
culpa del estado o del mercado.
Más acá en el tiempo, todo sigue bastante similar. Argentina va de
crisis en crisis, y yo sigo debatiendo sobre economía con todo aquél que esté
listo para tener un intercambio respetuoso.
Mi punto de vista es bastante sencillo: dado que en el mundo los países
con mayor libertad económica son los que más prosperan, y dado que Argentina ha
hecho todo lo contrario en este sentido, propongo un país más libre con un
gobierno mucho más limitado en sus funciones.
Libertad cambiaria, bajos impuestos y apertura comercial están en esta
receta que podríamos llamar clásica o liberal.
Ahora siempre que propongo algo del estilo, no falta la persona que diga
con autoridad supina:
No, Iván. Eso ya se probó en Argentina y fracasó rotundamente.
No creo que haya habido reunión, medio de comunicación, o grupo de
whatsapp donde no me hayan lanzado alguna vez esta frase.
Evidentemente, ya forma parte del “imaginario popular”.
Es por eso que en lo que queda de esta nota me dedicaré a contestar esta
pregunta: ¿Es cierto que el liberalismo en Argentina se probó y
fracasó?
Vamos por partes. Lo primero que hay que responder es si, alguna vez en
la historia, existió algo cercano al liberalismo económico en el país.
La respuesta a esa pregunta es un rotundo SÍ.
Lo que queda por saber, entonces, es si durante la vigencia de ese sistema,
el país obtuvo malos resultados.
La respuesta a esta segunda parte de la pregunta es un rotundo NO.
En un post que ya debería ser un clásico de la “blogosfera”, el
economista sanjuanino Guillermo Sánchez ilustra con datos cómo evolucionó la
economía argentina durante la “Era Relativamente
Liberal”, que sitúa entre 1880 y 1913.
Durante esos años, el estado se mantuvo limitado (con un gasto promedio
del 8,8% del PBI), cumpliendo con lo que el preámbulo de la constitución
recomendaba: “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros,
para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar
el suelo argentino”.
En la época relativamente liberal, el país estaba abierto al comercio
internacional y a la inmigración, y salvo episodios puntuales (como la crisis
de 1890-91), la inflación se mantuvo baja y estable. Entre 1880 y 1913,
la inflación promedio fue un envidiable 1,6% anual.
Los resultados de este tipo de sistema económico son relatados por
Sánchez. El PBI durante esa época se multiplicó casi por 8, mientras que en
términos per cápita, con una inmigración que crecía a ritmos acelerados, se
multiplicó por 2 y medio.
Otro dato relevante es que el país vivió una verdadera industrialización
durante ese período. Guillermo Sánchez lo explica:
El sector industria manufacturera del PBI a precios del ‘93
aumentó como nunca jamás, un impresionante 1193% entre 1880 y 1913. El
componente industrial del PBI real se multiplicó por casi 13 (…) dejando en un
alejadísimo segundo lugar a la época intervencionista, con 202%. A pesar de la
sustitución de importaciones, a pesar del proteccionismo, a pesar del apoyo
estatal, etc…
Por último, también aumentó el salario real nada menos que 82%
entre 1880 y 1913. Gracias a la baja inflación y al constante aumento de la
productividad, los trabajadores argentinos estaban cada vez mejor.
A la luz de estos datos, la primera conclusión es sencilla: el
liberalismo sí se probó en Argentina en el pasado y fue un éxito total. De
hecho, comenzamos a caer cuando abandonamos ese camino.
Ahora bien, ¿Qué hay de los otros períodos supuestamente liberales
como 1976-1983 y 1989-2001?
La primera aclaración que hay que hacer aquí es que una
dictadura militar que niega derechos individuales básicos no debería ser
asimilada al liberalismo. La libertad es algo integral y no se limita solo
al ámbito de la empresa privada.
Yendo a lo económico, suele argumentarse que los militares de mediados
de los ’70 fueron “aperturistas”.
Es posible que haya habido menos trabas a la importación. Sin embargo,
en los datos no se verifica dicha apertura. En términos del PBI, las
importaciones en 1976 representaban el 8,3%, mientras que en 1983 pasaron a
representar el 7,0%. Esto está lejos de ser una “apertura
indiscriminada” a las importaciones.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que durante el período de la
dictadura, si bien el déficit fiscal se achicó dos años después del
“Rodrigazo”, fue creciendo todos los años, con un gasto público que superaba el
30% del PBI. Como resultado, la deuda pasó del 28,7% del PBI en 1976 al
64,2% en 1983.
Si a estos números le sumamos que el gobierno militar seguía siendo
dueño de todos los canales de televisión y numerosas empresas públicas, y que
tenía un sistema de tipo de cambio controlado similar al de
Kicillof, no podemos sostener que se trató de un gobierno liberal.
Durante la década del ‘90, la historia fue similar. Es cierto
que se tomaron buenas decisiones como privatizar empresas públicas e imponer un
sistema de caja de
conversión que terminó con la inflación. Sin embargo, el
déficit fiscal fue creciente y también el endeudamiento, lo que atrasó el tipo
de cambio real y complicó la competitividad del país.
Esto no quiere decir que el liberalismo haya fracasado, sino simplemente
que el déficit fiscal financiado con deuda es un arma peligrosa, algo que
ningún liberal discutirá. El liberalismo propone un estado limitado, bajo gasto
público y equilibrio fiscal. No déficit y endeudamiento.
Para terminar, vuelvo a la pregunta inicial: ¿Es cierto que el
liberalismo se probó en Argentina? Sí. ¿Es cierto que fracasó? De ninguna
manera.
Durante la era más liberal, el país creció y se convirtió en un faro de
atracción para los inmigrantes del mundo. Con otros modelos, el país cayó en la
decadencia y el atraso.
Por último, las experiencias históricas que muchos insisten en llamar
“liberales”, no tuvieron nada que ver con el liberalismo.
ENLACE ARTÍCULO ORIGINAL: http://inversor.global/2017/02/es-cierto-que-ya-se-probo-y-fracaso-el-liberalismo-en-argentina/
ENLACE ARTÍCULO ORIGINAL: http://inversor.global/2017/02/es-cierto-que-ya-se-probo-y-fracaso-el-liberalismo-en-argentina/
¿LA SUPERIORIDAD MORAL DEL SOCIALISMO?
Los
ciudadanos de América Latina, estamos contemplando el desplome de un proyecto
político revolucionario nacido en el Foro de Sao Paulo (fundado por el Partido
de los Trabajadores, en Brasil, 1990): “el Socialismo del siglo XXI”. Sus principales gobernantes, todos alineados
con la izquierda y el socialismo, se han visto envueltos en escándalos de
corrupción. El más reciente y sonado, el de su líder emblemático, Lula da
Silva, protegido a diestra y siniestra por su sucesora, Dilma Rousseff. A pesar de este ruidoso fracaso, hay quienes
(¿desconocimiento o mala fe?), insisten todavía en vendernos la idea de que “el
socialismo real es otra cosa y que esta vez será diferente”.
El
socialismo, es un sistema político que promueve una supuesta igualdad (de
resultados, más que de oportunidades) entre los seres humanos y que como hay un
sistema económico explotador y desigual, el capitalismo, hay que acabar con él
e instaurar un sistema popular y antiimperialista.
Los
ecuatorianos, en las próximas elecciones, deberíamos rechazar en las urnas a
este tipo de movimientos de izquierda, que pregonan la “recuperación del Estado
y el fin del neoliberalismo”, porque todos ellos lo que pretenden es: agrandar
el tamaño del Estado, para darle más espacio a la corrupción; y, que sus
gobernantes vivan como reyes, mientras sus pueblos sobreviven como mendigos.
¡No hay tal
superioridad moral del socialismo!, la realidad objetiva, acaba de demostrarlo,
porque mientras el empresario capitalista se enriquece trabajando y
produciendo, el audaz político socialista se enriquece robando y/o dilapidando
el dinero de los contribuyentes.
Pablo Zambrano Pontón
Enlace artículo original en Diario El Comercio: http://www.elcomercio.com/opinion/socialismo-americalatina-politica.html marzo 20, 2016
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