martes, 29 de mayo de 2012
Análisis Económico - Pablo Zambrano Pontón
sábado, 26 de mayo de 2012
Inversión no es gasto, aclaran autoridades
Jueves, 17 de Mayo de 2012 08:00 AÁT El Ciudadano
Los últimos cinco años han sido históricos en materia económica y social de acuerdo a las cifras reportadas por organismos internacionales e instituciones locales. Un informe del banco HSBC Global Research asegura que Ecuador escalará 15 puntos en el ranking económico mundial, ubicándose en el puesto 61, al aumentar su Producto Interno Bruto (PIB) de $ 24.000 millones en 2010 a $ 206.000 millones en 2050. El Gobierno tuvo que enfrentar la debacle financiera de Estados Unidos y sus repercusiones en Europa y América Latina en 2008, sin embargo, mantuvo la inversión, la protección social y controló la tasa inflacionaria. El Banco Mundial resaltó los planes que el Ejecutivo puso en marcha para enfrentar la crisis financiera internacional.
Un artículo de diario El Comercio, publicado el lunes 14 de mayo de 2012 titulado “Analistas advierten panorama económico más complicado si no hay cambios”, afirma que la situación económica del país no es muy alentadora, citando a los analistas Jaime Carrera, Vicente Albornoz y Mauricio Pozo. Gasto público Para Jaime Carrera, “en cinco años se ha gastado 110.000 millones de dólares y los resultados no han sido alentadores. Además, alerta que hay una sociedad menos competitiva”. Mientras que Mauricio Pozo, dijo: “es grave que el gasto público frente al PIB sea del 50% lo que puede abrir una burbuja igual que Grecia o Italia”. Según el Ministerio de Finanzas, el gasto total del Gobierno Central representó el 29,5% del PIB al cierre de 2011. En efecto, el PIB del país cerró 2011 en $ 65.945 millones, mientras que el gasto total del Gobierno Central cerró en $ 19.462 millones. El Ministerio descartó que el gasto del Gobierno sea excesivo. El gasto corriente del Gobierno en comparación con el PIB es de 16,6% (frente a un promedio de 19,5% para la región) y es más bajo que el de los países de Chile, Costa Rica, México, Uruguay y Brasil, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En cambio, el gasto de inversión de la actual administración es elevado lo cual es positivo, puesto que se financia la obra pública e infraestructura que permiten incrementar la productividad y dinamizan la economía. En el caso de que bajaran los ingresos del Gobierno (por ejemplo, debido a un descenso en el precio del petróleo) se podría reducir este gasto en capital sin afectar el gasto corriente, como el puntual pago de sueldos.
Respecto a la comparación de Ecuador con los países europeos, la cartera de Finanzas aclaró que la deuda pública de Ecuador es extremadamente baja y ha disminuido en comparación al PIB desde que inició el actual Gobierno. Por ejemplo, el nivel de Deuda/PIB de Grecia cerró 2011 en 165% (vs. 107% en 2007), mientras que el de Ecuador fue en 22% en 2011 frente al 31% en 2007. Desmentido a dependencia del petróleo Vicente Albornoz dice que “Ecuador es más dependiente y más adicto al petróleo en la actualidad que antes. Alerta que en el caso de caer el precio sería muy serio el impacto”. Finanzas califica de falsa la postura del analista, ya que “los ingresos tributarios han aumentado más rápido que los ingresos petroleros, a pesar del incremento del precio del petróleo”. En efecto, la principal fuente de financiamiento del Gobierno es el cobro de impuestos y tributos, representado en 2011 en un 55% de los ingresos totales (14,8% del PIB), mientras que los petroleros es un 38% de los ingresos totales (10,1% del PIB). Por otra parte, desde 2008, año en que la Ley de Recuperación de los Ingresos Petroleros fue aprobada (que permitió incluir dentro del presupuesto los ingresos petroleros excepcionales), las divisas por este rubro se han incrementado en 1,5% del PIB, mientras que los tributarios subieron un 2,7%. Crecimiento Según el analista Albornoz, “la caída de la pobreza fue mayor en el período anterior, del 2002 al 2006, que lo que hoy se reivindica del 9%”.
De acuerdo al Banco Central del Ecuador (BCE), el crecimiento de la economía fue ligeramente mayor en los 5 años que precedieron el actual Gobierno que en los 5 siguientes. Sin embargo, “esta comparación es altamente engañosa ya que se obvia el hecho de que Ecuador tuvo que hacer frente a los efectos de la peor crisis financiera global desde los años 1930 en el año 2009”. Si excluimos el año 2009 el crecimiento promedio de la economía del Ecuador fue en ambos casos de 5,2% en promedio. Las cifras del 2002-2006 se explican en parte por el fuerte aumento que hubo en 2004, año en el que entró a funcionar el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). Sin embargo, la subida del PIB petrolero del año 2004 no significó mayor ingreso disponible para la población, ya que, dado los contratos vigentes en esa época, la mayoría de la renta terminó en el extranjero. La pobreza en Ecuador se ubicó en 28,6% en diciembre de 2011, lo que representa una caída de nueve puntos porcentuales con respecto a 2006, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). La reducción significa que unas 930.000 personas salieron de la línea de pobreza en los últimos seis años. /ElTelégrafo
TOMADO DE LA EDICIÓN DIGITAL: EL CIUDADANO
COMENTARIO DEL AUTOR DE ESTE BLOG:
ASPECTOS POSITIVOS Hay aspectos positivos, indudablemente de este Gobierno. Uno de ellos, es haber elevado el monto de inversión pública. Si bien es cierto, la inversión no es gasto (en el lenguaje popular), técnicamente, en las cuentas nacionales, los economistas distinguimos entre: GASTO CORRIENTE y GASTO DE CAPITAL O DE INVERSIÓN. Y los dos, en términos macroeconómicos, son parte del GASTO PÚBLICO. En los cuatro años anteriores a este Gobierno (período 2002-2006). El gasto corriente (sueldos y salarios, publicidad, marcadores de pizarrón, gasas médicas, etc.) representaron el 80% del Gasto Público y el de Inversión (carreteras, puertos, aeropuertos, hidroeléctricas, refinerías, etc.), fueron del restante 20% de ese gasto público (G, en términos macroeconómicos).
En el período (2006-2010), el gasto corriente disminuyó al 70% y el gasto de inversión subió al 30% del total de gasto público. Toda esta información, usted la puede analizar en las Estadísticas del Banco Central del Ecuador y no son simple opinión mía, son datos reales, obtenidos de las estadísticas oficiales. Eso está muy bien. Aumentar el gasto de inversión y disminuir, el gasto corriente. Los ingresos, como bien se dice en este artículo, para financiar el gasto público (en Gasto Corriente y Gasto de Inversión), ha provenido de dos fuentes básicamente: ingresos petroleros e ingresos tributarios. Y los dos han crecido, representando importantes porcentajes para el Estado.
POR ESO NO HA EXISTIDO UN DÉFICIT IMPORTANTE PARA EL ECUADOR, que es lo que finalmente interesa, más que si el gasto público sube o baja. Según cifras oficiales, el déficit público se ubicó en 2011 en el 2% del PIB (para que el lector tenga una idea de esta cifra, simplemente le diré que el FMI y la Unión Europea recomiendan a sus países miembros, tener un déficit público que se ubique en el 3.5% del PIB, para que sea manejable, es decir, tolerable y si nuestro país tuvo un 2% como déficit público, quiere decir que estamos por debajo de lo que los organismos internacionales y entidades técnicas recomiendan). Respecto a que: "el Gobierno está sobreendeudando al país", por haber contraído créditos externos, que fundamentalmente van a ir a la generación hidroeléctrica y refinerías. Basta señalar que, en términos macroeconómicos, se considera técnicamente acertado no registrar una relación: deuda pública/PIB superior al 40% (como ya lo he señalado en múltiples ocasiones y entrevistas). El Ecuador, sin considerar los créditos chinos que ascienden a una cifra un poco superior a los 7 mil millones de dólares (7.200 para ser exactos), presenta una relación deuda pública /PIB del 22% (considerando que debemos al exterior 14 mil millones y nuestra producción interna de bienes y servicios finales es de 65 mil millones).
Tomando en cuenta, los créditos chinos (porque si son deuda a la final, aunque el Gobierno no lo quiera reconocer así), la relación deuda/PIB del Estado ecuatoriano es del 32%, es decir, todavía inferior al umbral del 40%, anteriormente señalado.
ASPECTOS A SER MEJORADOS
El consumo se ha incrementado, lo cual tiene sus aspectos positivos. Mayor demanda, hace que la producción local también aumente. Lo que no puede ser satisfecho por la producción interna, hay que importarlo. Y he aquí lo malo de un modelo basado sólo en el gasto público. Antes de la dolarización, los aumentos en G, se los satisfacía: imprimiendo más monedas y billetes, es decir, ordenándole al Banco Central del Ecuador, que fabrique más dinero. Más dinero y menos producción, genera inflación. ¿por qué?, porque se genera escasez, al haber menos cantidad de bienes y servicios, los precios se disparan. Imagínese por un momento que en un abrir y cerrar de ojos, toda la población tiene dinero en su bolsillo, esa gente va al mercado, a consumir, a demandar más mercancías. Como no existe la suficiente producción que los abastezca, la obvia consecuencia, es que si usted quiere el producto, esté dispuesto a pagar una mayor cantidad por él. Eso era antes de la dolarización. La dolarización, nos ha blindado de las tendencias populistas de los gobiernos de turno de financiar los déficits fiscales, monetizándolos, es decir, imprimiendo más dinero; porque ahora nuestro sistema monetario y financiero depende de los dólares que seamos capaces de captar, vía: exportaciones, créditos externos e inversiones directas nacionales y extranjeras. No hay otro mecanismo!
El modelo del Gobierno de la Revolución Ciudadana, personalmente lo califico como: Keynesiano en lo fiscal, Proteccionista en lo comercial y Monetarista en lo monetario (valga la redundancia). Analicemos detenidamente:
1) En lo fiscal, el Gobierno es Keynesiano. De allí el monto del Gasto Público (anterior período: 2002-2006, 24% del PIB. Actual período: 2007-2010, 40% del PIB), para los correístas (que deben estar sacándome los ojos ahorita mismo, puesto que no coinciden las cifras dadas por los medios públicos: El Ciudadano y El Telégrafo, simplemente decirles que no se enojen y que hagan un sencillo cálculo aritmético, dividiendo las cifras de la variable Gasto Público -que está en la Información Estadística Mensual a diciembre del 2011 publicada por el Banco Central del Ecuador- para el PIB Nominal o Corriente de cada año de los señalados). ¿Y es malo ser keynesiano?, de modo alguno, sólo que Keynes (el fundador de esta corriente) jamás dijo que una economía debe serlo por largos períodos de tiempo, de hecho sus ideas sirvieron y mucho para sacar a la economía mundial de la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX, cuando se necesitaba reactivar la economía y la manera de hacerlo, era que el Estado gaste más.
Otro detalle, los keynesianos (y sus detractores, los liberales extremos), también se olvidan que Keynes, era LIBERAL, discípulo de Alfred Marshall (un reputado neoclásico) y que no sólo sugirió un mayor gasto público, también recomendó: MENORES IMPUESTOS, ¿para qué? para reactivar la inversión privada, para que haya más producción y se genere más empleo. En conclusión, Keynes, fue un liberal con ideas intervencionistas esporádicas, cuando la economía lo necesite, en épocas recesivas y de poca demanda. Es muy popular la frase de Keynes: "en el largo plazo todos estaremos muertos", con lo cual intentó decir, que sus brillantes ideas servían (y muy bien), para cortos períodos de tiempo, porque no podemos vivir sólo de ESTADO, necesitamos también atraer inversión privada y eso se lo consigue, nos guste o no, integrándonos al mundo, a la globalización.
2) Es proteccionista en lo comercial. Porque trata de proteger la producción y el empleo de la población, cerrando las fronteras a las importaciones y no firmando tratados de libre comercio con EEUU y Europa (aunque éste último se lo está negociando con otro nombre). ¿Es malo ser proteccionista? de modo alguno, de hecho puede que algunos países lo hayan sido en cierto momento de su historia, sólo que a veces tendemos a olvidarnos que si países del tamaño de EEUU, Gran Bretaña o Brasil lo fueron, es porque no dependen en grado sumo de las importaciones. Son grandes países, que pueden darse ese lujo. Pero, países pequeños como: Perú, Colombia o Chile, por ejemplo, se han integrado al mundo, han abierto sus fronteras, han disminuido sus aranceles y, lo que tal vez han perdido por el lado comercial (y digo tal vez, porque el comercio exterior no es un juego de suma cero, es uno de: ganar-ganar), lo han ganado y con creces, por el lado de la inversión extranjera directa.
Miremos las cifras de la CEPAL en dólares 2011: Perú, 7.659 millones; Colombia, 13.234 millones y Chile, 17.300 millones. Ecuador, de su lado, apenas captó 567 millones. Está bien, digamos que esas son economías más grandes que la nuestra y que es improcedente hacer comparaciones con esos países. Costa Rica, 2.104 millones, Honduras, 1.014 millones; Guatemala, 985 millones; Nicaragua, 968 millones; y, Bolivia, 859 millones. Sólo El Salvador y Paraguay, captaron menos inversiones que nosotros: 386 y 149 millones de dólares, respectivamente. Uno de los mitos más comunes, es decir: "México, ha firmado tratados de libre comercio y no le ha ido bien. Ahora, hasta importan maíz". Puede que sí, que su maíz no haya sido competitivo y hayan tenido que quebrar productores mexicanos. No obstante, ese es el primer tiempo del partido. Y lo que "se olvidan", es que México, es el segundo país, detrás de Brasil, en captar IED a la región (según esas mismas cifras de la CEPAL). Así, Brasil captó $ 66.660 millones y México $ 19.440 millones de dólares.
¿Para qué sirve la inversión extranjera directa?, sirve básicamente para generar producción y sobretodo empleo de calidad. En países como los nuestros, donde no existe la suficiente capacidad de ahorro interno de la población, es necesario captar esa inversión del extranjero, porque eso es la inversión externa, ahorro proveniente de otras economías más disciplinadas y más desarrolladas que las nuestras. De lo contrario, habrá que invertir más por la vía del Estado y endeudarnos más, lo cual se lo puede hacer en el corto plazo; pero esta política, es insostenible en el mediano y largo plazo (la terminarán pagando las futuras generaciones). De allí entonces, la urgencia de replantear el modelo proteccionista, por uno más liberal; y firmar tratados de libre comercio, como ya lo han hecho nuestros vecinos: Colombia y Perú, de lo contrario, el Estado financiará ineficiencias productivas de los oferentes, a costa de los consumidores o demandantes (que somos la mayoría). Ya lo dijo Adam Smith: "Si en un país el costo de producir es más caro que importar. Habrá que importar", porque de lo contrario, existe lo que se denomina en Economía: "una pérdida del bienestar social".
3) Es monetarista en lo monetario. Es decir, en lo que tiene que ver con la emisión de dinero en la economía. Y lo es, contra su voluntad (en más de una ocasión lo hemos escuchado quejarse amargamente de la dolarización). La dolarización, blindó a la economía de: crisis políticas y de gobiernos que empleaban el Banco Central, como la caja chica del Estado. Esta política monetarista, es la más acertada de todos los Gobiernos que se han beneficiado de la mayor ventaja de la dolarización: el control de la inflación. Si nos fijamos en las estadísticas del INEC (que mide la inflación a través del IPC) y en los deflactores del PIB (otro de los métodos para calcular la inflación), vemos que esta inflación, a partir del 2003, es inferior a los dos dígitos (al 10%). Lo cual es positivo, pero requiere de mayor disciplina fiscal. Caso contrario, en pocos años más estaremos saliéndonos de ella, como ahora mismo al parecer, le va a tocar hacerlo a Grecia, con el Euro, la moneda común de los países que la integran.
CONCLUSIÓN El primer tiempo de este partido, al Gobierno le ha ido bastante bien en lo económico (y no tengo empacho en decirlo. Lo reconozco). Ha existido una conjunción "astral" de factores para ello: 1) altos precios internacionales del petróleo (que son factores exógenos, es decir, que no dependen de la voluntad del régimen); 2) mayor recaudación tributaria (que sí depende de la voluntad del régimen y lo han hecho bien); 3) financiamiento chino, en lugar de acudir a organismos financieros internacionales tradicionales como el FMI y BM, que imponen sus condiciones como cualquier Banco, para prestar dinero; el Gobierno, ha decidido acudir a China como su socio estratégico y ha conseguido 7.200 millones de dólares para sus proyectos de inversión pública: refinerías, hidroeléctricas, carreteras, metro de Quito, etc.
El segundo tiempo (y aquí me hago eco de las palabras de la Ministra Coordinadora, Janeth Sánchez, entrevistada por Andrés Carrión en Radio Armónica), es necesario, que dejen que la empresa privada sea la generadora de oportunidades para la población. El Estado ya lo hizo en el primer tiempo de este partido que estamos ganando, pero el partido todavía no termina.
Ahora, es necesario que el Estado asuma un rol más regulador, antes que interventor o planificador. Y para ello, por ejemplo, una de las medidas pragmáticas a tomarse sería por ejemplo: exonerar de impuestos, tasas, contribuciones y demás tarifas fiscales -estatales y seccionales- a todo emprendimiento productivo nuevo que se implante en el país a partir de ahora. Comenzando a cobrarse estos tributos, a partir del sexto año. Es decir, una exoneración tributaria y general, por un período de 5 años. ¿El Estado perdería recursos con esta medida? Probablemente, pero, y muy importante: Habrá dado una señal clara a la empresa privada de que las palabras de Janeth Sánchez, no son simplemente eso (palabras, que se las lleva el viento). Y permitiría atraer inversión directa tanto nacional como extranjera. No nos olvidemos que las tarifas impositivas alientan o desaniman a los emprendedores. Si se da un incentivo de esta clase, no tengo la menor duda: aumentará la inversión privada en el país.
Dicen ser Keynesianos y no Marxistas (Estatistas contumaces). Escuchen a Keynes, no sólo en lo del Gasto Público (G), disminuyan los impuestos (T) y capten una mayor inversión privada (Ip). Única fuente sostenible en el tiempo de mayor producción (PIB) y empleo. Ninguna sociedad ha podido vivir un largo tiempo, solamente basada en la maquinaria estatal. Aprendamos las lecciones de la historia!
Econ. Pablo Zambrano Pontón
CATEDRÁTICO, ESCRITOR Y ANALISTA ECONÓMICO
Sus excelentes, didácticos y prácticos libros: Microeconomía, Macroeconomía y Economía Internacional, los puedes encontrar en MR BOOKS, LIBRERÍA ESPAÑOLA Y ALMACÉN UNIVERSITARIO, o envíale un mail a pabli_zam@yahoo.es.
Los últimos cinco años han sido históricos en materia económica y social de acuerdo a las cifras reportadas por organismos internacionales e instituciones locales. Un informe del banco HSBC Global Research asegura que Ecuador escalará 15 puntos en el ranking económico mundial, ubicándose en el puesto 61, al aumentar su Producto Interno Bruto (PIB) de $ 24.000 millones en 2010 a $ 206.000 millones en 2050. El Gobierno tuvo que enfrentar la debacle financiera de Estados Unidos y sus repercusiones en Europa y América Latina en 2008, sin embargo, mantuvo la inversión, la protección social y controló la tasa inflacionaria. El Banco Mundial resaltó los planes que el Ejecutivo puso en marcha para enfrentar la crisis financiera internacional.
Un artículo de diario El Comercio, publicado el lunes 14 de mayo de 2012 titulado “Analistas advierten panorama económico más complicado si no hay cambios”, afirma que la situación económica del país no es muy alentadora, citando a los analistas Jaime Carrera, Vicente Albornoz y Mauricio Pozo. Gasto público Para Jaime Carrera, “en cinco años se ha gastado 110.000 millones de dólares y los resultados no han sido alentadores. Además, alerta que hay una sociedad menos competitiva”. Mientras que Mauricio Pozo, dijo: “es grave que el gasto público frente al PIB sea del 50% lo que puede abrir una burbuja igual que Grecia o Italia”. Según el Ministerio de Finanzas, el gasto total del Gobierno Central representó el 29,5% del PIB al cierre de 2011. En efecto, el PIB del país cerró 2011 en $ 65.945 millones, mientras que el gasto total del Gobierno Central cerró en $ 19.462 millones. El Ministerio descartó que el gasto del Gobierno sea excesivo. El gasto corriente del Gobierno en comparación con el PIB es de 16,6% (frente a un promedio de 19,5% para la región) y es más bajo que el de los países de Chile, Costa Rica, México, Uruguay y Brasil, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En cambio, el gasto de inversión de la actual administración es elevado lo cual es positivo, puesto que se financia la obra pública e infraestructura que permiten incrementar la productividad y dinamizan la economía. En el caso de que bajaran los ingresos del Gobierno (por ejemplo, debido a un descenso en el precio del petróleo) se podría reducir este gasto en capital sin afectar el gasto corriente, como el puntual pago de sueldos.
Respecto a la comparación de Ecuador con los países europeos, la cartera de Finanzas aclaró que la deuda pública de Ecuador es extremadamente baja y ha disminuido en comparación al PIB desde que inició el actual Gobierno. Por ejemplo, el nivel de Deuda/PIB de Grecia cerró 2011 en 165% (vs. 107% en 2007), mientras que el de Ecuador fue en 22% en 2011 frente al 31% en 2007. Desmentido a dependencia del petróleo Vicente Albornoz dice que “Ecuador es más dependiente y más adicto al petróleo en la actualidad que antes. Alerta que en el caso de caer el precio sería muy serio el impacto”. Finanzas califica de falsa la postura del analista, ya que “los ingresos tributarios han aumentado más rápido que los ingresos petroleros, a pesar del incremento del precio del petróleo”. En efecto, la principal fuente de financiamiento del Gobierno es el cobro de impuestos y tributos, representado en 2011 en un 55% de los ingresos totales (14,8% del PIB), mientras que los petroleros es un 38% de los ingresos totales (10,1% del PIB). Por otra parte, desde 2008, año en que la Ley de Recuperación de los Ingresos Petroleros fue aprobada (que permitió incluir dentro del presupuesto los ingresos petroleros excepcionales), las divisas por este rubro se han incrementado en 1,5% del PIB, mientras que los tributarios subieron un 2,7%. Crecimiento Según el analista Albornoz, “la caída de la pobreza fue mayor en el período anterior, del 2002 al 2006, que lo que hoy se reivindica del 9%”.
De acuerdo al Banco Central del Ecuador (BCE), el crecimiento de la economía fue ligeramente mayor en los 5 años que precedieron el actual Gobierno que en los 5 siguientes. Sin embargo, “esta comparación es altamente engañosa ya que se obvia el hecho de que Ecuador tuvo que hacer frente a los efectos de la peor crisis financiera global desde los años 1930 en el año 2009”. Si excluimos el año 2009 el crecimiento promedio de la economía del Ecuador fue en ambos casos de 5,2% en promedio. Las cifras del 2002-2006 se explican en parte por el fuerte aumento que hubo en 2004, año en el que entró a funcionar el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). Sin embargo, la subida del PIB petrolero del año 2004 no significó mayor ingreso disponible para la población, ya que, dado los contratos vigentes en esa época, la mayoría de la renta terminó en el extranjero. La pobreza en Ecuador se ubicó en 28,6% en diciembre de 2011, lo que representa una caída de nueve puntos porcentuales con respecto a 2006, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). La reducción significa que unas 930.000 personas salieron de la línea de pobreza en los últimos seis años. /ElTelégrafo
TOMADO DE LA EDICIÓN DIGITAL: EL CIUDADANO
COMENTARIO DEL AUTOR DE ESTE BLOG:
ASPECTOS POSITIVOS Hay aspectos positivos, indudablemente de este Gobierno. Uno de ellos, es haber elevado el monto de inversión pública. Si bien es cierto, la inversión no es gasto (en el lenguaje popular), técnicamente, en las cuentas nacionales, los economistas distinguimos entre: GASTO CORRIENTE y GASTO DE CAPITAL O DE INVERSIÓN. Y los dos, en términos macroeconómicos, son parte del GASTO PÚBLICO. En los cuatro años anteriores a este Gobierno (período 2002-2006). El gasto corriente (sueldos y salarios, publicidad, marcadores de pizarrón, gasas médicas, etc.) representaron el 80% del Gasto Público y el de Inversión (carreteras, puertos, aeropuertos, hidroeléctricas, refinerías, etc.), fueron del restante 20% de ese gasto público (G, en términos macroeconómicos).
En el período (2006-2010), el gasto corriente disminuyó al 70% y el gasto de inversión subió al 30% del total de gasto público. Toda esta información, usted la puede analizar en las Estadísticas del Banco Central del Ecuador y no son simple opinión mía, son datos reales, obtenidos de las estadísticas oficiales. Eso está muy bien. Aumentar el gasto de inversión y disminuir, el gasto corriente. Los ingresos, como bien se dice en este artículo, para financiar el gasto público (en Gasto Corriente y Gasto de Inversión), ha provenido de dos fuentes básicamente: ingresos petroleros e ingresos tributarios. Y los dos han crecido, representando importantes porcentajes para el Estado.
POR ESO NO HA EXISTIDO UN DÉFICIT IMPORTANTE PARA EL ECUADOR, que es lo que finalmente interesa, más que si el gasto público sube o baja. Según cifras oficiales, el déficit público se ubicó en 2011 en el 2% del PIB (para que el lector tenga una idea de esta cifra, simplemente le diré que el FMI y la Unión Europea recomiendan a sus países miembros, tener un déficit público que se ubique en el 3.5% del PIB, para que sea manejable, es decir, tolerable y si nuestro país tuvo un 2% como déficit público, quiere decir que estamos por debajo de lo que los organismos internacionales y entidades técnicas recomiendan). Respecto a que: "el Gobierno está sobreendeudando al país", por haber contraído créditos externos, que fundamentalmente van a ir a la generación hidroeléctrica y refinerías. Basta señalar que, en términos macroeconómicos, se considera técnicamente acertado no registrar una relación: deuda pública/PIB superior al 40% (como ya lo he señalado en múltiples ocasiones y entrevistas). El Ecuador, sin considerar los créditos chinos que ascienden a una cifra un poco superior a los 7 mil millones de dólares (7.200 para ser exactos), presenta una relación deuda pública /PIB del 22% (considerando que debemos al exterior 14 mil millones y nuestra producción interna de bienes y servicios finales es de 65 mil millones).
Tomando en cuenta, los créditos chinos (porque si son deuda a la final, aunque el Gobierno no lo quiera reconocer así), la relación deuda/PIB del Estado ecuatoriano es del 32%, es decir, todavía inferior al umbral del 40%, anteriormente señalado.
ASPECTOS A SER MEJORADOS
El consumo se ha incrementado, lo cual tiene sus aspectos positivos. Mayor demanda, hace que la producción local también aumente. Lo que no puede ser satisfecho por la producción interna, hay que importarlo. Y he aquí lo malo de un modelo basado sólo en el gasto público. Antes de la dolarización, los aumentos en G, se los satisfacía: imprimiendo más monedas y billetes, es decir, ordenándole al Banco Central del Ecuador, que fabrique más dinero. Más dinero y menos producción, genera inflación. ¿por qué?, porque se genera escasez, al haber menos cantidad de bienes y servicios, los precios se disparan. Imagínese por un momento que en un abrir y cerrar de ojos, toda la población tiene dinero en su bolsillo, esa gente va al mercado, a consumir, a demandar más mercancías. Como no existe la suficiente producción que los abastezca, la obvia consecuencia, es que si usted quiere el producto, esté dispuesto a pagar una mayor cantidad por él. Eso era antes de la dolarización. La dolarización, nos ha blindado de las tendencias populistas de los gobiernos de turno de financiar los déficits fiscales, monetizándolos, es decir, imprimiendo más dinero; porque ahora nuestro sistema monetario y financiero depende de los dólares que seamos capaces de captar, vía: exportaciones, créditos externos e inversiones directas nacionales y extranjeras. No hay otro mecanismo!
El modelo del Gobierno de la Revolución Ciudadana, personalmente lo califico como: Keynesiano en lo fiscal, Proteccionista en lo comercial y Monetarista en lo monetario (valga la redundancia). Analicemos detenidamente:
1) En lo fiscal, el Gobierno es Keynesiano. De allí el monto del Gasto Público (anterior período: 2002-2006, 24% del PIB. Actual período: 2007-2010, 40% del PIB), para los correístas (que deben estar sacándome los ojos ahorita mismo, puesto que no coinciden las cifras dadas por los medios públicos: El Ciudadano y El Telégrafo, simplemente decirles que no se enojen y que hagan un sencillo cálculo aritmético, dividiendo las cifras de la variable Gasto Público -que está en la Información Estadística Mensual a diciembre del 2011 publicada por el Banco Central del Ecuador- para el PIB Nominal o Corriente de cada año de los señalados). ¿Y es malo ser keynesiano?, de modo alguno, sólo que Keynes (el fundador de esta corriente) jamás dijo que una economía debe serlo por largos períodos de tiempo, de hecho sus ideas sirvieron y mucho para sacar a la economía mundial de la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX, cuando se necesitaba reactivar la economía y la manera de hacerlo, era que el Estado gaste más.
Otro detalle, los keynesianos (y sus detractores, los liberales extremos), también se olvidan que Keynes, era LIBERAL, discípulo de Alfred Marshall (un reputado neoclásico) y que no sólo sugirió un mayor gasto público, también recomendó: MENORES IMPUESTOS, ¿para qué? para reactivar la inversión privada, para que haya más producción y se genere más empleo. En conclusión, Keynes, fue un liberal con ideas intervencionistas esporádicas, cuando la economía lo necesite, en épocas recesivas y de poca demanda. Es muy popular la frase de Keynes: "en el largo plazo todos estaremos muertos", con lo cual intentó decir, que sus brillantes ideas servían (y muy bien), para cortos períodos de tiempo, porque no podemos vivir sólo de ESTADO, necesitamos también atraer inversión privada y eso se lo consigue, nos guste o no, integrándonos al mundo, a la globalización.
2) Es proteccionista en lo comercial. Porque trata de proteger la producción y el empleo de la población, cerrando las fronteras a las importaciones y no firmando tratados de libre comercio con EEUU y Europa (aunque éste último se lo está negociando con otro nombre). ¿Es malo ser proteccionista? de modo alguno, de hecho puede que algunos países lo hayan sido en cierto momento de su historia, sólo que a veces tendemos a olvidarnos que si países del tamaño de EEUU, Gran Bretaña o Brasil lo fueron, es porque no dependen en grado sumo de las importaciones. Son grandes países, que pueden darse ese lujo. Pero, países pequeños como: Perú, Colombia o Chile, por ejemplo, se han integrado al mundo, han abierto sus fronteras, han disminuido sus aranceles y, lo que tal vez han perdido por el lado comercial (y digo tal vez, porque el comercio exterior no es un juego de suma cero, es uno de: ganar-ganar), lo han ganado y con creces, por el lado de la inversión extranjera directa.
Miremos las cifras de la CEPAL en dólares 2011: Perú, 7.659 millones; Colombia, 13.234 millones y Chile, 17.300 millones. Ecuador, de su lado, apenas captó 567 millones. Está bien, digamos que esas son economías más grandes que la nuestra y que es improcedente hacer comparaciones con esos países. Costa Rica, 2.104 millones, Honduras, 1.014 millones; Guatemala, 985 millones; Nicaragua, 968 millones; y, Bolivia, 859 millones. Sólo El Salvador y Paraguay, captaron menos inversiones que nosotros: 386 y 149 millones de dólares, respectivamente. Uno de los mitos más comunes, es decir: "México, ha firmado tratados de libre comercio y no le ha ido bien. Ahora, hasta importan maíz". Puede que sí, que su maíz no haya sido competitivo y hayan tenido que quebrar productores mexicanos. No obstante, ese es el primer tiempo del partido. Y lo que "se olvidan", es que México, es el segundo país, detrás de Brasil, en captar IED a la región (según esas mismas cifras de la CEPAL). Así, Brasil captó $ 66.660 millones y México $ 19.440 millones de dólares.
¿Para qué sirve la inversión extranjera directa?, sirve básicamente para generar producción y sobretodo empleo de calidad. En países como los nuestros, donde no existe la suficiente capacidad de ahorro interno de la población, es necesario captar esa inversión del extranjero, porque eso es la inversión externa, ahorro proveniente de otras economías más disciplinadas y más desarrolladas que las nuestras. De lo contrario, habrá que invertir más por la vía del Estado y endeudarnos más, lo cual se lo puede hacer en el corto plazo; pero esta política, es insostenible en el mediano y largo plazo (la terminarán pagando las futuras generaciones). De allí entonces, la urgencia de replantear el modelo proteccionista, por uno más liberal; y firmar tratados de libre comercio, como ya lo han hecho nuestros vecinos: Colombia y Perú, de lo contrario, el Estado financiará ineficiencias productivas de los oferentes, a costa de los consumidores o demandantes (que somos la mayoría). Ya lo dijo Adam Smith: "Si en un país el costo de producir es más caro que importar. Habrá que importar", porque de lo contrario, existe lo que se denomina en Economía: "una pérdida del bienestar social".
3) Es monetarista en lo monetario. Es decir, en lo que tiene que ver con la emisión de dinero en la economía. Y lo es, contra su voluntad (en más de una ocasión lo hemos escuchado quejarse amargamente de la dolarización). La dolarización, blindó a la economía de: crisis políticas y de gobiernos que empleaban el Banco Central, como la caja chica del Estado. Esta política monetarista, es la más acertada de todos los Gobiernos que se han beneficiado de la mayor ventaja de la dolarización: el control de la inflación. Si nos fijamos en las estadísticas del INEC (que mide la inflación a través del IPC) y en los deflactores del PIB (otro de los métodos para calcular la inflación), vemos que esta inflación, a partir del 2003, es inferior a los dos dígitos (al 10%). Lo cual es positivo, pero requiere de mayor disciplina fiscal. Caso contrario, en pocos años más estaremos saliéndonos de ella, como ahora mismo al parecer, le va a tocar hacerlo a Grecia, con el Euro, la moneda común de los países que la integran.
CONCLUSIÓN El primer tiempo de este partido, al Gobierno le ha ido bastante bien en lo económico (y no tengo empacho en decirlo. Lo reconozco). Ha existido una conjunción "astral" de factores para ello: 1) altos precios internacionales del petróleo (que son factores exógenos, es decir, que no dependen de la voluntad del régimen); 2) mayor recaudación tributaria (que sí depende de la voluntad del régimen y lo han hecho bien); 3) financiamiento chino, en lugar de acudir a organismos financieros internacionales tradicionales como el FMI y BM, que imponen sus condiciones como cualquier Banco, para prestar dinero; el Gobierno, ha decidido acudir a China como su socio estratégico y ha conseguido 7.200 millones de dólares para sus proyectos de inversión pública: refinerías, hidroeléctricas, carreteras, metro de Quito, etc.
El segundo tiempo (y aquí me hago eco de las palabras de la Ministra Coordinadora, Janeth Sánchez, entrevistada por Andrés Carrión en Radio Armónica), es necesario, que dejen que la empresa privada sea la generadora de oportunidades para la población. El Estado ya lo hizo en el primer tiempo de este partido que estamos ganando, pero el partido todavía no termina.
Ahora, es necesario que el Estado asuma un rol más regulador, antes que interventor o planificador. Y para ello, por ejemplo, una de las medidas pragmáticas a tomarse sería por ejemplo: exonerar de impuestos, tasas, contribuciones y demás tarifas fiscales -estatales y seccionales- a todo emprendimiento productivo nuevo que se implante en el país a partir de ahora. Comenzando a cobrarse estos tributos, a partir del sexto año. Es decir, una exoneración tributaria y general, por un período de 5 años. ¿El Estado perdería recursos con esta medida? Probablemente, pero, y muy importante: Habrá dado una señal clara a la empresa privada de que las palabras de Janeth Sánchez, no son simplemente eso (palabras, que se las lleva el viento). Y permitiría atraer inversión directa tanto nacional como extranjera. No nos olvidemos que las tarifas impositivas alientan o desaniman a los emprendedores. Si se da un incentivo de esta clase, no tengo la menor duda: aumentará la inversión privada en el país.
Dicen ser Keynesianos y no Marxistas (Estatistas contumaces). Escuchen a Keynes, no sólo en lo del Gasto Público (G), disminuyan los impuestos (T) y capten una mayor inversión privada (Ip). Única fuente sostenible en el tiempo de mayor producción (PIB) y empleo. Ninguna sociedad ha podido vivir un largo tiempo, solamente basada en la maquinaria estatal. Aprendamos las lecciones de la historia!
Econ. Pablo Zambrano Pontón
CATEDRÁTICO, ESCRITOR Y ANALISTA ECONÓMICO
Sus excelentes, didácticos y prácticos libros: Microeconomía, Macroeconomía y Economía Internacional, los puedes encontrar en MR BOOKS, LIBRERÍA ESPAÑOLA Y ALMACÉN UNIVERSITARIO, o envíale un mail a pabli_zam@yahoo.es.
sábado, 19 de mayo de 2012
EL SOCIALISMO MARXISTA Y LA SOCIALDEMOCRACIA, ¿SON LO MISMO?
El socialismo marxista, es una ideología política, que defiende un sistema social o comunitario, donde la economía se basa en la socialización (estatización) de los medios de producción (así, en oposición a la propiedad privada, ellos hablan de la “propiedad social, común o colectiva”, de allí el término socialistas comunistas o colectivistas). Sus defensores, se caracterizan por su feroz crítica al capitalismo (tanto al liberal clásico como al interventor keynesiano. A Keynes, muchos de ellos lo consideran: “un revisionista”).
Es un término relacionado con el establecimiento de una clase trabajadora organizada, creada mediante un proceso revolucionario, que instaure lo que ellos utópica y teóricamente denominan: “la dictadura del proletariado”. En la práctica, eso más bien se convirtió: “en la dictadura del Estado”. Entidad ubicada por encima de las familias y de las personas. Esclavizadas por funcionarios públicos represivos y autoritarios; en nombre del “bien común” y de la “lucha de clases”: entre los “pérfidos” burgueses o capitalistas (los dueños de los medios de producción) y los “angelicales” obreros o proletariados (desposeídos de los medios de producción, que tienen que vender su fuerza de trabajo, a cambio de un “mísero” salario).
Sin embargo, dado su estrepitoso fracaso a escala mundial (no lo digo sólo yo, lo señala la historia; porque se cayó en Alemania Oriental en 1989, en la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS –, en Europa del Este en 1991, y ahora mismo está por caerse en Cuba, 2012), se les dice socialistas, en la actualidad, a los socialdemócratas. Quienes defienden la propiedad privada, con medidas sociales de justicia redistributiva. Es decir, la socialdemocracia, trata de reducir las diferencias económicas entre las diferentes clases sociales. Los gobiernos socialdemócratas, tienen medidas para redistribuir la riqueza; por ejemplo, a las personas de clase alta (los que poseen más riquezas/dinero que la media de la población) se les exige pagar mayores impuestos que a la media poblacional, con el fin de distribuir la riqueza en la sociedad y ofrecer o facilitar oportunidades, a individuos de menor clase social que no las podrían disfrutar. Los socialdemócratas con tendencias liberales, creen en la economía de mercado, pero consideran además que el Estado es el llamado a resolver los problemas sociales derivados de la distribución del ingreso y la riqueza. Por eso, hay socialistas que confían en el mercado (socialdemócratas) y otros que despotrican en contra del mercado (marxistas).
En este sentido, al Liberalismo social, se lo podría considerar como parte de la socialdemocracia, siempre y cuando se coloque en primer lugar a la economía por sobre los aspectos sociales y políticos; porque hay socialdemócratas que intentan ubicar a la sociología y a la política, por encima de la economía y eso tampoco ha dado resultado en la práctica: ¡Sin recursos económicos, es muy difícil ser solidario! Por tanto, el significado dado al socialismo es muy amplio. Por un lado tenemos el marxista, colectivista, estado céntrico o de partido único; cuyo esquema es el de políticas económicas intervencionistas o en extremo estatistas, como sucede en Cuba, Corea del Norte y actualmente también en Venezuela. País éste último, donde recientemente han existido muchas violaciones en contra de la propiedad privada, de la libertad de expresión y del mercado; que han hecho de esta nación sudamericana, una nueva sucursal cubana en la subregión (la primera fue Chile en la década de 1970, durante el régimen marxista de Salvador Allende). No obstante, habrá que ver más adelante si cambia o no el panorama de Venezuela, luego de las declaraciones de Fidel Castro el 8 de septiembre del 2010, cuando dijo que su “modelo”, ya no funciona ni para ellos, peor para exportarlo; y, especialmente después de que la oposición venezolana se consolide como una nueva fuerza política en la Asamblea. Y por otro, está la socialdemocracia, que respeta la propiedad privada, la libertad de expresión, la libre empresa, la libre competencia, en fin; pero que además, tiene adecuadas políticas redistributivas, a través de subsidios e impuestos directos, que benefician a los estratos populares y gravan con mayores impuestos, a quienes están en la real posibilidad de pagarlos.
Según el sociólogo alemán (inventor del socialismo del siglo XXI) Heinz Dieterich, “Los gobiernos socialistas en América Latina, son más bien intentos de aplicación contemporánea de las políticas de la economía social de mercado” (Liberalismo social). Al parecer, se refiere a las social democracias de Lula en Brasil y de su antecesor Fernando H. Cardoso; de Frei, Lagos, Bachelet, y de la Concertación en Chile; de Tabaré Vásquez en Uruguay (Mujica, hoy) y de Alan García y Ollanta Humala, en Perú. Quienes, siendo gobiernos políticamente originarios de la centroizquierda o incluso ex marxistas “conversos”, aceptan la economía liberal de mercado, con amplias coberturas sociales para la población más necesitada de sus respectivos países, haciéndole ver al mundo y al resto de la región, que ¡sí es posible compatibilizar la libertad económica, con la necesaria solidaridad social!, que estas dos cosas: libertad y solidaridad, no son mutuamente excluyentes, son perfectamente compatibles y complementarias.
Fernando Henrique Cardoso, por ejemplo, se declara socialdemócrata y fue el primer Presidente del Brasil, que se interesó en los pobres de manera real, inaugurando un modelo de asistencia pública de una altísima efectividad concreta. Así, conocedor de que la gran miseria del gigante sudamericano, es explicada por la ignorancia y el analfabetismo, concedió subvenciones financieras a las madres de familia, con la condición de que éstas escolaricen a sus hijos. Después Lula (contra todo pronóstico, dado su pasado marxista y sindicalista), continuó con las políticas liberales socialmente responsables de Cardoso, otorgándole independencia al Banco Central, estabilizando la moneda, abriéndose al mercado, privatizando entidades estatales ineficientes y monopólicas, dándole importancia a la transparencia fiscal y manteniendo la política denominada “ayuda condicional a las familias”.
En el enlace digital (http://e-pesimo.blogspot.com/2008/11/mercados-de-la-mano-invisible-de-adam.html), se lee: “Pese a su fuerza y repercusión, el marxismo no fue, sin embargo, la única respuesta a la revolución industrial y el desarrollo mundial del siglo XIX. Hubo una vertiente más light: el socialismo democrático (o simplemente, “socialismo”). Ya sea en su vertiente inglesa (los fabianos, herederos de una tradición mixta entre socialistas utópicos y las teorías de David Ricardo), como en la continental. Tanto unas como otras, parten de una premisa: Smith se equivocaba. Los mercados no pueden y no deben regularse solos. Es necesaria la intervención estatal, porque la utopía de que la búsqueda del interés personal conduce al bien general, es una falacia. Lo que se necesita es un regulador, un planificador, que coordine la economía para paliar las inevitables injusticias. El socialismo busca la redistribución de la riqueza mediante el lema «de a cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades». En el siglo XX, y salvo en unos cuantos lugares, la máxima que triunfó fue ésta, pero sin la ortodoxia del marxismo. Hubo quien, como Ludwig von Mises, anticipó a principios de la década de 1920 la imposibilidad del cálculo económico en las sociedades socialistas. Pero ya antes, algunos críticos desde dentro, como Eduard Bernstein, abogaron por un revisionismo de los socialistas clásicos (Marx) para adaptarlo a la realidad. Lo que dio lugar a la socialdemocracia y al socialcristianismo, especialmente tras la encíclica Rerum Novarum del papa Leon XII en 1891”.
En contraste con la socialdemocracia, para el marxismo, el socialismo es considerado la fase previa al comunismo, por ello los procesos revolucionarios vividos por la ex URSS, Corea del Norte, la Cuba Castrista y la China Maoísta, se relacionan con esta doctrina. Los únicos sobrevivientes actuales del marxismo son: Cuba y Corea del Norte; pues la URSS fue desintegrada y en la China se ha pasado del comunismo al consumismo y al capitalismo económico (en lo político, siguen siendo marxistas). Para los marxistas, el socialismo implica una sociedad altamente igualitaria y solidaria, sobre la base de la democracia obrera y la propiedad social sobre los medios de producción, haciendo hincapié en un fuerte desarrollo productivo y cultural, con una economía planificada; capaz de suplir holgadamente las principales necesidades mayoritarias. Un rasgo distintivo de los socialistas-comunistas, es tratar de superar el sistema capitalista. Porque ellos lo ven como la raíz de todos los males. En este sentido, no es lo mismo un socialdemócrata que un comunista, porque el primero trata de que haya una mejor redistribución del ingreso y la riqueza, a través de mecanismos concretos como son las reformas tributarias, por ejemplo; mientras que los segundos, quieren implantar un sistema socialista, con un Estado hiperactivo e intervencionista, como paso previo al comunismo. Donde el Estado (luego de que haya cumplido su papel en el socialismo), junto con la explotación del hombre por el hombre, en su opinión teórica, al fin desaparezcan.
Sebastián Hurtado Pérez, columnista de Diario El Comercio de Quito-Ecuador, señala: …“algunos erróneamente califican de comunistas a ciertas naciones, sin tomar en cuenta que comunismo es un sistema económico utópico que nunca ha sido aplicado en ninguna parte del mundo…” (Fuente: www.elcomercio.com).
No obstante la opinión de este economista, cabe señalar, que es hacia allá, a donde pretenden ir los socialistas más radicales, a la construcción del socialismo, como fase previa al comunismo. Por tanto, el que no se lo haya aplicado nunca, no significa de modo alguno, que ciertos soñadores se hayan olvidado de las igualitarias tesis marxistas y que jamás las intenten poner nuevamente en vigor, con los tristes resultados prácticos que todos conocemos (incluso los socialistas marxistas saben que no ha funcionado el socialismo en el ámbito económico, no obstante lo justifican diciendo que no ha sido implantado en la forma recomendada por Carlos Marx, o que no fue Trotsky el que lo impusiera en la ex URSS, sino Stalin, o culpan del atraso cubano al embargo norteamericano, etc.) Siempre lo pretenderán hacer, mientras tengan el pretexto de la desigualdad capitalista, de las fallas del mercado, de los normales ciclos económicos, en fin; que sin duda existen, pero para eso están los impuestos y los subsidios directos: para humanizar al capitalismo y dotarlo de contenido social.
Así pues, el Liberalismo social en la práctica, ha demostrado ser el menos pernicioso y dañino modelo que existe; porque partiendo de la economía de mercado, del sistema de precios y de la libertad económica de los individuos emprendedores, que se arriesgan a exponer su capital en un negocio: redistribuye la riqueza, por la vía de un Estado, solidario únicamente, con los pobres y excluidos del sistema, es decir, con quienes verdaderamente lo necesitan. El mundo contemporáneo, se enfrenta ahora a una nueva plaga, repleta de credo o fanatismo, el denominado ambientalismo extremo, que culpa de todos los males al liberalismo, en el sentido de que al ser éste un modelo probado de desarrollo (ellos así lo reconocen), estaría destruyendo al planeta, lo que sin duda alguna, también es una exageración y un peligroso dogma ideológico, puesto que las mismas sociedades libres a través de nuevas invenciones, generadas en ambientes institucionales de libertad y solidaridad, van creando las suficientes medidas de mitigación, como para remediar este problema.
Volviendo al socialismo marxista (pariente cercano del ambientalismo extremo), se escuchó en los noticieros ecuatorianos una voz con acento boliviano en la cumbre del ALBA en Otavalo el 24 de junio del 2010: “En el capitalismo te pagan para que trabajes, para mantener la explotación capitalista. En el socialismo, tú trabajas por convicción, sin que nadie te obligue”, que suena bonito, pero es poco pragmático y efectivo en la realidad, o si no preguntémosles a los cubanos, cuyo salario promedio es de 10 dólares por mes. Un maestro en Cuba gana 9 dólares y 60 centavos por mes; un ingeniero, 14 dólares con 40 centavos y un médico, 27 dólares por mes.
Andrés Oppenheimer, a propósito de las remuneraciones en Cuba señala: “En teoría, el régimen cubano provee a la población de alimentos subsidiados y cuidados médicos gratuitos que no existen en otros países y que deben ser tomados en cuenta en cualquier comparación salarial. Pero cualquiera que haya visitado Cuba sabe que la tarjeta alimentaria no cubre más que las necesidades mínimas para una semana por mes y que los servicios médicos a menudo sólo funcionan en los hospitales para turistas (…)”.
Así que estimado amigo boliviano, sería bueno que nos diga desde su visión ideológica: ¿Por qué se cayó el muro de Berlín? ¿Por qué ya no existe socialismo en la ex URSS? ¿Por qué Rusia, China e India decidieron aplicar el capitalismo liberal en lo económico?, amigo, con todo afecto y respeto, el socialismo comunista no funcionó simplemente por su tiranía de Estado, por despreciar a la propiedad privada, a la libertad económica; por ser solidario, sólo con una elite del partido comunista (con la clase dirigente); porque en la práctica, según el “Libro Rojo del Comunismo”, este sistema le costó al mundo, entre paredón y disidentes, más de 100 millones de muertos, que fueron víctimas inocentes, por pensar diferente y querer ser libres. El comunismo, suena bonito en teoría, pero es poco realista en la praxis: un mundo donde todos seamos iguales, nada individualistas y muy solidarios. ¿No sería preferible, un mundo donde no haya desigualdades sociales, con igualdad de oportunidades para todos… donde seamos más prósperos y felices, porque así lo hemos decidido individualmente, no porque así lo haya impuesto o decretado un “comité de burócratas”?, porque hay que decirlo claramente, detrás de ese Estado, hay personas concretas, decidiendo nuestro futuro (con intereses particulares e individualistas también). A casi nadie le gustaría, que algún oficinista le venga a decir qué es justo y qué no lo es, qué productos consumir y cuáles no, qué programas de televisión mirar y cuáles no, en fin… Los pueblos desarrollados prefieren la libertad y el Liberalismo social, porque éste con los defectos propios que tiene, por ser un invento de la civilización humana, es mejor que la planificación centralizada y el comunismo. ¡Qué sonarán muy bien en teoría! (de hecho el paraíso cristiano debe ser así), pero no toman en cuenta que al ser dirigido por seres humanos movidos por sus propios intereses en el sector público y no por arcángeles: está condenado al fracaso, porque si habría sido un modo de producción beneficioso para la humanidad, todavía seguiría en pie en la ex URSS, en China y en los países de Europa del Este. En Cuba, por ejemplo, el socialismo vive sus horas de agonía, se encuentra en estado vegetativo, con respiración artificial, a la espera de que su gobierno marxista, le retire el tubo de oxígeno.
Los socialistas extremos, proponen además, la desaparición del dinero, al cual lo ven como un instrumento de injusticia e inequidad “social”. La pregunta aquí es: ¿Con qué será de realizar el intercambio?, será tal vez con piedras, con animales, con espejos, con sal, en fin. En palabras simples, pretenderían que la sociedad humana involucione a la edad de la “piedra”, es decir, retorne al arcaico sistema del trueque, que es característico de las sociedades atrasadas y de los países que sufren crisis económicas (acordémonos los ecuatorianos cuando después de la estanflación de 1999, empezamos a emplear el trueque, por la desconfianza en el Sucre). El trueque tiene dos inconvenientes: 1) La imposibilidad de conocer el valor monetario del bien o servicio a ser intercambiado, porque nadie cambia algo que sea exactamente del mismo valor (o usted ha ido al mercado a cambiar un billete de un dólar, vez tras vez), pues éste es un concepto subjetivo, que depende de la escasez (menor oferta y mayor demanda), como lo demostraron claramente los economistas marginalistas; y 2) la mutua coincidencia de necesidades, es decir, para que usted intercambie algo conmigo, usted debe necesitar el producto mío y yo también el suyo, lo cual no siempre es así. No debemos esperar todo del Estado y aportar con nuestro granito de arena al desarrollo nacional. El socialismo comunista es totalitario y estatizante por definición, mientras que el Liberalismo social confía en el ser humano y en su legítimo afán de superación.
Nada es Gratis
A la mitad de una clase en una Universidad de Occidente, uno de los alumnos oriundo de un país socialista, inesperadamente le preguntó al profesor: - "¿Usted sabe cómo se capturan los puercos salvajes?" El profesor creyó que era un chiste y esperaba una respuesta divertida. El joven respondió que no era un chiste. Y dijo: - "Usted captura puercos salvajes encontrando un sitio adecuado en la pampa y tirando un poco de maíz en el piso. Los puercos vienen diariamente a comer el maíz esparcido en el suelo. Cuando se acostumbran a venir diariamente, usted construye una cerca a un costado del sitio en donde ellos se acostumbraron a venir. Cuando se acostumbran a la cerca, ellos regresan a comer el maíz y usted construye otro lado de la cerca. Ellos vuelven a acostumbrarse y regresan a comer. Usted va poco a poco acostumbrándolos y distrayéndolos hasta instalar los cuatro costados del corral alrededor de los puercos golosos y vagos; al final instala una puerta en el último lado. De esta forma, los puercos ya están acostumbrados al maíz fácil y a las cercas y comienzan a venir solos por la entrada. Es ahí cuando Usted cierra el portón y captura a todo el grupo." - “Así de simple, en un segundo, los puercos pierden su libertad. Ellos empiezan a correr en círculos y a chillar dentro de la cerca, pero ya están atrapados. Luego, obviamente, empiezan a comer el maíz fácil y gratis. Se quedan tan acostumbrados a eso que se olvidan cómo cazar y alimentarse por sí mismos, e, irónicamente, aceptan la esclavitud (...)"
FUENTE: www.ecuadorenvivo.com (20 de agosto del 2010)
Los socialistas del siglo XX, aspiraban que el socialismo sea la fase previa al comunismo. Así que la próxima vez que le hablen de socialismo, piense en Cuba, no en Chile, ni en los países nórdicos de Europa (de los cuales hablaremos más adelante). No se confunda entre socialismo y “conquistas sociales”. El socialismo comunista, presenta un predominio del Estado por sobre los particulares en la actividad económica, no respeta la propiedad privada, confisca por doquier, reprime libertades básicas de los seres humanos, confía más en el Estado que en el mercado, quiere planificarlo todo, controlarlo todo, es intolerante ante la opinión ajena, etc. Algo que ni en Chile, ni en los países nórdicos de Europa, se vive hoy en día.
Si usted quiere saber, si se aplica o no socialismo marxista en un determinado país, siga tres reglas básicas, 1) ¿Qué opina su presidente sobre la propiedad privada? ¿La respeta, la confisca o la expropia?, si la respeta: no hay socialismo marxista allí, pero si todo dice: ¡Confísquese!, no hay caso, el individuo en cuestión es socialista radical. 2) ¿Qué opina su presidente sobre el mercado?, ¿Confía en él o quiere planificarlo todo?, si confía en el mercado: no hay socialismo marxista allí, pero sí todo dice: ¡Nacionalícese!, o ¡Planifíquese!, eso es socialismo marxista también; y, 3) ¿Su presidente habla todos los días de burguesía y proletariado? ó ¿de oligarquía y clase trabajadora?, ¿habla sobre imperialismo?, peor aún ¿ha calificado de “pitiyanquis” a ciertos “pequeño burgueses”?, Si la respuesta es afirmativa a más de una cuestión, no hay duda amigo mío, usted vive en un país socialista con tendencia comunista. Por ello, debe prepararse para un colapso socioeconómico de enormes proporciones, como ya sucedió en el pasado (piense que el socialismo es “científico” y siempre e invariablemente el fenómeno de su colapso se reproduce, vez tras vez).
Además, ya lo dijo el filósofo Santayana: “los que se olvidan de la historia, están condenados a repetirla”.
Ec. Pablo Zambrano Pontón
CATEDRÁTICO, ESCRITOR Y ANALISTA ECONÓMICO
Sus excelentes, didácticos y prácticos libros: Microeconomía, Macroeconomía y Economía Internacional, los puedes encontrar en MR BOOKS, LIBRERÍA ESPAÑOLA Y ALMACÉN UNIVERSITARIO, o envíale un mail a pabli_zam@yahoo.es
Es un término relacionado con el establecimiento de una clase trabajadora organizada, creada mediante un proceso revolucionario, que instaure lo que ellos utópica y teóricamente denominan: “la dictadura del proletariado”. En la práctica, eso más bien se convirtió: “en la dictadura del Estado”. Entidad ubicada por encima de las familias y de las personas. Esclavizadas por funcionarios públicos represivos y autoritarios; en nombre del “bien común” y de la “lucha de clases”: entre los “pérfidos” burgueses o capitalistas (los dueños de los medios de producción) y los “angelicales” obreros o proletariados (desposeídos de los medios de producción, que tienen que vender su fuerza de trabajo, a cambio de un “mísero” salario).
Sin embargo, dado su estrepitoso fracaso a escala mundial (no lo digo sólo yo, lo señala la historia; porque se cayó en Alemania Oriental en 1989, en la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS –, en Europa del Este en 1991, y ahora mismo está por caerse en Cuba, 2012), se les dice socialistas, en la actualidad, a los socialdemócratas. Quienes defienden la propiedad privada, con medidas sociales de justicia redistributiva. Es decir, la socialdemocracia, trata de reducir las diferencias económicas entre las diferentes clases sociales. Los gobiernos socialdemócratas, tienen medidas para redistribuir la riqueza; por ejemplo, a las personas de clase alta (los que poseen más riquezas/dinero que la media de la población) se les exige pagar mayores impuestos que a la media poblacional, con el fin de distribuir la riqueza en la sociedad y ofrecer o facilitar oportunidades, a individuos de menor clase social que no las podrían disfrutar. Los socialdemócratas con tendencias liberales, creen en la economía de mercado, pero consideran además que el Estado es el llamado a resolver los problemas sociales derivados de la distribución del ingreso y la riqueza. Por eso, hay socialistas que confían en el mercado (socialdemócratas) y otros que despotrican en contra del mercado (marxistas).
En este sentido, al Liberalismo social, se lo podría considerar como parte de la socialdemocracia, siempre y cuando se coloque en primer lugar a la economía por sobre los aspectos sociales y políticos; porque hay socialdemócratas que intentan ubicar a la sociología y a la política, por encima de la economía y eso tampoco ha dado resultado en la práctica: ¡Sin recursos económicos, es muy difícil ser solidario! Por tanto, el significado dado al socialismo es muy amplio. Por un lado tenemos el marxista, colectivista, estado céntrico o de partido único; cuyo esquema es el de políticas económicas intervencionistas o en extremo estatistas, como sucede en Cuba, Corea del Norte y actualmente también en Venezuela. País éste último, donde recientemente han existido muchas violaciones en contra de la propiedad privada, de la libertad de expresión y del mercado; que han hecho de esta nación sudamericana, una nueva sucursal cubana en la subregión (la primera fue Chile en la década de 1970, durante el régimen marxista de Salvador Allende). No obstante, habrá que ver más adelante si cambia o no el panorama de Venezuela, luego de las declaraciones de Fidel Castro el 8 de septiembre del 2010, cuando dijo que su “modelo”, ya no funciona ni para ellos, peor para exportarlo; y, especialmente después de que la oposición venezolana se consolide como una nueva fuerza política en la Asamblea. Y por otro, está la socialdemocracia, que respeta la propiedad privada, la libertad de expresión, la libre empresa, la libre competencia, en fin; pero que además, tiene adecuadas políticas redistributivas, a través de subsidios e impuestos directos, que benefician a los estratos populares y gravan con mayores impuestos, a quienes están en la real posibilidad de pagarlos.
Según el sociólogo alemán (inventor del socialismo del siglo XXI) Heinz Dieterich, “Los gobiernos socialistas en América Latina, son más bien intentos de aplicación contemporánea de las políticas de la economía social de mercado” (Liberalismo social). Al parecer, se refiere a las social democracias de Lula en Brasil y de su antecesor Fernando H. Cardoso; de Frei, Lagos, Bachelet, y de la Concertación en Chile; de Tabaré Vásquez en Uruguay (Mujica, hoy) y de Alan García y Ollanta Humala, en Perú. Quienes, siendo gobiernos políticamente originarios de la centroizquierda o incluso ex marxistas “conversos”, aceptan la economía liberal de mercado, con amplias coberturas sociales para la población más necesitada de sus respectivos países, haciéndole ver al mundo y al resto de la región, que ¡sí es posible compatibilizar la libertad económica, con la necesaria solidaridad social!, que estas dos cosas: libertad y solidaridad, no son mutuamente excluyentes, son perfectamente compatibles y complementarias.
Fernando Henrique Cardoso, por ejemplo, se declara socialdemócrata y fue el primer Presidente del Brasil, que se interesó en los pobres de manera real, inaugurando un modelo de asistencia pública de una altísima efectividad concreta. Así, conocedor de que la gran miseria del gigante sudamericano, es explicada por la ignorancia y el analfabetismo, concedió subvenciones financieras a las madres de familia, con la condición de que éstas escolaricen a sus hijos. Después Lula (contra todo pronóstico, dado su pasado marxista y sindicalista), continuó con las políticas liberales socialmente responsables de Cardoso, otorgándole independencia al Banco Central, estabilizando la moneda, abriéndose al mercado, privatizando entidades estatales ineficientes y monopólicas, dándole importancia a la transparencia fiscal y manteniendo la política denominada “ayuda condicional a las familias”.
En el enlace digital (http://e-pesimo.blogspot.com/2008/11/mercados-de-la-mano-invisible-de-adam.html), se lee: “Pese a su fuerza y repercusión, el marxismo no fue, sin embargo, la única respuesta a la revolución industrial y el desarrollo mundial del siglo XIX. Hubo una vertiente más light: el socialismo democrático (o simplemente, “socialismo”). Ya sea en su vertiente inglesa (los fabianos, herederos de una tradición mixta entre socialistas utópicos y las teorías de David Ricardo), como en la continental. Tanto unas como otras, parten de una premisa: Smith se equivocaba. Los mercados no pueden y no deben regularse solos. Es necesaria la intervención estatal, porque la utopía de que la búsqueda del interés personal conduce al bien general, es una falacia. Lo que se necesita es un regulador, un planificador, que coordine la economía para paliar las inevitables injusticias. El socialismo busca la redistribución de la riqueza mediante el lema «de a cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades». En el siglo XX, y salvo en unos cuantos lugares, la máxima que triunfó fue ésta, pero sin la ortodoxia del marxismo. Hubo quien, como Ludwig von Mises, anticipó a principios de la década de 1920 la imposibilidad del cálculo económico en las sociedades socialistas. Pero ya antes, algunos críticos desde dentro, como Eduard Bernstein, abogaron por un revisionismo de los socialistas clásicos (Marx) para adaptarlo a la realidad. Lo que dio lugar a la socialdemocracia y al socialcristianismo, especialmente tras la encíclica Rerum Novarum del papa Leon XII en 1891”.
En contraste con la socialdemocracia, para el marxismo, el socialismo es considerado la fase previa al comunismo, por ello los procesos revolucionarios vividos por la ex URSS, Corea del Norte, la Cuba Castrista y la China Maoísta, se relacionan con esta doctrina. Los únicos sobrevivientes actuales del marxismo son: Cuba y Corea del Norte; pues la URSS fue desintegrada y en la China se ha pasado del comunismo al consumismo y al capitalismo económico (en lo político, siguen siendo marxistas). Para los marxistas, el socialismo implica una sociedad altamente igualitaria y solidaria, sobre la base de la democracia obrera y la propiedad social sobre los medios de producción, haciendo hincapié en un fuerte desarrollo productivo y cultural, con una economía planificada; capaz de suplir holgadamente las principales necesidades mayoritarias. Un rasgo distintivo de los socialistas-comunistas, es tratar de superar el sistema capitalista. Porque ellos lo ven como la raíz de todos los males. En este sentido, no es lo mismo un socialdemócrata que un comunista, porque el primero trata de que haya una mejor redistribución del ingreso y la riqueza, a través de mecanismos concretos como son las reformas tributarias, por ejemplo; mientras que los segundos, quieren implantar un sistema socialista, con un Estado hiperactivo e intervencionista, como paso previo al comunismo. Donde el Estado (luego de que haya cumplido su papel en el socialismo), junto con la explotación del hombre por el hombre, en su opinión teórica, al fin desaparezcan.
Sebastián Hurtado Pérez, columnista de Diario El Comercio de Quito-Ecuador, señala: …“algunos erróneamente califican de comunistas a ciertas naciones, sin tomar en cuenta que comunismo es un sistema económico utópico que nunca ha sido aplicado en ninguna parte del mundo…” (Fuente: www.elcomercio.com).
No obstante la opinión de este economista, cabe señalar, que es hacia allá, a donde pretenden ir los socialistas más radicales, a la construcción del socialismo, como fase previa al comunismo. Por tanto, el que no se lo haya aplicado nunca, no significa de modo alguno, que ciertos soñadores se hayan olvidado de las igualitarias tesis marxistas y que jamás las intenten poner nuevamente en vigor, con los tristes resultados prácticos que todos conocemos (incluso los socialistas marxistas saben que no ha funcionado el socialismo en el ámbito económico, no obstante lo justifican diciendo que no ha sido implantado en la forma recomendada por Carlos Marx, o que no fue Trotsky el que lo impusiera en la ex URSS, sino Stalin, o culpan del atraso cubano al embargo norteamericano, etc.) Siempre lo pretenderán hacer, mientras tengan el pretexto de la desigualdad capitalista, de las fallas del mercado, de los normales ciclos económicos, en fin; que sin duda existen, pero para eso están los impuestos y los subsidios directos: para humanizar al capitalismo y dotarlo de contenido social.
Así pues, el Liberalismo social en la práctica, ha demostrado ser el menos pernicioso y dañino modelo que existe; porque partiendo de la economía de mercado, del sistema de precios y de la libertad económica de los individuos emprendedores, que se arriesgan a exponer su capital en un negocio: redistribuye la riqueza, por la vía de un Estado, solidario únicamente, con los pobres y excluidos del sistema, es decir, con quienes verdaderamente lo necesitan. El mundo contemporáneo, se enfrenta ahora a una nueva plaga, repleta de credo o fanatismo, el denominado ambientalismo extremo, que culpa de todos los males al liberalismo, en el sentido de que al ser éste un modelo probado de desarrollo (ellos así lo reconocen), estaría destruyendo al planeta, lo que sin duda alguna, también es una exageración y un peligroso dogma ideológico, puesto que las mismas sociedades libres a través de nuevas invenciones, generadas en ambientes institucionales de libertad y solidaridad, van creando las suficientes medidas de mitigación, como para remediar este problema.
Volviendo al socialismo marxista (pariente cercano del ambientalismo extremo), se escuchó en los noticieros ecuatorianos una voz con acento boliviano en la cumbre del ALBA en Otavalo el 24 de junio del 2010: “En el capitalismo te pagan para que trabajes, para mantener la explotación capitalista. En el socialismo, tú trabajas por convicción, sin que nadie te obligue”, que suena bonito, pero es poco pragmático y efectivo en la realidad, o si no preguntémosles a los cubanos, cuyo salario promedio es de 10 dólares por mes. Un maestro en Cuba gana 9 dólares y 60 centavos por mes; un ingeniero, 14 dólares con 40 centavos y un médico, 27 dólares por mes.
Andrés Oppenheimer, a propósito de las remuneraciones en Cuba señala: “En teoría, el régimen cubano provee a la población de alimentos subsidiados y cuidados médicos gratuitos que no existen en otros países y que deben ser tomados en cuenta en cualquier comparación salarial. Pero cualquiera que haya visitado Cuba sabe que la tarjeta alimentaria no cubre más que las necesidades mínimas para una semana por mes y que los servicios médicos a menudo sólo funcionan en los hospitales para turistas (…)”.
Así que estimado amigo boliviano, sería bueno que nos diga desde su visión ideológica: ¿Por qué se cayó el muro de Berlín? ¿Por qué ya no existe socialismo en la ex URSS? ¿Por qué Rusia, China e India decidieron aplicar el capitalismo liberal en lo económico?, amigo, con todo afecto y respeto, el socialismo comunista no funcionó simplemente por su tiranía de Estado, por despreciar a la propiedad privada, a la libertad económica; por ser solidario, sólo con una elite del partido comunista (con la clase dirigente); porque en la práctica, según el “Libro Rojo del Comunismo”, este sistema le costó al mundo, entre paredón y disidentes, más de 100 millones de muertos, que fueron víctimas inocentes, por pensar diferente y querer ser libres. El comunismo, suena bonito en teoría, pero es poco realista en la praxis: un mundo donde todos seamos iguales, nada individualistas y muy solidarios. ¿No sería preferible, un mundo donde no haya desigualdades sociales, con igualdad de oportunidades para todos… donde seamos más prósperos y felices, porque así lo hemos decidido individualmente, no porque así lo haya impuesto o decretado un “comité de burócratas”?, porque hay que decirlo claramente, detrás de ese Estado, hay personas concretas, decidiendo nuestro futuro (con intereses particulares e individualistas también). A casi nadie le gustaría, que algún oficinista le venga a decir qué es justo y qué no lo es, qué productos consumir y cuáles no, qué programas de televisión mirar y cuáles no, en fin… Los pueblos desarrollados prefieren la libertad y el Liberalismo social, porque éste con los defectos propios que tiene, por ser un invento de la civilización humana, es mejor que la planificación centralizada y el comunismo. ¡Qué sonarán muy bien en teoría! (de hecho el paraíso cristiano debe ser así), pero no toman en cuenta que al ser dirigido por seres humanos movidos por sus propios intereses en el sector público y no por arcángeles: está condenado al fracaso, porque si habría sido un modo de producción beneficioso para la humanidad, todavía seguiría en pie en la ex URSS, en China y en los países de Europa del Este. En Cuba, por ejemplo, el socialismo vive sus horas de agonía, se encuentra en estado vegetativo, con respiración artificial, a la espera de que su gobierno marxista, le retire el tubo de oxígeno.
Los socialistas extremos, proponen además, la desaparición del dinero, al cual lo ven como un instrumento de injusticia e inequidad “social”. La pregunta aquí es: ¿Con qué será de realizar el intercambio?, será tal vez con piedras, con animales, con espejos, con sal, en fin. En palabras simples, pretenderían que la sociedad humana involucione a la edad de la “piedra”, es decir, retorne al arcaico sistema del trueque, que es característico de las sociedades atrasadas y de los países que sufren crisis económicas (acordémonos los ecuatorianos cuando después de la estanflación de 1999, empezamos a emplear el trueque, por la desconfianza en el Sucre). El trueque tiene dos inconvenientes: 1) La imposibilidad de conocer el valor monetario del bien o servicio a ser intercambiado, porque nadie cambia algo que sea exactamente del mismo valor (o usted ha ido al mercado a cambiar un billete de un dólar, vez tras vez), pues éste es un concepto subjetivo, que depende de la escasez (menor oferta y mayor demanda), como lo demostraron claramente los economistas marginalistas; y 2) la mutua coincidencia de necesidades, es decir, para que usted intercambie algo conmigo, usted debe necesitar el producto mío y yo también el suyo, lo cual no siempre es así. No debemos esperar todo del Estado y aportar con nuestro granito de arena al desarrollo nacional. El socialismo comunista es totalitario y estatizante por definición, mientras que el Liberalismo social confía en el ser humano y en su legítimo afán de superación.
Nada es Gratis
A la mitad de una clase en una Universidad de Occidente, uno de los alumnos oriundo de un país socialista, inesperadamente le preguntó al profesor: - "¿Usted sabe cómo se capturan los puercos salvajes?" El profesor creyó que era un chiste y esperaba una respuesta divertida. El joven respondió que no era un chiste. Y dijo: - "Usted captura puercos salvajes encontrando un sitio adecuado en la pampa y tirando un poco de maíz en el piso. Los puercos vienen diariamente a comer el maíz esparcido en el suelo. Cuando se acostumbran a venir diariamente, usted construye una cerca a un costado del sitio en donde ellos se acostumbraron a venir. Cuando se acostumbran a la cerca, ellos regresan a comer el maíz y usted construye otro lado de la cerca. Ellos vuelven a acostumbrarse y regresan a comer. Usted va poco a poco acostumbrándolos y distrayéndolos hasta instalar los cuatro costados del corral alrededor de los puercos golosos y vagos; al final instala una puerta en el último lado. De esta forma, los puercos ya están acostumbrados al maíz fácil y a las cercas y comienzan a venir solos por la entrada. Es ahí cuando Usted cierra el portón y captura a todo el grupo." - “Así de simple, en un segundo, los puercos pierden su libertad. Ellos empiezan a correr en círculos y a chillar dentro de la cerca, pero ya están atrapados. Luego, obviamente, empiezan a comer el maíz fácil y gratis. Se quedan tan acostumbrados a eso que se olvidan cómo cazar y alimentarse por sí mismos, e, irónicamente, aceptan la esclavitud (...)"
FUENTE: www.ecuadorenvivo.com (20 de agosto del 2010)
Los socialistas del siglo XX, aspiraban que el socialismo sea la fase previa al comunismo. Así que la próxima vez que le hablen de socialismo, piense en Cuba, no en Chile, ni en los países nórdicos de Europa (de los cuales hablaremos más adelante). No se confunda entre socialismo y “conquistas sociales”. El socialismo comunista, presenta un predominio del Estado por sobre los particulares en la actividad económica, no respeta la propiedad privada, confisca por doquier, reprime libertades básicas de los seres humanos, confía más en el Estado que en el mercado, quiere planificarlo todo, controlarlo todo, es intolerante ante la opinión ajena, etc. Algo que ni en Chile, ni en los países nórdicos de Europa, se vive hoy en día.
Si usted quiere saber, si se aplica o no socialismo marxista en un determinado país, siga tres reglas básicas, 1) ¿Qué opina su presidente sobre la propiedad privada? ¿La respeta, la confisca o la expropia?, si la respeta: no hay socialismo marxista allí, pero si todo dice: ¡Confísquese!, no hay caso, el individuo en cuestión es socialista radical. 2) ¿Qué opina su presidente sobre el mercado?, ¿Confía en él o quiere planificarlo todo?, si confía en el mercado: no hay socialismo marxista allí, pero sí todo dice: ¡Nacionalícese!, o ¡Planifíquese!, eso es socialismo marxista también; y, 3) ¿Su presidente habla todos los días de burguesía y proletariado? ó ¿de oligarquía y clase trabajadora?, ¿habla sobre imperialismo?, peor aún ¿ha calificado de “pitiyanquis” a ciertos “pequeño burgueses”?, Si la respuesta es afirmativa a más de una cuestión, no hay duda amigo mío, usted vive en un país socialista con tendencia comunista. Por ello, debe prepararse para un colapso socioeconómico de enormes proporciones, como ya sucedió en el pasado (piense que el socialismo es “científico” y siempre e invariablemente el fenómeno de su colapso se reproduce, vez tras vez).
Además, ya lo dijo el filósofo Santayana: “los que se olvidan de la historia, están condenados a repetirla”.
Ec. Pablo Zambrano Pontón
CATEDRÁTICO, ESCRITOR Y ANALISTA ECONÓMICO
Sus excelentes, didácticos y prácticos libros: Microeconomía, Macroeconomía y Economía Internacional, los puedes encontrar en MR BOOKS, LIBRERÍA ESPAÑOLA Y ALMACÉN UNIVERSITARIO, o envíale un mail a pabli_zam@yahoo.es
miércoles, 16 de mayo de 2012
Pablo Zambrano Pontón debate con Pablo Dávalos en Buenos días con Diego Oquendo
sábado, 12 de mayo de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
ANDRES OPPENHEIMER: Brasil, el gigante desorientado
“OPPENHEIMER PRESENTA” No se pierdan el programa “Oppenheimer Presenta”, todos los domingos a las 9 p.m. en CNN en Español. (8 pm Hora de Ecuador)
Malas noticias para Brasil: su momento mágico como el mercado emergente más promisorio del mundo a los ojos de las elites económicas internacionales se está esfumando, y está siendo reemplazado por una avalancha de pronósticos sombríos.
Un artículo en el próximo número de la influyente revista Foreign Affairs, titulado “Pesimista sobre Brasil” es tan sólo el último de varios artículos similares publicados en las últimas semanas que pintan a Brasil como un país que se está quedando estancado.
El artículo de Foreign Affairs, un fragmento de un libro titulado Breakout Nations, de Ruchir Sharma, el jefe de mercados emergentes de Morgan Stanley, se basa en un argumento que hemos expresado muchas veces en esta columna: el crecimiento de Brasil ha dependido demasiado del precio mundial de las materias primas, y el país enfrentará graves problemas en cuanto esos precios empiecen a bajar.
Esa tendencia ya ha comenzado, dice Sharma. China, el mayor comprador de materias primas brasileras, anunció en marzo que su economía crecerá menos del ocho por ciento este año por primera vez desde 1998.
Pocas naciones en desarrollo han logrado crecer durante varias décadas seguidas gracias a sus exportaciones de materias primas, dice Sharma. Las que han crecido sostenidamente durante dos o tres décadas, como China e India, lo han hecho gracias a sus exportaciones de productos manufacturados y servicios.
Mientras que China se insertó de lleno en el comercio global y se concentró en invertir en puentes y caminos, Brasil se volcó hacia adentro y no invirtió en infraestructura. No es una sorpresa que China haya crecido cuatro veces más rápido que Brasil en las últimas tres décadas, dice Sharma.
Además, Brasil se está perjudicando al mantener una de las monedas más caras del mundo. Eso es bueno para los brasileros que quieren comprar apartamentos en Miami, pero pésimo para los exportadores de productos manufacturados o servicios del país, agrega.
“Brasil debe reconocer que la época de fácil crecimiento para los mercados emergentes y de los altos precios de las materias primas se está terminando’’, y debe realizar urgentes reformas económicas, concluye Sharma.
El mes pasado un artículo similar de la agencia de noticias Reuters dijo que debido a que la presidenta Dilma Rousseff no ha impulsado reformas económicas audaces, Brasil se ha convertido en “un lugar cada vez más estancado’’. La economía creció el 2.7 por ciento el año pasado, y se espera que crezca un promedio del 3 por ciento en los próximos años.
En Latinoamérica, la imagen de Brasil como la nueva estrella del mundo emergente tambien se está extinguiendo.
El ex canciller de México, Jorge Castaneda, escribió recientemente que, contrariamente a la opinión generalizada, México está superando a Brasil en casi todos los frentes, incluyendo el crecimiento económico y el índice de homicidios. La diferencia es que los brasileros saben venderse mejor, afirmó.
Y el ex presidente peruano Alan García me dijo en una entrevista reciente que Brasil es “un gigante fatigado” que se está quedando cada vez más atrás. García bromeó diciendo que el grupo de los BRICS —el bloque de las potencias emergentes constituido por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— ya podría llamarse “RICS”, una sigla que incluye a los mismos países, menos Brasil.
Hasta hace muy poco, Brasil parecía imparable, entre otras cosas por haber sacado a 30 millones de personas de la pobreza, por el reciente descubrimiento de enormes reservas petroleras, y por haber sido designado anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol en el 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016.
Las portadas de The Economist, la revista Time y varias otras publicaciones internacionales pintaban a Brasil como la nueva estrella del mundo emergente. Hace apenas unas pocas semanas, el anuncio de que Brasil superó a Gran Bretaña como la sexta economía más grande del mundo generó una nueva seguidilla de titulares optimistas sobre el ascenso brasileño, que recién ahora se está revirtiendo.
Mi opinión: Comparto las preocupaciones sobre el futuro inmediato de Brasil, pero soy optimista sobre el futuro de Brasil a mediano y largo plazo.
A diferencia de algunos de sus vecinos como Argentina y Venezuela, Brasil piensa a largo plazo. Brasil desde hace mucho tiempo viene fomentando algunas industrias claves, como las energías alternativas y la fabricacion de aviones, está tomando medidas para mejorar la calidad de su edu ación primaria, y recientemente lanzó un programa para enviar 100,000 estudiantes universitarios al exterior, la mayoría de ellos para estudiar ciencias e ingeniería en universidades de Estados Unidos.
Brasil no es un gigante fatigado. Más bien, es un gigante temporalmente desorientado, que todavía no ha entendido plenamente por qué otros lo están aventajando. Una vez que salga de su estado de confusión y se inserte más plenamente en la economía global —como China e India— estará bien posicionado como para volver a competir con renovadas energías.
Read more here: http://www.elnuevoherald.com/2012/04/28/v-fullstory/1190420/andres-oppenheimer-brasil-el-gigante.html#storylink=cpy
sábado, 28 de abril de 2012
El ejemplo de Chile, para los progresistas
"Nosotros en Chile, tenemos una política: cuando los precios de nuestras exportaciones caen, tenemos un fondo de ahorro que nos permite hacer frente a posibles imprevistos y por eso podemos enfrentar las caídas en la demanda, en los países europeos, EEUU o el Asia. Hemos acumulado $ 16.000 millones como ahorro externo (reserva monetaria internacional)".... Sebastián Piñera, entrevistado recientemente en el canal internacional NTN 24...
Mi opinión: Deberíamos imitar a Chile, país que tiene firmados 60 tratados de libre comercio que incluyen: Europa, EEUU, China, Japón, etc. Eso les ha permitido a los chilenos, ser más productivos y más competitivos. El proteccionismo comercial, lo que consigue es acostumbrar a los productores locales a ofrecer productos de inferior calidad, respecto a los importados. Además, Chile, en la década de los 70 (tal como lo recomendó Milton Friedman), eliminó aranceles (al estilo Hong Kong) y por eso, atrae importantes volúmenes de inversión extranjera directa a su territorio desde hace varias décadas. El año anterior, de los más de 200 mil millones de dólares que llegaron a América Latina, el país austral captó alrededor de 20 mil millones.
Ojalá, algún momento imitemos a los países exitosos como Chile y aprendamos que se puede ser de centro izquierda o social demócrata (como lo fueron: Frei, Lagos o Bachelet en Chile) y que sin embargo, eso no significa que seamos proteccionistas. Al contrario, la verdadera centroizquierda progresista, está presente en la doctrina liberal. C debe ser liberal (abriéndose al mundo, a la competencia, a la globalización) y al mismo tiempo socialmente responsable (redistribuir mejor la riqueza y ayudar sólo a los necesitados). No están divorciadas, la eficiencia económica y la justicia social.
jueves, 19 de abril de 2012
viernes, 6 de abril de 2012
¿QUÉ ES EL ESTADO DE BIENESTAR?
Como su nombre lo indica, el Estado de Bienestar, trata de que los habitantes de un determinado país disfruten de una mejor calidad de vida y para eso, se brindan amplias coberturas sociales a la población en áreas como: salud, educación y vivienda. La principal fuente de ingresos de este modelo, proviene de los impuestos, que se cobran en función de la renta y/o riqueza de los particulares. La renta es una variable de flujo (depende de un período determinado, que generalmente es quincenal o mensual) y la riqueza es una variable de stock (se acumula a lo largo del tiempo). Ejemplos: Impuesto a la renta e impuesto al patrimonio, el primero se cobra por los ingresos recibidos, y el segundo, por la riqueza acumulada.
A escala global, surge como consecuencia de la “Gran Depresión”, consolidándose en las naciones desarrolladas, tras la II guerra mundial. En el Estado de Bienestar, está implícito un pacto entre las fuerzas sociales, donde todos los actores sociales y agentes económicos, se hacen concesiones mutuas.
Se considera a Keynes, como uno de los impulsores del Estado de Bienestar , ya que para este economista, la intervención del Estado en la economía, se manifiesta como un instrumento necesario e imprescindible para alcanzar los beneficios del mercado y de la asistencia social a las clases más desposeídas. Hay autores que consideran, que existe gran compatibilidad entre los objetivos de crecimiento y redistribución, sobretodo en naciones subdesarrolladas, donde la distribución de la riqueza es bastante desigual e inequitativa.
Para los defensores de este modelo benefactor, existirían dos tipos de fallas del mercado, que son las razones por las cuales se justificaría la intervención del Estado en la economía:
• Existencia de bienes públicos y externalidades
• Información incompleta de los agentes económicos
De acuerdo a Claus Offe, el Estado de Bienestar, es uno de los dos factores -junto a la existencia de partidos políticos masivos y en competencia- que hace posible la existencia del Capitalismo democrático, o "Estado de Economía mixta".
En cuanto a sus orígenes, estos son incluso más antiguos que Keynes y la Gran Depresión, pues se remontan al siglo XIX, cuando en Europa Occidental, concretamente en Inglaterra se hablaba de “asistencia pública” y en Francia se mencionaba al “Estado Providencia” o “Estado Social”.
Los socialdemócratas y grupos sindicalistas, fueron los que abogaron por la instauración del Estado de Bienestar, estableciéndose: seguros obligatorios, leyes sobre protección del trabajo, salarios mínimos, expansión de servicios sanitarios y educativos, así como también, alojamientos estatalmente subvencionados y el reconocimiento de los sindicatos como representantes político-económicos del trabajo.
Karl Popper describe -en 1956- los logros de esa propuesta en los siguientes términos: “En ningún otro momento, y en ninguna parte, han sido los hombres más respetados, como hombres, que en nuestra sociedad. Nunca antes los Derechos Humanos y la dignidad humana, han sido tan respetados y nunca antes han existido tantos, dispuestos a hacer sacrificios por otros, especialmente por aquellos menos afortunados que ellos… Esos son los hechos”.... “quiero enfatizar que estoy al tanto de otros hechos. El poder todavía corrompe, incluso en nuestro mundo. Empleados públicos todavía se comportan a veces como amos descorteses. Todavía abundan dictadores de bolsillo... pero todo eso no se debe tanto a la falta de buenas intenciones, como sí en cambio, a la falta de habilidad e incompetencia.”
Popper continua: “Pero volvamos nuestra atención a asuntos más, importantes. Nuestro mundo libre ha casi, si no completamente, eliminado los grandes males que con anterioridad han asediado la vida social de los hombres”... “Veamos lo que se ha logrado, no solo aquí en Gran Bretaña a través del Estado del Bienestar sino con algún método u otro en todas partes en el mundo libre”... y da la siguiente lista de lo que el considera -desde el punto de vista liberal - "los males que pueden ser resueltos o remediados por la cooperación social" (op cit):
La pobreza
Desempleo y formas similares de Inseguridad Social.
Enfermedad y dolor.
Crueldad penal.
Esclavitud y otras formas de servidumbre.
Discriminación racial y religiosa.
Falta de oportunidades educacionales.
Diferencias rígidas de clase.
La guerra.
Con el paso del tiempo, las políticas practicadas en los países europeos occidentales, convergen concediéndole un rol económico activo al Estado, con el fin de obtener ciertos objetivos sociales comunes (tales como el bienestar social y el Crecimiento económico); tornándose visible, que el progreso y estabilidad de cada país europeo, depende de la de sus vecinos. Así, se crea un consenso que abarca desde los sectores más izquierdistas de los partidos social demócrata europeos, hasta los más derechistas o conservadores en los movimientos demócrata-cristianos. Ese acuerdo básico, es lo que se conoce como el modelo europeo de gobernanza, fundamentado no sólo en la idea que la sociedad -a través del Estado- tiene una responsabilidad con sus ciudadanos, sino también, que el bienestar de cada uno, tanto para individuos como para países, depende del bienestar del vecino y que ese bien común, a pesar de visiones e intereses diferentes, puede lograrse a través de la práctica de la política de los consensos. Se comienza a hablar entonces de "las construcciones de comunidades" (Ejemplos: Tratado de Roma y Comunidad Económica Europea).
El sistema insignia de Estado de Bienestar, presente en una parte de Europa, es el exitoso modelo nórdico (Noruega, Suecia y Finlandia), caracterizado por el nivel más alto de protección social, que busca la provisión universal, basada en el principio de “ciudadanía”, es decir, que haya un acceso más generalizado (con menos condiciones y requisitos), a las prestaciones sociales. Se caracteriza también por un elevado número de empleados públicos. El universalismo, es una de las características principales del modelo nórdico, junto con la financiación por la vía de los impuestos. Más que ser un modelo socialista, por la importancia que el mercado tiene en este sistema, personalmente lo considero, como parte del pragmatismo. Por ello, he decidido dentro del presente libro, estudiar concretamente el caso de Suecia, cuando desarrollemos la parte práctica de los sistemas exitosos del Liberalismo Social, que algunos, mal llaman “Socialismo nórdico”, cuando en realidad se trata de un sistema capitalista, con propiedad privada, economía de mercado y amplias coberturas sociales.
FUENTE: Visa al Desarrollo, Pablo Zambrano Pontón (al momento escribiéndose, próximamente en circulación)
A escala global, surge como consecuencia de la “Gran Depresión”, consolidándose en las naciones desarrolladas, tras la II guerra mundial. En el Estado de Bienestar, está implícito un pacto entre las fuerzas sociales, donde todos los actores sociales y agentes económicos, se hacen concesiones mutuas.
Se considera a Keynes, como uno de los impulsores del Estado de Bienestar , ya que para este economista, la intervención del Estado en la economía, se manifiesta como un instrumento necesario e imprescindible para alcanzar los beneficios del mercado y de la asistencia social a las clases más desposeídas. Hay autores que consideran, que existe gran compatibilidad entre los objetivos de crecimiento y redistribución, sobretodo en naciones subdesarrolladas, donde la distribución de la riqueza es bastante desigual e inequitativa.
Para los defensores de este modelo benefactor, existirían dos tipos de fallas del mercado, que son las razones por las cuales se justificaría la intervención del Estado en la economía:
• Existencia de bienes públicos y externalidades
• Información incompleta de los agentes económicos
De acuerdo a Claus Offe, el Estado de Bienestar, es uno de los dos factores -junto a la existencia de partidos políticos masivos y en competencia- que hace posible la existencia del Capitalismo democrático, o "Estado de Economía mixta".
En cuanto a sus orígenes, estos son incluso más antiguos que Keynes y la Gran Depresión, pues se remontan al siglo XIX, cuando en Europa Occidental, concretamente en Inglaterra se hablaba de “asistencia pública” y en Francia se mencionaba al “Estado Providencia” o “Estado Social”.
Los socialdemócratas y grupos sindicalistas, fueron los que abogaron por la instauración del Estado de Bienestar, estableciéndose: seguros obligatorios, leyes sobre protección del trabajo, salarios mínimos, expansión de servicios sanitarios y educativos, así como también, alojamientos estatalmente subvencionados y el reconocimiento de los sindicatos como representantes político-económicos del trabajo.
Karl Popper describe -en 1956- los logros de esa propuesta en los siguientes términos: “En ningún otro momento, y en ninguna parte, han sido los hombres más respetados, como hombres, que en nuestra sociedad. Nunca antes los Derechos Humanos y la dignidad humana, han sido tan respetados y nunca antes han existido tantos, dispuestos a hacer sacrificios por otros, especialmente por aquellos menos afortunados que ellos… Esos son los hechos”.... “quiero enfatizar que estoy al tanto de otros hechos. El poder todavía corrompe, incluso en nuestro mundo. Empleados públicos todavía se comportan a veces como amos descorteses. Todavía abundan dictadores de bolsillo... pero todo eso no se debe tanto a la falta de buenas intenciones, como sí en cambio, a la falta de habilidad e incompetencia.”
Popper continua: “Pero volvamos nuestra atención a asuntos más, importantes. Nuestro mundo libre ha casi, si no completamente, eliminado los grandes males que con anterioridad han asediado la vida social de los hombres”... “Veamos lo que se ha logrado, no solo aquí en Gran Bretaña a través del Estado del Bienestar sino con algún método u otro en todas partes en el mundo libre”... y da la siguiente lista de lo que el considera -desde el punto de vista liberal - "los males que pueden ser resueltos o remediados por la cooperación social" (op cit):
La pobreza
Desempleo y formas similares de Inseguridad Social.
Enfermedad y dolor.
Crueldad penal.
Esclavitud y otras formas de servidumbre.
Discriminación racial y religiosa.
Falta de oportunidades educacionales.
Diferencias rígidas de clase.
La guerra.
Con el paso del tiempo, las políticas practicadas en los países europeos occidentales, convergen concediéndole un rol económico activo al Estado, con el fin de obtener ciertos objetivos sociales comunes (tales como el bienestar social y el Crecimiento económico); tornándose visible, que el progreso y estabilidad de cada país europeo, depende de la de sus vecinos. Así, se crea un consenso que abarca desde los sectores más izquierdistas de los partidos social demócrata europeos, hasta los más derechistas o conservadores en los movimientos demócrata-cristianos. Ese acuerdo básico, es lo que se conoce como el modelo europeo de gobernanza, fundamentado no sólo en la idea que la sociedad -a través del Estado- tiene una responsabilidad con sus ciudadanos, sino también, que el bienestar de cada uno, tanto para individuos como para países, depende del bienestar del vecino y que ese bien común, a pesar de visiones e intereses diferentes, puede lograrse a través de la práctica de la política de los consensos. Se comienza a hablar entonces de "las construcciones de comunidades" (Ejemplos: Tratado de Roma y Comunidad Económica Europea).
El sistema insignia de Estado de Bienestar, presente en una parte de Europa, es el exitoso modelo nórdico (Noruega, Suecia y Finlandia), caracterizado por el nivel más alto de protección social, que busca la provisión universal, basada en el principio de “ciudadanía”, es decir, que haya un acceso más generalizado (con menos condiciones y requisitos), a las prestaciones sociales. Se caracteriza también por un elevado número de empleados públicos. El universalismo, es una de las características principales del modelo nórdico, junto con la financiación por la vía de los impuestos. Más que ser un modelo socialista, por la importancia que el mercado tiene en este sistema, personalmente lo considero, como parte del pragmatismo. Por ello, he decidido dentro del presente libro, estudiar concretamente el caso de Suecia, cuando desarrollemos la parte práctica de los sistemas exitosos del Liberalismo Social, que algunos, mal llaman “Socialismo nórdico”, cuando en realidad se trata de un sistema capitalista, con propiedad privada, economía de mercado y amplias coberturas sociales.
FUENTE: Visa al Desarrollo, Pablo Zambrano Pontón (al momento escribiéndose, próximamente en circulación)
jueves, 5 de abril de 2012
Continuación del dinero plástico mueve a la economía ecuatoriana
martes, 3 de abril de 2012
Pablo Zambrano Pontón dialoga sobre sus libros de Economía con Marcelo Dotti
Dinero plástico mueve la economía ecuatoriana
domingo, 1 de abril de 2012
VISA AL DESARROLLO, EL PRAGMATISMO Y SU INFLUENCIA EN EL PROGRESO DE LAS NACIONES
Estimados amigos y amigas, un gusto compartir con ustedes el PRÓLOGO Y LA INTRODUCCIÓN DE MI PRÓXIMO LIBRO: "VISA AL DESARROLLO", que espero culminarlo entre éste y el próximo año, porque de verdad demanda de mucha investigación. En este libro (que está todavía en el "vientre materno", pero avanzado al menos en un 50%), analizaré las causas del desarrollo socioeconómico de 4 países: Chile, Brasil, Hong Kong y Suecia. A más de revisar las causas por las cuáles se derrumbó el socialismo marxista en la URSS y en China. Finalmente, estudiaré qué ha pasado con el socialismo comunista en Cuba y Venezuela. Todo con el propósito de que ya no sigamos desinformados y creyendo que el socialismo es la solución a nuestros problemas económicos y de sociedad, como lamentablemente nos desinforman muchos académicos latinoamericanos. Saludos cordiales y espero que lean, esta introducción al libro, que si bien puede parecer un poco larga, es útil y necesaria, para imitar a los exitosos y no a los fracasados.
Pablo Zambrano Pontón
PRÓLOGO
“Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros es pobre y desdichada” (Adam Smith, filósofo y economista, considerado el Padre de la Ciencia Económica)
“Yo soy siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria (Simón Bolívar, el Libertador de cinco naciones)
“Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas” (Milton Friedman, ex Premio Nobel de Economía, 1976)
“Cuándo los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Qué hace usted, señor?” (John Maynard Keynes, Socialdemócrata y uno de los fundadores de la Macroeconomía Moderna)
“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”. (Ayn Rand, novelista y filósofa)
Estimados amigos, gracias por leer el presente libro, sean todos ustedes ¡Bienvenidos! a este recorrido investigativo, analítico y por supuesto, de opinión (sustentada y argumentativa); que espero les resulte útil y agradable. Las opiniones aquí vertidas, serán efectuadas en base a hechos concretos, verificados y documentados, con la debida fuente de información. Todos los acontecimientos relatados y sus correspondientes comentarios, son de dominio público, sin tergiversaciones, ni suposiciones de ninguna índole. Han sido escritas en forma técnica, independiente, objetiva, clara y transparente.
Un agradecimiento especial, a los distintos autores, economistas, científicos, políticos, periodistas, sociólogos e investigadores; cuyo pensamiento está presente en internet, en libros, en revistas, o en periódicos (fuente secundaria), o en entrevistas a influyentes personalidades del mundo académico y diplomático ecuatoriano (fuente primaria); de quienes he obtenido su valioso punto de vista. Espero que esta obra de Economía orientada al Desarrollo, sirva de reflexión para la sociedad latinoamericana y en especial para nuestros gobernantes.
El presente libro trata de confrontar algunos modelos económicos: socialismo (el marxista o comunista), capitalismo proteccionista o mercantilista y liberalismo social o economía de mercado socialmente responsable; para que el lector saque sus propias conclusiones, independientemente de la opinión del autor. ¿Será verdad que el liberalismo social es una opción utilizada por los gobiernos ubicados en la derecha política? ¿Se puede considerar al socialismo marxista, como un modelo lleno de virtud y solidaridad? ¿Sería mejor para el Ecuador y para otros países de la región, tratar de seguir el sistema proteccionista, el socialismo (¿marxismo?) del siglo XXI, o el pragmático modelo de liberalismo social vigente en varios Estados latinoamericanos y en los países más prósperos a nivel mundial? Interrogantes que serán absueltas en la las páginas que siguen.
De lo que sí debemos estar convencidos, es que el subdesarrollo sólo está en la mente, no existe una fatalidad determinista que nos obligue o nos condene a ser subdesarrollados por siempre; pues si hubiera una confabulación internacional que impone el atraso y la miseria, ¿por qué han podido vencerla países como: Chile, Hong Kong, Singapur, Australia, Suecia, Suiza, Brasil, China, India, Rusia, Corea del Sur, Taiwán, Finlandia, etc.? La respuesta es polémica sin duda. No obstante existe evidencia comprobada de que estas naciones y otras más, pudieron realmente progresar, solamente cuando abandonaron sus visiones político-ideológicas y abrazaron con fe, la senda del pragmatismo-científico, la libertad y la solidaridad, como ejes de su desarrollo económico, social, cultural y político. En una palabra, cuando abrieron sus economías al mercado y le dejaron al Estado, la redistribución social de la riqueza. Cuando siguieron modelos socioeconómicos exitosos y abandonaron los fracasados, es decir, aquellos que no han funcionado en la práctica.
Escribo al amparo de la Constitución Vigente en el Ecuador, la misma que en el Artículo 66 numeral 6 garantiza que una persona tiene: “El derecho a opinar y expresar su pensamiento libremente, en todas sus formas y manifestaciones”. E igualmente solicito, el respeto a los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dicen:
Artículo 18:
• “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; (…) así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.
Artículo 19:
• “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Escribo este libro también, basado en mi experiencia académico-profesional y luego de publicar cuatro libros: 1) Teoría Micro y Macroeconómica (en coautoría), 2) Microeconomía; 3) Macroeconomía; y, 4) Economía Internacional; lo hago además, como un ejercicio libre, práctico, objetivo y académico. Considero, que el pragmatismo del liberalismo social basado en valores como la honestidad, la responsabilidad, la libertad y la solidaridad, tiene una influencia determinante en el progreso de las naciones, porque eso lo demuestran los modelos de los países que ya han conseguido o están en camino de obtener una: “VISA AL DESARROLLO”. Lo hago en forma libre, porque la libertad a más de que significa hacer o decir lo que uno quiere, implica realizarla o manifestarla de manera responsable; sin supuestos, ni especulaciones; basado en cifras, en hechos reales, con opiniones independientes y por sobretodo, respetando el derecho y la honra de las demás personas. Como dicen muchos maestros del periodismo, más que objetividad, el lector encontrará en estas líneas: honestidad y transparencia.
¡Bienvenido a este viaje! ¡abróchese bien los cinturones!, que estamos a punto de despegar, en este fascinante vuelo que nos conducirá directamente al progreso de varias naciones, correctamente enfocadas, en los aspectos económico-liberales del mercado y en los temas solidario-sociales del Estado.
El Autor
INTRODUCCIÓN
En nuestra América Latina, ha sido ampliamente promovido y discutido un sistema político, social y económico denominado: socialismo del siglo XXI, fundado en los escritos y en la visión ideológica del sociólogo alemán Heinz Dieterich, que al momento está seriamente cuestionado en Venezuela, por la enorme inflación, devaluación y crisis económica que atraviesa este país, que tiene que importarlo prácticamente todo, porque la producción local a raíz de la nacionalización y estatización de la empresa privada, ha decaído severamente; al no existir los incentivos económicos propios de la iniciativa privada.
El socialismo del siglo XXI, es un esquema estatista de corte nacionalista, que muy poco tiene de socialdemócrata, que incluso pretendería reemplazar, al exitoso y pragmático modelo que combina mercado y Estado denominado: LIBERALISMO SOCIAL o ECONOMÍA SOCIAL DE MERCADO, vigente en varios países latinoamericanos, como: Chile, Brasil, Perú, Colombia, México, Costa Rica, Panamá, Uruguay y hay quienes dicen que el propio Ecuador ; y, a nivel mundial: China, Hong Kong, Alemania, Australia, Suiza, Canadá, Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Polonia, Rusia, India, etc. Naciones que han sido calificadas por diferentes organismos y por los propios inversionistas internacionales, como muy atractivas para el capital extranjero y que además, son las de mejor calidad de vida para su población (que es lo que precisamente debe hacer un modelo socioeconómico, para ser considerado exitoso).
La triunfante experiencia de los países hoy desarrollados, demuestra que no conviene, basarse en un solitario y solidario eje, ni tampoco en un solo motor: el Estado; hay que fundamentarse en dos motores correctamente balanceados y equilibrados: ¡LIBERTAD y SOLIDARIDAD!, no únicamente en el apoyo a las clases más desfavorecidas, porque eso le cuesta demasiado dinero al Estado y no es un sistema sostenible (que pueda durar) en el tiempo, dado que los recursos públicos le cuestan a toda la sociedad y no únicamente a los individuos emprendedores, que se arriesgan a iniciar una determinada actividad productiva. Más que creer en el igualitarismo marxista (idénticos resultados), se debe buscar una igualdad de oportunidades para todos los habitantes, puesto que los seres humanos fuimos creados iguales, pero obviamente, unos se destacan más y otros menos, porque tenemos diferentes capacidades, y eso es sano e incluso conveniente, para el progreso socioeconómico.
El modelo del socialismo del siglo XXI, se basa fundamentalmente en la equidad, a través de un sector público hiperactivo y muy solidario; olvidándose que primero, hay que atraer inversión privada (nacional y extranjera), que permita crear riqueza, para después distribuirla (como hicieron los países del exitoso modelo nórdico: Finlandia, Suecia, Noruega, etc.), con el fin de evitar problemas de financiamiento, que inevitablemente se presentan en Estados partidarios de incrementar el gasto público en todo tiempo y lugar, tergiversando incluso al propio John Maynard Keynes, uno de los principales economistas del siglo XX, quien señaló que se deben realizar ingentes gastos gubernamentales, únicamente cuando sea necesario: después de una recesión económica, cuando no exista un sector privado dispuesto a invertir para reactivar la producción y generar empleo; o, para corregir fallas y distorsiones del mercado, que inevitablemente, están presentes en el capitalismo. Sistema éste último que para nada es perfecto, como lo dijo Milton Friedman (ex Premio Nobel de Economía en 1976 y principal responsable del actualmente exitoso modelo chileno):
“Existe una enorme cantidad de pobreza en todo el mundo. No existe sistema perfecto. No hay ningún sistema que vaya a eliminar completamente la pobreza, en cualquier área. La cuestión es: ¿Qué sistema presenta mayores oportunidades? ¿Cuál es la mejor forma en que la gente pobre pueda mejorar sus vidas? Y a ese respecto, la evidencia de la historia habla con una sola voz. No conozco ninguna excepción a la proposición que dice, que mientras más libre sea el sistema, mejor ha estado la gente pobre y común” (Milton Friedman)
El capitalismo, entonces, no es un sistema perfecto, pero al menos ha demostrado ser el mejor de los que se han implantado hasta ahora, al ser el que brinda mejores oportunidades a la gente para que progrese por sus propios medios; por ello debemos tratar de humanizarlo, de volverlo justo e incluyente, en especial para aquellas personas que no han tenido las mismas oportunidades de salir adelante; pero, de modo alguno destruirlo, porque todos los que así lo han intentado, inevitablemente han fracasado (el marxismo, por ejemplo, no plantea la revisión del capitalismo, propone su reemplazo por el socialismo como fase previa al comunismo, y casi todos sabemos sus tristes resultados).
Por desconocer lo que dice la ciencia económica fundada en los escritos de Smith y hacerle más caso a Marx y a otros socialistas comunistas (cuyas ideas fueron seriamente cuestionadas a fines de la década de los 80 del siglo XX), Cuba, por ejemplo, no ha sido un país que haya creado riqueza; ¡todo lo contrario!, más bien se ha caracterizado por distribuir pobreza, por fabricar y repartir miseria (prueba de ello es que las balsas no van de Miami a la Habana, sino al revés). Así, tras más de 50 años de revolución socialista (de tinte marxista), ese país se debate en medio de intensas penurias económicas (reconociéndole ciertos avances sociales en salud y educación). Situación que contrasta con la que vive su clase política dirigente, los turistas y uno que otro afortunado, que sí han podido disfrutar de los encantos de la Isla; pues la gran masa de ciudadanos cubanos, están confinados a comer indefinidamente “moros con cristianos” y a vivir realmente en condiciones de estrechez, penuria y limitaciones económicas; dada la ausencia de libertad económica, social, filosófica, cultural, política, de expresión y opinión. Por más que siempre intenten vendernos la idea de que en ese país la parte social es todo un éxito, indudablemente el aspecto económico, sencillamente no ha funcionado. Sin economía de mercado, la parte social no puede ser sostenible, porque ¿de dónde saldrían entonces los recursos para financiar a los pobres?, ¿acaso sólo de Estado, han podido vivir las economías más desarrolladas?
Soplan nuevos vientos en la región, aires de cambio, de revolución; pues, el socialismo marxista, y la Teoría de la Dependencia, han vuelto a renacer, se han vuelto a reinventar en América Latina, a través del modelo denominado: “socialismo del siglo XXI”. Un término creado en 1996, por Heinz Dieterich (sociólogo y político alemán residente en México), con una amplia promoción y difusión en América Latina, a partir del 30 de enero del 2005, por el Presidente Venezolano, Hugo Chávez, en el marco del V Foro Social Mundial (Una convención de extrema izquierda, que trata de salvar al planeta en función a meras consignas político-ideológicas).
¿En qué se fundamentaría entonces, el denominado: “socialismo del siglo XXI”?, Según el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez: “… Se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad”.
¿Cuál es la ideología del socialismo del siglo XXI?, este concepto se deriva de las ideas del sociólogo, historiador, filósofo y político alemán Karl Marx, sobre el materialismo dialéctico y la lucha de clases. Está basado también en el populismo peronista, impuesto en la Argentina en los años 40 y mediados de la década del 70, del siglo XX. También presenta rasgos del capitalismo proteccionista o mercantilista y de la teoría de la dependencia o modelo de sustitución de importaciones. Otro sociólogo alemán, Heinz Dieterich, su principal ideólogo y promotor, actualiza las ideas socialistas, con la venia y beneplácito de muchos seguidores del socialismo real (marxista), fomentando la participación democrática de la ciudadanía, en oposición a las violentas dictaduras de antaño. Donde el comunismo y el fascismo, fueron totalitarismos de izquierda y de derecha, respectivamente, que se cobraron millones de víctimas, alrededor del mundo. Lo de hoy, si bien no tiene la violencia de antaño, intenta de todas maneras colocar “censores” de la opinión pública, que tratan de amordazar a la prensa y restringir la libre opinión ciudadana, porque hay que decirlo alto y claro, los medios de comunicación, también expresan lo que la persona común trata de decirle al gobernante y no puede por sus obvias limitaciones, siendo por tanto sus representantes, los periodistas y comunicadores. ¿Hay excesos?, sin duda que sí (de hecho hay comunicadores que se creen “dueños de la verdad”), pero no por eso la propiedad de los medios debe ser pública, con recursos del Estado, que a la final son de todos; además, se pueden destapar casos de corrupción a través de las investigaciones periodísticas, bien realizadas; pues el periodismo es una profesión fundamental que hay que saberla llevar con ética, transparencia, sentido común y objetividad, es decir, no sólo enfocándose en los aspectos negativos de un Gobierno, sino también resaltando los ámbitos positivos, que sin duda los hay.
¿Cuáles son sus ejes fundamentales?, son cuatro básicamente: El desarrollismo, la economía de equivalencias, la democracia participativa y las organizaciones de base.
¿Qué es el desarrollismo? El desarrollismo (o estructuralismo), es una escuela socioeconómica latinoamericana basada en los lineamientos teóricos expuestos por el economista argentino Raúl Prebisch (1901-1986) y por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) , relativa al desarrollo (de allí su nombre), fundamentada en el deterioro de los términos de intercambio en el comercio internacional; sostiene que los países industrializados exportan bienes con alto valor agregado (de capital o intensivos en tecnología), en contraposición a las naciones de la periferia económica que exportan bienes de poco o escaso valor agregado (materias primas o “commodities”), el mismo que fomenta el subdesarrollo y expande la brecha entre economías centrales y periféricas.
Por consiguiente, plantea (para los países periféricos o subdesarrollados) un Estado activo, vigoroso, fuerte e intervencionista; propulsor de la industrialización, la nacionalización y la sustitución de importaciones, con el fin de conseguir por la vía del Estado, el desarrollo autónomo y soberano.
No obstante, hoy por hoy y tal como lo dijera el economista austríaco Carl Menger en el siglo XIX, los bienes cuanto más escasos son y cuanta más demanda enfrentan, tienen un mayor valor para el consumidor (más precio en el mercado), de allí que actualmente los precios de las materias primas a nivel mundial, han experimentado un repunte (en especial, tras el surgimiento de China como una nueva y pujante potencia económica, que las demanda en forma intensiva).
¿Qué es la economía de equivalencias?, es un término utilizado por el sociólogo alemán Heinz Dieterich, quien presenta como modelo alternativo al precio de mercado, una economía fundamentada en la teoría del valor trabajo, es decir, en el valor de la producción. En términos de lo que cuesta en horas/hombre producir y no en las leyes de la oferta y la demanda, a las que éste sociólogo (de ningún modo economista), inventor y promotor del socialismo del siglo XXI, considera como el origen de las desigualdades sociales y la sobre explotación del factor productivo tierra (recursos naturales).
La teoría del valor trabajo, fue expuesta originalmente por los economistas liberales (los llamados clásicos de la economía, en especial por David Ricardo), la misma que sirvió de piedra angular, para la formulación de modelos teóricos de comercio internacional, opuestos al capitalismo mercantilista vigente, por aquel entonces (siglos XVIII y XIX); pero que también dio pie a interpretaciones marxistas como aquella de que hay que restituirles lo robado por los capitalistas, a sus verdaderos dueños, los trabajadores, debido a que ellos generan la plusvalía (la utilidad), que es apropiada “indebidamente” por los empresarios burgueses.
Socialismo marxista y comunista que no ha funcionado, dada la ausencia de libertad de ese modo de organización político-económica, más proclive a que lo acepten ángeles o seres espirituales y no personas normales, con defectos y virtudes. Solidarios en ocasiones, egoístas a veces, pero seres mortales, que necesitan satisfacer sus necesidades básicas y de ser posible algo más, que lo que plantea el igualitarismo colectivista de inspiración marxista. Socialismo marxista, acostumbrado a exigir a su pueblo que se alimente de sueños, ideales y soberanías, como lo sugirió Fidel Castro cuando dijo, a propósito del cruel embargo norteamericano: “Nos podrán matar de hambre, pero a este pueblo, le sobra dignidad”. (Especial de Fidel Castro en el canal ecuatoriano, Gama TV, en el año 2010).
Pretender reemplazar al sistema de precios de mercado, por un sistema de valores, como lo plantea el sociólogo alemán, Dieterich, no sólo que resulta antieconómico y antitécnico, sino que además ¡es impracticable!, pues, ¿cómo podría un vendedor saber si su producto tiene el precio adecuado para ser demandado por el consumidor?, ¿es que acaso se quiere instaurar un sistema donde la soberanía del consumidor, no exista y los precios sean fijados arbitrariamente por un Estado centralmente planificado, a la usanza de los sistemas socialistas y comunistas de antaño?, pues recordemos que la ex URSS, tenía una cantidad indeterminada de precios para cada uno de sus productos, lo cual contribuyó decisivamente a que el sistema marxista soviético colapse, dada la dificultad práctica de su cálculo (Ya lo decía von Misses, en 1927, en su obra: “Liberalismo”, mucho antes de la aparatosa caída del imperio soviético y de sus satélites este europeas: “En el socialismo, es imposible calcular racionalmente los precios”).
Más adelante, se intentará dar una respuesta convincente a las causas que motivaron el derrumbe del socialismo, por ahora, basta decir que los precios en una economía de mercado, cumplen dos importantes funciones: 1) Servir de señales a productores y consumidores, acerca del valor monetario de sus productos en el mercado de bienes, servicios y factores productivos; y, 2) Asignar recursos, es decir, orientar la producción a bienes, servicios y factores, con mayor demanda, retirando aquella que resulte ineficiente y poco productiva. El haber violado los mecanismos de precios y de mercado, fue sin duda alguna, la causa principal del colapso de la economía socialista soviética. ¡Aunque claro, siempre existirán intelectuales y académicos (especialmente latinoamericanos) que prefieran decir que el socialismo se cayó, por la mala aplicación de las ideas de Marx y por la tergiversación que de las mismas hicieran, Stalin y Mao, por ejemplo!, ¡Y que en Cuba, el socialismo no funcionó por culpa del cruel embargo norteamericano!, o que otra cosa habría sido la ex URSS, si en vez de Stalin, Trotsky hubiese sido su gobernante. En fin….
¿Qué es la democracia participativa? Es un sistema opuesto a la democracia representativa, siendo una forma de otorgarles poder de decisión soberana a los ciudadanos, en los aspectos políticos de la sociedad, instituyéndose consultas populares y referendos, donde los mandatarios solicitan la opinión de sus electores, o dónde éstos les plantean sus inquietudes a aquellos. Sistema que resulta costoso para el Estado en términos de gasto público, además que un gobernante puede postularse como candidato indefinidamente. Este tipo de “democracia”, le otorga un enorme poder al Presidente, dado que los ciudadanos se sienten importantes al tomarse en cuenta sus opiniones y resulta un método ideal para reelegirse por más de un período y seguir en el poder (caso Hugo Chávez, Cristina Fernández, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, en Venezuela, Argentina, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, respectivamente).
¿Qué son las organizaciones de base?, son agrupaciones con tinte socio-político, que están más cercanas a la comunidad, dependientes –generalmente- de organizaciones más grandes (partidos políticos, ONG´s, Federaciones, etc.) En definitiva, son células que están directamente vinculadas al pueblo sencillo, recogiendo sus inquietudes y trasladándolas al poder central.
El socialismo del siglo XXI inventado por el sociólogo alemán Heinz Dieterich, más que un modelo basado en la ciencia económica, constituye un sistema político y sociológico, donde la economía de mercado es atacada; por ello los escuchamos enfilando críticas en su contra, a través del epíteto: ¡“neoliberal”!, que a propósito, los seguidores de esta corriente lo endilgan a cualquier persona que simplemente cree en el mercado y se opone a su ideología; con el fin de ridiculizarlo y darle una connotación negativa: bastante materialista, altamente individualista, profundamente egoísta, ampliamente corrupta, sumamente excluyente y para nada solidaria. No nos olvidemos que los socialistas, son expertos en crear mitos y convencer al pueblo, acerca de las bondades de su “socialismo solidario”, en oposición al “individualismo liberal”.
El neoliberalismo sería entonces para los socialistas: un sistema corrupto, injusto y excluyente; ¡Sí, tal vez!, pero el pragmatismo del liberalismo social es muy diferente y ha sido aplicado exitosamente en los cuatro países que servirán para demostrar su utilidad práctica en América del Sur y en el mundo entero, pues lo han empleado acertadamente: Chile, Brasil, Hong Kong y Suecia. Países que han sido escogidos por haber sido antes subdesarrollados, por sus altos índices de libertad económica –complementada con elevadas dosis de solidaridad social- y por presentar ciertas similitudes, en relación con el Ecuador.
Debiendo recordarse además, que el Liberalismo social tiene entre sus representantes a gente de la talla intelectual y moral de: Adam Smith, David Ricardo, Ludwig Erhard, Konrad Adenauer, Simón Bolívar, Eloy Alfaro, Juan Montalvo, Mario Vargas Llosa, Deng Xiaoping, Milton Friedman, Carl Menger, Eugen Böhm Bawek, Ludwig Von Mises, Friedrich Hayek, etc.; es decir, gente que defendió y defiende la libertad de mercado, la propiedad privada, la competencia, la productividad laboral, el sistema de precios, la ética, la moral, la solidaridad, el bien común, etc.
¿En Ecuador se aplica el socialismo del siglo XXI?
En lo político y social existen bastantes similitudes con el esquema del socialismo del siglo XXI. En lo económico, más semejanzas presenta con el keynesianismo, con la teoría de la dependencia latinoamericana, con el mercantilismo proteccionista; que con el socialismo real (salvo el caso de Hugo Chávez en Venezuela, quien comulga bastante con las ideas marxistas de Fidel Castro). Por ello, al ser el Econ. Rafael Correa, un hombre inteligente, bien intencionado, e incluso con un PHD o Doctorado en Economía, a diferencia de otros socialistas como Castro, Chávez o Morales; debería más bien fijarse en modelos de desarrollo socioeconómico diferentes, que sean de más largo plazo, que contengan una mayor dosis de iniciativa particular (economía de mercado) y una menor injerencia estatal (economía social y solidaria o “sumak kawsay”). Esquemas, que sean liberales y sociales al mismo tiempo, como lo hicieron F. H. Cardoso y Lula, en Brasil; Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, en Chile; Alan García, en Perú; o Tabare Vásquez y José Mujica, en el Uruguay, por ejemplo. Gobernantes que representan al único “ismo” que funciona, según la respetada opinión del ex Presidente de Costa Rica, Óscar Arias: “el pragmatismo”.
Eso precisamente se intenta con este libro, que nuestros gobernantes en Latinoamérica, extraigan sus propias conclusiones, es decir, que apliquen sistemas ampliamente probados en todo el mundo; que hayan funcionado en la práctica, sacando de la pobreza a millones de personas; teniendo como piedras angulares: al mercado en los temas económicos y al Estado en los aspectos sociales. Porque eso es en definitiva el pragmático modelo del Liberalismo social, una opción para los gobiernos equilibrados, del centro, de la izquierda o de la derecha, pero responsables, modernos, pragmáticos, honestos y basados en los hechos, en la simple realidad objetiva. En el sentido común, en la lógica y en la razón.
Dice Guy Sorman en su libro: “la economía no miente”, que mientras los defensores del mercado exponen la economía en función a sólidos argumentos, quienes se oponen al Liberalismo social, lo hacen fundamentados en mitos y en epítetos (de allí el término “neoliberal”, por ejemplo) que hay que reconocerlo, impactan muchísimo en el gran público; dada la enorme capacidad de marketing y promoción. Aspectos, en los que siempre se han destacado los socialistas a lo largo de la historia, pues han confinado al liberalismo a la supuesta defensa de los intereses de las grandes empresas y transnacionales, mientras tanto ellos se han ubicado del lado de los obreros, de los pobres, de los excluidos, de los trabajadores, de los marginados, de los descamisados, de los sin tierra…
¿Existe el “neoliberalismo”?
Esta línea de pensamiento no existe. Hay sí el liberalismo; no obstante, determinados académicos e intelectuales, denominan así, a los egoístas, ambiciosos, explotadores e inescrupulosos empresarios, hambrientos de poder y de riqueza; pero que también ha sido abusada hábilmente y con mucha destreza propagandística, con el fin de satanizar al exitoso modelo clásico – liberal con rostro social, que se remonta al siglo XVIII, cuando Adam Smith fundara la economía, escribiendo su libro: “La Riqueza de las Naciones” (1776), que lo hiciera merecedor a la honrosa distinción de ser considerado como el Padre de la Ciencia Económica.
El mismo Smith, años atrás al surgimiento de esta importante obra, escribió también: “La teoría de los sentimientos morales” (1759), con lo cual dejó en claro que la libertad y la solidaridad, fundamentadas en principios, en valores, en mercados libres, en sanas competencias, en la benevolencia con los más excluidos, en el respeto al otro, en la ciencia económica, en las instituciones, en la empatía, en la división y especialización del trabajo humano, etc., son las piedras angulares, del desarrollo socioeconómico de las naciones.
Los estudios serios al respecto, demuestran que el factor principal para el subdesarrollo no es el liberalismo (confundido incluso con el conservadurismo, con la ortodoxia); sino que la causa más bien hay que encontrarla en la corrupción de nuestras élites (valores o principios morales señalados por Adam Smith) y en el irrespeto a los adecuados equilibrios macroeconómicos (leyes de la ciencia económica), que son los principales indicadores que observan los inversionistas privados nacionales e internacionales, para decidirse a generar producción y empleo, en un determinado país.
Valores morales, que es preciso inducir en nuestra población desde una edad temprana; por ejemplo, a través de la lectura de libros que en lugar de promover la lucha de clases (mitos), enseñen a nuestra gente el respeto a las leyes y a las instituciones (hechos prácticos). De igual forma, los equilibrios macroeconómicos, requieren de un Estado eficiente en la utilización del gasto público; es por ello que no existen ejemplos exitosos de desarrollo, en países que no han sido capaces de atraer inversión privada a sus economías. Observemos el caso de la ex URSS, que más que potencia económica, fue un gigante militar con pies de barro, que luego se cayó, dada la falta de libertad, incentivos y sentido común (¿cómo se puede gastar tanto dinero en inútil gasto armamentista, en lugar de privilegiar la atención y la comida de la gente común?).
¿Es el liberalismo una posición cercana a la derecha y al mantenimiento de privilegios?
¡De ninguna manera!, Pablo Lucio Paredes en su libro: “Ecuador, de la no república… a la no república”, señala: “… Según la Real Academia, por la posición que ocupaban en la asamblea de la Revolución Francesa, en la izquierda estaban los representantes no conservadores, es decir, los que aceptaban reformas, cambios y estaban contra los privilegios. Y eso es el liberalismo, una visión que intenta abrirse paso al cambio, a la competencia que rompe privilegios y en contra del Estado que los otorga. El socialismo, en cambio, es esencialmente un sistema que genera privilegios y ventajas personales o corporativas alrededor del monopolio estatal, y se torna inevitablemente conservador. Es el liberalismo el que cree en la gente, en su capacidad de tomar decisiones, en la participación”
¿El socialismo marxista o comunista, ha servido para que los países que lo aplican, crezcan y se desarrollen?
Para responder a esta pregunta, los invito a mirar los casos de Cuba, en nuestra América Latina; o el de Corea del Norte en la lejana Asia. Naciones cuya economía está profundamente anclada al irrespeto del mercado libre y a la veneración de un Estado obeso e ineficiente, donde no se ha conseguido crecimiento y desarrollo económico. Reconociéndoles, ciertas conquistas sociales, que se las puede obtener también en una economía de mercado, que sea socialmente responsable, sin necesidad de irse al extremo de querer destruir el capitalismo a marchas forzadas, sustituyéndolo por un sistema socialista que ha demostrado su ineficiencia y su ineficacia; que se ha mostrado muy proclive, eso sí, para fabricar y repartir miseria por doquier.
Por ello, más adelante se dedicará un análisis especial para el estudio de: 1) naciones socialistas marxistas, como la Cuba de los hermanos Castro y la Venezuela de Hugo Chávez; y, 2) se investigarán además, las antiguas y las nuevas realidades de Rusia (ex URSS) y Polonia (ex República Popular de Polonia), dos países que abandonaron la ideología marxista y hoy en día, abrazan la economía de mercado, lo que les ha permitido crecer y desarrollarse armónica, sostenida y equilibradamente.
La ciencia económica (fundada por Adam Smith) considera que el sector público, debe limitarse a sus funciones específicas, es decir, no es saludable un “Estado empresario”, porque absorbe recursos de la sociedad. Recursos que podrían ser utilizados en otras áreas más importantes y en defensa de los más necesitados. Tener muchas empresas públicas, distrae recursos; es mejor que compitan, porque sólo así mejorarán la productividad, la calidad y la eficiencia técnica; disminuyéndose con esto las tarifas y aumentándose la cantidad ofrecida; ya que generalmente se presentan monopolios públicos, que ofrecen sus servicios a costos realmente elevados y con severas deficiencias en cuanto a la calidad de los mismos. El Estado debe ayudar, colaborar con el sector privado, no está para competir inútilmente y generar monopolios, contrarios a la sana competencia. Salvo aquellos monopolios que como la luz, el agua y el alcantarillado, son básicos para la población y constituyen “monopolios naturales”, reconocidos por la ciencia económica, como justificables desde el punto de vista de las economías de escala. Pero, ¿se justificaría el monopolio estatal de los medios de comunicación, con el argumento ideológico de que la información es un bien público y que no debería perseguir fines de lucro?
¿Qué modelo económico es el más conveniente para el desarrollo de un país?
La experiencia práctica de los países hoy desarrollados, nos enseña, que el sistema económico más exitoso (¡no perfecto, pero sí el mejor!) es el modelo liberal socialmente responsable (Liberalismo social o economía social de mercado), es decir, el que se fundamenta en el mercado para la iniciativa privada y en el Estado para sus funciones específicas: bienestar social, seguridad, justicia, infraestructura básica, leyes, defensa nacional y redistribución de la riqueza. Por ello en el presente libro, se analizarán los casos de naciones que han conseguido hacer que sus economías crezcan y se desarrollen, mejorando el nivel de vida de sus habitantes, consiguiendo altos índices de productividad, atrayendo inversión extranjera, siendo internacionalmente competitivos y reduciendo a su mínima expresión, la pobreza. Flagelo, que es preciso combatir, por medio de los instrumentos científicos que la economía tiene para hacerlo, esto es, creciendo económicamente y redistribuyendo adecuada y solidariamente la riqueza.
Se han incorporado en el presente estudio, a países cuyas experiencias sean asimilables, equiparables e inspiradoras para el Ecuador, por estar dentro del continente latinoamericano, por haber sido continuadas por Gobiernos ubicados en la izquierda política (como son los casos de Chile y Brasil), además, por haber sido economías subdesarrolladas; puesto que, hoy por hoy, estas mismas naciones ocupan un sitial privilegiado en los índices de libertad económica y desarrollo humano, dado que tienen en la libertad y en la solidaridad, sus principales cimientos. Por tanto, en el presente libro, serán estudiados cuatro modelos de desarrollo que aplican Liberalismo social: Chile, Brasil, Hong Kong, y Suecia.
Esta obra pretende diferenciarse además, de la doctrina proteccionista (mercantilista) de Ha Joon Chang, un economista de origen surcoreano, quien afirma en su libro: “pateando la escalera del desarrollo”, que los países prósperos lo son, simplemente por haber aplicado medidas proteccionistas de tinte nacionalista e intervencionista en el pasado y que luego fueron por el mundo con el libro “la riqueza de las naciones” de Adam Smith bajo el brazo, a predicar la doctrina del libre comercio y la libre competencia, sin primero haberla cumplido ellos mismo.
¿A qué países se refiere el surcoreano? básicamente a Gran Bretaña y EEUU, naciones que desde hace muchos años son prósperas. ¿Por qué Ha Joon Chang no investigó las causas del progreso en Chile, Hong Kong, Singapur, Australia, Suiza, Brasil, Suecia, Finlandia, Noruega, etc.?, países que antes eran profundamente subdesarrollados y que hoy, gracias a la libertad económica combinada con la solidaridad social (porque se puede hacer las dos cosas, no son mutuamente excluyentes), consiguieron desarrollo socioeconómico de largo aliento.
El Liberalismo social constituye un modelo basado en el respeto al mercado y al Estado, cada quien en lo suyo. El Estado en defensa de los más necesitados, por la vía de una mejor redistribución del ingreso y la riqueza, con impuestos justos y subsidios directos; y, el mercado equilibrando las libres fuerzas de la oferta y la demanda, sin interferencias perniciosas, salvo en el caso de que se presenten fallas o distorsiones, como sucede en los monopolios u oligopolios, por ejemplo. Se requiere de un Estado que actúe como regulador, como facilitador de la libre iniciativa privada. Un Estado que opere dentro de un marco de derecho y que combata también los abusos de ciertos individuos, que en vez de liberalismo, pretenden convertir al mercado por la vía de la especulación financiera, en un sitio más de libertinaje, que de auténtica libertad socioeconómica.
Sí bien es cierto, EEUU y Gran Bretaña fueron mercantilistas (proteccionistas) en su momento, eso no significa que hayan utilizado al proteccionismo para su desarrollo socioeconómico; peor aún deliberadamente como injustamente los acusa Ha Joon Chang; pues hay que tomar en cuenta que esa era la teoría económica prevaleciente en el mundo en aquellos tiempos (siglos XVIII, XIX e inicios del XX inclusive, en Alemania, por ejemplo). Los EEUU históricamente han combinado el mercantilismo, con el keynesianismo y con el liberalismo, pero no premeditadamente como lo afirma, Ha Joon Chang.
Además, ¡el proteccionismo no es aconsejable para países pequeños como el Ecuador por ejemplo!, que no somos autosuficientes como EEUU y dependemos del comercio internacional, para nuestras exportaciones e importaciones. Adicionalmente, esta situación proteccionista, fue duramente criticada por Adam Smith, en la Gran Bretaña de su tiempo. ¡En fin!, eran muy diferentes las circunstancias y el entorno socioeconómico de aquel entonces. Además, sería preferible mirar realidades más próximas a la del Ecuador actual, en lugar de pretender compararnos con potencias del calibre de EEUU, o Gran Bretaña. Aunque si de potencias económicas hablamos, habría que sugerirle a Ha Joon Chang y a sus seguidores, que lean e investiguen también las causas del denominado “milagro alemán”, conseguido por Ludwig Erhard después de la devastación nazi, a través de dos simples medidas de tinte liberal socialmente responsable: 1) Eliminación del congelamiento de salarios y precios, es decir, dejar que el mercado fije libremente los precios de las mercancías y del trabajo; y, 2) la introducción de una nueva moneda: el marco alemán.
(En el capítulo 3 se mencionarán los principales aspectos de Erhard y del “milagro alemán).
Lo que hay que considerar es que los liberales socialmente responsables, siempre han estado en contra del intervencionismo gubernamental en el comercio internacional, dado que se perjudica a un gran número de consumidores, que no pueden acceder a una amplia gama de productos a precios más baratos, todo por defender a un pequeño y reducido número de ineficientes productores locales, que al no producir con criterios de calidad y bajos costos, tienen que esperar que un Estado paternalista y proteccionista, financie sus ineficiencias; para que después incluso, se generen monopolios de productores, contrarios a la sana competencia. Se requiere por tanto, que los consumidores dispongan de un menú variado de productos y eso sólo lo pueden conseguir, el libre comercio y la globalización socioeconómica.
Según importantes organismos internacionales, las economías más libres y abiertas al mundo, son las que más progresan; considerando, que lo que se deja de ganar por el lado comercial, al ser más abiertos al mundo, se lo recupera por el lado de los capitales, es decir, por la capacidad de atracción de inversiones que tienen las economías más abiertas e integradas a la globalización, porque los grandes países inversionistas, se fijan más en las economías abiertas (liberales), antes que en las cerradas (proteccionistas). Y además, porque aquellas que son más liberales, tienen un menor riesgo país (con menor tasa de interés), que es un indicador real que mide justamente el riesgo de invertir o no en una cierta economía.
¡Muy de acuerdo!, primero el consumidor nacional debe tratar de preferir los bienes y servicios que se le ofrecen localmente. Están bien campañas como: “Primero lo nuestro”; pero, siempre y cuando esos productos sean de calidad, porque de lo contrario por más marketing y promoción que se realice, los consumidores seguirán prefiriendo productos extranjeros. Especialmente ahora que debido al incremento en el gasto público, se ha elevado la demanda nacional, sin la contrapartida en la oferta agregada, lo que ha hecho que se dispare el consumo de artículos importados, dada la poca elasticidad de la oferta interna.
En este libro, ¿Se pudo haber investigado a más países que aplican el Liberalismo social y son exitosos? ¡Así es!, la lista es demasiado larga; pero, en homenaje al tiempo (y para no cansar a los lectores), se ha decidido realizar una investigación contrastando 4 países socialistas e intervencionistas: URSS, Polonia , Cuba y Venezuela vs. 4 países que son liberales socialmente responsables: Chile, Brasil, Hong Kong y Suecia, para que observemos y comparemos sus resultados prácticos.
¿Se puede aprender algo de la historia? El master en periodismo y escritor cubano (radicado en Miami), Carlos Alberto Montaner, señala que se podría, “si las clases dirigentes fueran un poco más sensatas, pero la experiencia indica que en América Latina prevalece una absoluta incapacidad para imitar los buenos ejemplos. Es un misterio casi asombroso, que quienes dicen estar consagrados a lograr el desarrollo de nuestros pueblos, en lugar de copiar los casos exitosos de las últimas décadas, prefieran recurrir a los que han fracasado. Ante nuestros ojos, tras la Segunda Guerra mundial, vimos cómo Ludwig Erhard rescataba a Alemania de su mayor desastre y en apenas quince años colocaba el país a la cabeza de Europa. El porqué los revolucionarios latinoamericanos se empeñan en reproducir los errores de Perón y no los aciertos de Erhard es un fenómeno que no se puede estudiar en el ámbito de la ciencia política sino dentro del psicoanálisis. ¿Por qué los políticos latinoamericanos de este loco mundo nuestro no se asoman a Singapur e indagan cómo ese pequeño enclave saltó del tercer mundo al primero en apenas veinte años sin romperse la crisma en la pirueta?”
Rosemary Thorp, historiadora económica de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña), ha medido el PIB per cápita de América Latina a lo largo del siglo XX y el peso global de nuestros países en el comercio internacional. “En 1900 teníamos el 14% del PIB per cápita de Estados Unidos y realizábamos el 7% de las transacciones internacionales. Cien años más tarde y tras cuarenta "revoluciones profundas" nuestra renta per cápita es el 13% del que exhiben los gringos, mientras nuestra participación en el comercio internacional se ha reducido al 3%.”
Complementando lo dicho anteriormente por Montaner y Thorp, el periodista y escritor argentino (también radicado en Miami), Andrés Oppenheimer, señala en su best seller: “Cuentos Chinos”, “mientras China, las naciones asiáticas y los países de Europa del Este, están mirando hacia el futuro, América Latina insiste en mirar hacia la vieja izquierda comunista abandonada por China inclusive”, y sus gobernantes populistas, no hacen más que contarnos “cuentos chinos”, culpando al liberalismo y a los Estados Unidos de nuestros males e infortunios. Oppenheimer señala entre otras cosas, que “lo que vemos hoy en día, es que realmente toda esta discusión que escuchamos en nuestros países, sobre derecha o izquierda, es una discusión del Siglo XIX, porque en las naciones que avanzan y que están haciendo disminuir la pobreza, vemos gobiernos de todos los colores políticos: desde la China Comunista hasta la Irlanda Capitalista, pasando por Chile o España, gobernadas por partidos socialistas, y todos ellos están teniendo éxito. Mientras tanto, la discusión que lamentablemente escuchamos todavía en muchos de nuestros países latinoamericanos, ha sido superada hace veinte o treinta años.
Lo que sucede es que las disputas sobre derecha e izquierda, en realidad, pasan hoy por otros parámetros, que no tienen nada que ver con el crecimiento y el desarrollo. Pueden pasar por el tema del aborto, el de las libertades individuales, de la ecología, pero no pasan en absoluto por la inversión, la productividad, la competitividad.”
Oppenheimer, divide a los países en dos bandos: 1) los que atraen capitales y 2) los que espantan capitales; lo que hace que los unos estén ubicados en el Liberalismo social y los otros, penosamente insistiendo, en el socialismo comunitario de planificación central, o en el capitalismo proteccionista.
Porque hay qué decirlo claramente, aquellas naciones que reniegan de la libertad económica y del capital privado, son mal vistas en el concierto internacional de países. ¿Por qué? ¡Bueno!, simplemente porque así es la realidad pragmática, nos guste o no (lo que pasó en el Perú el 6 de junio del 2010, cuando tras la elección de Ollanta Humala como Presidente, se cerró la bolsa de valores de Lima, por el pánico de los inversionistas, dada la cercanía de Humala con Chávez, por ejemplo). De allí que Chile, es el país en América Latina, más liberal, más solidario, más abierto al mundo, más honesto y el que menores índices de pobreza muestra, según los diferentes organismos internacionales encargados de medir dichos indicadores socioeconómicos. ¡Pensar que hace más de 30 años, los propios chilenos habrían dicho que eso es imposible! ¿Cómo lo consiguieron? ¡Simple! Aplicaron Liberalismo Social, es decir, el mercado en los temas económicos y el Estado en los aspectos sociales. El resto fue sólo cuestión de tiempo. Hoy por hoy, Chile es, la economía más próspera de América Latina y la más solidaria también, porque es la que mejor ubicada está tanto en el índice de libertad económica, como en el de desarrollo humano, sin que haya tenido que irse a los extremos socialistas de tinte marxista, propuestos un día, seguramente con la mejor de las intenciones teóricas (e incluso espirituales), por Salvador Allende.
Oppenheimer también señala: “Lo cierto es que hay un enorme contraste entre el discurso político de los comunistas chinos y el de sus primos lejanos, más retrógrados, en el escenario político latinoamericano. Mientras los primeros se desvelan por captar inversiones, una buena parte de los políticos, académicos, y empresarios proteccionistas latinoamericanos se regodea en ahuyentarlas. En China, me encontré con un pragmatismo a ultranza y una determinación de captar inversiones a largo plazo. Mientras algunos políticos latinoamericanos recorrían el mundo denunciando el “capitalismo salvaje” y el “imperialismo norteamericano”; recibiendo ovaciones en los Congresos latinoamericanos, los chinos les estaban dando la bienvenida a los inversionistas norteamericanos, ofreciendo todo tipo de facilidades económicas y promesas de seguridad jurídica, aumentando el empleo y creciendo sostenidamente a tasas de casi el 10% anual. Los jerarcas chinos mantienen un discurso político marxista-leninista para justificar su dictadura de partido único, pero en la práctica están llevando a cabo la mayor revolución capitalista de la historia universal”.
Las ideologías ven el mundo como algo estático. En tanto que el pragmatismo, reconoce las dinámicas de los nuevos tiempos. Si algo objetivamente ha fracasado, el pragmático, lo descarta. Cualquier ideología (de izquierda o derecha) se ve a sí misma como la depositaria de las ideas que pueden resolver cualquier problema de la sociedad, ya sea presente o futuro. Esto convierte a la ideología en un dogmatismo, pues se cierra a las ideas de los demás, como posible fuente de soluciones a los problemas que se plantean diariamente, siendo ella la explicación total y última. En casos extremos, una ideología puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados. Considerando a la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo, bien sea de tipo político o religioso. Cualquiera que disienta (los disidentes cubanos, por ejemplo) pasa a ser un problema para la sociedad, o el grupo, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología.
En contraposición a la ideología socialista, nacionalista y estatizante, el pragmatismo del liberalismo económico combinado con la necesaria solidaridad social es dinámico, porque se adapta a las nuevas realidades y no duda en tomar los aspectos positivos de una determinada escuela económica para afrontar el desarrollo de los pueblos. Definido el pragmatismo por el Diccionario de la Lengua Española (2005 Espasa Calpe), como “la actitud y el pensamiento que valora sobre todo la utilidad práctica y el valor de las cosas”, siendo además un “movimiento filosófico norteamericano de carácter empirista que considera los efectos prácticos de una teoría, como el único criterio válido para juzgar su verdad”.
Así, un ejemplo de pragmatismo lo encontramos en los socialistas de Chile, Brasil, Uruguay, Rusia, Alemania Oriental, Polonia, China, etc., quienes dándose cuenta que las tesis igualitarias y equitativas del marxismo suenan bastante bien en la teoría e incluso en los ámbitos sociales y políticos (¿Quién puede dudar de sus buenas intenciones?), las abandonaron dada su nula efectividad práctica, decidiendo más bien que deben ser, solidarios en lo social y liberales en lo económico, es decir, conservan la ideología política del socialismo que busca la solidaridad y el bien común; pero ésta, de modo alguno, se encuentra divorciada de la libertad económica y de los instrumentos de oferta y demanda presentes en todos los mercados. Ellos creen, como es lógico, que primero hay que crecer para después repartir y no primero repartir lo poco que se tiene; por ello es que a este tipo de escuela o de modelo, se lo ha denominado en el presente libro como: LIBERALISMO SOCIAL, que es el auténtico nombre, con el que debería ser conocido el sistema liberal-solidario, inventado por Adam Smith hace más de 200 años. Y no como de individualismo-liberal. Incorrecta forma, denominada por algunos académicos e intelectuales, que jamás han leído a Smith (o si lo han hecho, al parecer, no lo han entendido).
En esta investigación simplemente se lo pretende rescatar y proponer para el Ecuador y para América Latina, con las debidas y correspondientes adaptaciones a la realidad contemporánea y al país específico. A más de que existió un economista llamado Ludwig Erhard en la Alemania Occidental (inmediatamente posterior a Hitler y al nazismo), que los sacó de la postración económica y consiguió el denominado “milagro alemán”, a través del modelo denominado por él como: “Economía Social de Mercado (ESM)”, cuyo inventor es: Adam Smith.
¡De modo alguno entonces! este LIBERALISMO SOCIAL (LS), es una nueva doctrina inventada a título personal por el autor de este libro; de lo que se trata más bien, es de recoger los postulados liberales y solidarios del brillante filósofo y economista escocés del siglo XVIII, Adam Smith, quien con sus dos obras: “teoría de los sentimientos morales” y “La riqueza de las naciones”, elevó la economía política al carácter de ciencia social. Resultando penoso el que se haya malinterpretado su doctrina y se diga sin ningún tipo de argumento, que Adam Smith era un cruel e inhumano personaje; cuando esto no es así, como será demostrado más adelante, al describir profundamente su teoría socioeconómica; porque Smith era un hombre brillante, justo, éticamente bien formado y bastante solidario.
¡Creía en el Liberalismo social!, es decir, en uno de tipo humanista, ético-moral, respetando la propiedad privada, la libertad, la justicia social, la vida y el derecho de las demás personas. Además, esos mismos políticos, académicos y profesionales que critican y despotrican en contra del liberalismo (por ser según ellos, de “derecha”), deberían saber y entender que la doctrina fundada por Smith, fue seguida por Eloy Alfaro en el Ecuador, (¿o acaso Eloy Alfaro, no era liberal?). Alfaro, dio mucho impulso a las exportaciones cacaoteras, construyó el ferrocarril para unir la sierra con la costa y separó los vínculos entre la Iglesia y el Estado, que eran comunes en la etapa anterior a su gobierno liberal, esto es, durante el régimen de Gabriel García Moreno.
A propósito de pragmatismo, miremos el ejemplo de Uruguay, país que junto con Chile y Brasil, son considerados por Eduardo Lavagna -ex ministro de Economía de Argentina-, como los tres países sudamericanos que tienen políticas económicas de largo plazo, en donde no importa si ganan la izquierda o la derecha, pues allí siempre se aplican idénticas medidas de crecimiento y desarrollo, sustentadas en la libertad económica y en la solidaridad social como piedras angulares que sostienen el modelo.
Resulta entonces sorprendente (y agradable), leer las declaraciones de José Mujica, un ex marxista y guerrillero tupamaro (antiguo seguidor del che Guevara), diciendo lo que debe ser una herejía para la extrema izquierda continental, porque al más puro estilo de Adam Smith ha declarado que: “La riqueza no se genera por decisiones legislativas; es hija de la inversión y el trabajo”; y además, que manejará la macroeconomía con extrema precaución y prudencia. Un hombre extremadamente pragmático sin lugar a dudas, que ojalá sirva de ejemplo para otros gobernantes de izquierda en el continente, que piensan que únicamente hay que ser solidarios y para nada liberales.
Luego de haber asimilado bien esta frase, dicha no por un derechista, sino por un representante de la izquierda moderna continental, que además señaló sentirse más cercano a los “socialismos” de Lula en Brasil o de Bachelet en Chile. Resulta penoso escuchar todavía a Hugo Chávez afirmar erróneamente, que Simón Bolívar fue el primer socialista ilustre en el continente.
Conviene aclarar entonces, que Bolívar no era comunista, ni socialista siquiera, porque en el tiempo del “Libertador”, todavía no existía esa corriente doctrinaria (además Bolívar era partidario de la unión, de la fraternidad y no de la separación o la lucha de clases, como lo propone el marxismo). En aquella época (inicios del siglo XIX), habían tres escuelas de economía política: la fisiocrática fundada por Quesnay, la mercantilista en la que habían muchos pensadores, entre ellos William Petty, Alexander Hamilton, en fin; y, la liberal implantada por Adam Smith. De allí que Bolívar, era liberal, justo y humanista, preocupado por el bien común, por la igualdad y sobre todo por la libertad. Los conocedores de historia, cuentan que Bolívar, se deleitaba con la lectura de los clásicos de la economía, en especial con el libro insignia de aquella época, el de Adam Smith, titulado: “La riqueza de las naciones” (1776).
Con una demostración tan sencilla, basada en fechas, se desmonta el mito acerca de la ideología marxista, que sesgada y obstinadamente pretenden atribuirle a Bolívar. ¡Veamos!, El Libertador nace en 1783 y muere en 1830. Marx nace en 1818 y muere en 1883. Su principal libro, “El Capital”, lo escribe en 1867, es decir, 37 años después de la muerte de Bolívar. Siendo probable entonces, que El Libertador, haya leído a Smith e imposible que haya leído a Marx; porque el libro de Adam Smith, “la riqueza de las naciones” se lo escribió en 1776, o sea, unos cuantos años antes, a la época en que Bolívar liberaría a los pueblos de América del oprobioso yugo español; colonización con la que Adam Smith nunca estuvo de acuerdo, porque él dijo claramente en esta obra, que la riqueza nacional (diferente de la individual) no consiste en la cantidad de oro y plata que un Estado posee (como sí lo creían los mercantilistas), sino que ésta más bien depende de la cantidad de bienes y servicios a disposición de la población; o sea, de la producción. Y que la riqueza es generada, por el trabajo humano, en concreto por la división y la especialización del mismo. Fuente de eficiencia y productividad.
Siendo la conjunción del trabajo físico llevado a cabo por los obreros, más los valores éticos y morales de los empresarios, complementado con buenas instituciones, lo que permite el desarrollo. Smith, jamás defendió ni la explotación capitalista, ni la ambición desmedida de ciertos empresarios monopólicos (aliados con el Estado en contra del consumidor); pues fue un crítico bastante duro del mercantilismo colonialista: británico, portugués y español en nuestra América.
Habrá que recordarles a los que ignoran o ya se han olvidado de la historia económica, que este genial escocés de nombre Adam Smith, catedrático de la Universidad de Glasgow y paradójicamente funcionario público de Aduanas, escribió antes que “La riqueza de las naciones”, el libro: “Teoría de los sentimientos morales” (1759), en el que aboga por un mundo más justo y humano, basado en principios y valores morales. Siendo Smith entonces, el fundador del modelo que en el presente libro se lo ha denominado: “Liberalismo social (LS)”. Sistema que Erhard en Alemania, lo bautizó como: “Economía Social de Mercado (ESM)”.
Volviendo a la ideología del Libertador, cabe señalar que Marx, trató despectivamente a Simón Bolívar. Marx lo criticaba abiertamente. Lo juzgaba por su origen de clase, por su condición de aristócrata, más que criollo, codicioso de fama y poder. Un “pequeño burgués” disoluto y procaz que “tras dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe… marchó hacia Pamplona, donde pasó más de dos meses en festejos y saraos (...), con un tesoro de unos 2 millones de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9 mil hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hannoverianos y otros extranjeros bien disciplinados”, escribió Marx.
Para Marx, Bolívar no era más que un dictadorzuelo oportunista y demagogo. Marx escribe, que las campañas castrenses emprendidas por Bolívar durante la Guerra de la Independencia no fueron nada más que un alarde de mediocridad estratégica financiada por capitalistas ingleses y por la propia corona británica en pos de dominar el vasto mercado americano que se dislocaba del decadente dominio español.
Como vemos, ni Bolívar era marxista y Marx de modo alguno, era bolivariano. Bolívar decía: 1) “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano, el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo, donde se origina la usurpación y la tiranía”. 2) “Yo soy siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria”. (www.sabidurias.com).
Después de haber aclarado cuál era el pensamiento del Libertador; veamos ahora ¿Qué es el estatismo?, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “el estatismo es la tendencia que exalta el poder y la preeminencia del Estado sobre los demás órdenes y entidades”. El estatismo de Cuba y Venezuela, ya raya en socialismo como fase previa al comunismo (por el control de precios, salarios, tipos de cambio, falta de libertad política y económica, expropiaciones, declaraciones de sus gobernantes, menú racionado, censura a los medios de comunicación, en fin), que sin embargo parece querer ser replanteado, al menos en Cuba, ya que el propio Fidel Castro ha reconocido que el modelo socialista cubano no funciona ni para ellos (8 de septiembre del 2010). El socialismo de Bolivia, es por lo pronto una interrogante, no obstante, las feroces declaraciones de Evo Morales, en contra del capitalismo “imperialista” y la depredación de la naturaleza, por eso dijo ante los medios de comunicación, que la humanidad se enfrenta al dilema: “naturaleza vs. Capitalismo salvaje”.
En el Ecuador de la “revolución ciudadana”, más que socialismo lo que se observa es un sistema económico keynesiano en lo fiscal y mercantilista o proteccionista en lo comercial; tipo escuela cepalina o teoría de la dependencia de los años 60 y 70 en América Latina; con medidas proteccionistas destinadas a favorecer el desarrollo autónomo y soberano, así como la industrialización masiva, que todos esperamos que se lo realice con criterio económico y sentido común; ya que por ejemplo, no es correcto tampoco, que sigamos exportando cacao e importando chocolates, o exportando petróleo crudo e importando derivados de petróleo, es decir, debería ser una industrialización basada en nuestras ventajas comparativas en la agricultura, fomentando la agroindustria; en lugar de pretender producir televisores, electrodomésticos, automóviles, en fin; o fundamentada en la minería, en el turismo y en la energía. En otras palabras, deberíamos primero comenzar por aprovechar más nuestras potencialidades como nación, que en agroindustria, minería, turismo y energía, si las tenemos; antes que ir a una industrialización forzada y para nada espontánea.
Habrá que considerar además, que no sólo los países industrializados se han desarrollado. Chile, por ejemplo, es un país exportador de materias primas, pero también de vinos e incluso de ciertos bienes industriales, y se lo considera un modelo progresista en la región, sin que necesariamente haya basado su desarrollo económico y humano en la fabricación de bienes intensivos en capital y tecnología, porque como ya lo dijeron los liberales clásicos (con David Ricardo a la cabeza), se debe favorecer la producción y exportación de bienes, en los que una nación determinada tenga una ventaja comparativa, e importar y consumir aquellos en los que haya una desventaja comparativa, con la finalidad de que ganen tanto los productores, como los consumidores. Si un determinado bien, es más costoso fabricarlo internamente que comprarlo en el exterior, sería preferible importarlo, porque no debemos olvidarnos de los costos de oportunidad implícitos en la producción de los bienes, es decir, por dedicarnos a una industrialización agresiva y forzosa; a lo mejor descuidamos otros sectores en los que somos, o podemos ser, más productivos y competitivos.
A propósito del Ecuador, su Presidente, Rafael Correa, tiene un pensamiento ideológico que se lo puede apreciar en la siguiente nota tomada de www.ecuadorenvivo.com, donde este medio se hace eco de una entrevista realizada por una periodista española para Diario El Mundo, de fecha 21 de mayo 2010, que dice:
Rafael Correa.- “ (…) Lo que pasa es que, no había participado antes en política nacional, pero sí en política universitaria; no vengo de una izquierda marxista, yo vengo de una izquierda cristiana; y con esas fuentes de la doctrina social de la iglesia y la teología de la liberación, entonces para algunos que se creen los profetas de la izquierda, probablemente eso no es ser de izquierda, no es ser revolucionario; pero, qué le voy hacer, me tiene sin el menor cuidado lo que piensen. (...) Yo siempre me he considerado un tipo de izquierda.
Periodista.- ¿Puede decirme una cosa, una idea política que lo asimila con Chávez y otra que les divide a los dos?
RC.- Lo Bolivariano, compartir esta visión del Socialismo del siglo 21, que nos divida hay muchísimas cosas, cada país es una realidad diferente, y tenemos que dar respuestas diferentes.
P.- ¿Me podría decir una medida por ejemplo que haya tomado Chávez y que no comparte?
RC.- Chávez muchas veces piensa que la solución está en los sistemas, tiene mucha fe en eso, o sea que el capitalismo es el causante de todos los males y el socialismo va a resolver todos los males; yo creo que los sistemas son importantes, las ideologías son importantes; pero si no cambiamos al ser humano, cambiaremos muy poco las cosas”.
Una vez que hemos leído que el Econ. Rafael Correa, afirma no ser un socialista marxista, sino más bien un socialista humanista (social demócrata); se le debe recomendar entonces, de la manera más constructiva, objetiva y propositiva: que mire al exterior, al mundo desarrollado, a países como: Chile, Hong Kong, Brasil y Suecia, por ejemplo; dejando de criticar ideológicamente a modelos que sí funcionan, con los debidos controles; que deje de criticar al liberalismo utilizado antaño por su ícono inspirador: Eloy Alfaro.
Por tanto, la Economía, debe en primer lugar, ser económica y luego social, es decir, basarse en los instrumentos de mercado (oferta, demanda, sistema de precios); pero debe también estar matizada con un rostro social que beneficie a los pobres y excluidos del sistema, redistribuyendo en forma más justa o más equitativa la riqueza; y obviamente, la institución encargada de hacerlo, es el Estado. Pero no uno absorbente y entrometido en la vida económica, sino más bien una entidad que se comporte como regulador, como facilitador de las transacciones entre los agentes y los sectores económicos . En palabras sencillas, en un Estado que se comporte como “árbitro” para que se cumplan las leyes y los principios básicos de la sociedad, para que se respeten los contratos, para que se imponga un Estado de derecho, para que se garantice la propiedad privada, para que se genere riqueza y se la redistribuya adecuadamente hacia todos los sectores de la sociedad.
En palabras simples, el mercado en el aspecto económico y el Estado en el tema social, constituyen las claves del desarrollo socioeconómico de las naciones. Por tanto, estas dos instituciones, deben complementarse y no competir innecesariamente.
Alguien podrá decir, que más importante es el ámbito social. A esa persona cabría preguntarle: ¿Puede una persona o Estado ser generoso sin recursos económicos? ¡Obviamente que no!, porque como lo decía Margaret Thatcher: “El buen samaritano, sin dinero, se habría quedado sólo en buenas intenciones”.
El error está en pretender que el sistema sea netamente solidario, porque sin crecimiento económico, basado en inversión privada (no sólo en más Estado), no es posible redistribuir ni el ingreso ni la riqueza y en ese momento se produce el colapso, por la falta de libertad e incentivos, como pasó en todos los sistemas socialistas alrededor del mundo entero, dado que el sector público necesita precisamente recursos tributarios de los particulares, sin que eso signifique asfixiarlos o ahogarlos, como lo hizo el ambicioso granjero que mató a la gallina de los huevos de oro, quedándose sin gallina y sin huevos. Lo mismo pasa en aquellas naciones fiscalistas, que por gravar con impuestos confiscatorios, se quedan sin empresarios y sin tributos.
Adam Smith, considerado el padre de la Economía política, tiene una frase que lo retrata como un hombre sensible y preocupado por la suerte del ser humano, por su destino, pues dijo: “Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros es pobre y desdichada”. (Adam Smith. Libro I. “La Riqueza de las Naciones”). Queriendo manifestar entonces, que ningún país desarrollado se construye sobre la miseria de los pueblos. ¿De qué sirve tener un país rico, si existen enormes desigualdades? ¿Acaso no aumentará la inseguridad? ¡Por supuesto que sí!, son esas enormes desigualdades las que provocan e instigan a la delincuencia, por ello, el objetivo de todo Gobierno, debe ser tener un país más rico o un pueblo menos pobre.
Por la investigación realizada y por el ejemplo de los países que están progresando y derrotando a la pobreza, se considera en el presente libro, que las buenas políticas socioeconómicas basadas en la libertad económica y en la solidaridad social, son el primer requisito para que un país consiga su “Visa al desarrollo”. Por ello, en las páginas que siguen, el lector encontrará análisis y comentarios basados, más que en la opinión del autor, en la ciencia económica y en entrevistas con personajes destacados del ámbito académico y diplomático. El libro está matizado además con fotografías (unas son propias y otras obtenidas del internet, con la debida fuente de información). La obra está escrita en función a hechos objetivos y se inscribe en dos ámbitos: la Economía y el Desarrollo. ¡BIENVENIDOS!
Pablo Zambrano Pontón
PRÓLOGO
“Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros es pobre y desdichada” (Adam Smith, filósofo y economista, considerado el Padre de la Ciencia Económica)
“Yo soy siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria (Simón Bolívar, el Libertador de cinco naciones)
“Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas” (Milton Friedman, ex Premio Nobel de Economía, 1976)
“Cuándo los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Qué hace usted, señor?” (John Maynard Keynes, Socialdemócrata y uno de los fundadores de la Macroeconomía Moderna)
“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”. (Ayn Rand, novelista y filósofa)
Estimados amigos, gracias por leer el presente libro, sean todos ustedes ¡Bienvenidos! a este recorrido investigativo, analítico y por supuesto, de opinión (sustentada y argumentativa); que espero les resulte útil y agradable. Las opiniones aquí vertidas, serán efectuadas en base a hechos concretos, verificados y documentados, con la debida fuente de información. Todos los acontecimientos relatados y sus correspondientes comentarios, son de dominio público, sin tergiversaciones, ni suposiciones de ninguna índole. Han sido escritas en forma técnica, independiente, objetiva, clara y transparente.
Un agradecimiento especial, a los distintos autores, economistas, científicos, políticos, periodistas, sociólogos e investigadores; cuyo pensamiento está presente en internet, en libros, en revistas, o en periódicos (fuente secundaria), o en entrevistas a influyentes personalidades del mundo académico y diplomático ecuatoriano (fuente primaria); de quienes he obtenido su valioso punto de vista. Espero que esta obra de Economía orientada al Desarrollo, sirva de reflexión para la sociedad latinoamericana y en especial para nuestros gobernantes.
El presente libro trata de confrontar algunos modelos económicos: socialismo (el marxista o comunista), capitalismo proteccionista o mercantilista y liberalismo social o economía de mercado socialmente responsable; para que el lector saque sus propias conclusiones, independientemente de la opinión del autor. ¿Será verdad que el liberalismo social es una opción utilizada por los gobiernos ubicados en la derecha política? ¿Se puede considerar al socialismo marxista, como un modelo lleno de virtud y solidaridad? ¿Sería mejor para el Ecuador y para otros países de la región, tratar de seguir el sistema proteccionista, el socialismo (¿marxismo?) del siglo XXI, o el pragmático modelo de liberalismo social vigente en varios Estados latinoamericanos y en los países más prósperos a nivel mundial? Interrogantes que serán absueltas en la las páginas que siguen.
De lo que sí debemos estar convencidos, es que el subdesarrollo sólo está en la mente, no existe una fatalidad determinista que nos obligue o nos condene a ser subdesarrollados por siempre; pues si hubiera una confabulación internacional que impone el atraso y la miseria, ¿por qué han podido vencerla países como: Chile, Hong Kong, Singapur, Australia, Suecia, Suiza, Brasil, China, India, Rusia, Corea del Sur, Taiwán, Finlandia, etc.? La respuesta es polémica sin duda. No obstante existe evidencia comprobada de que estas naciones y otras más, pudieron realmente progresar, solamente cuando abandonaron sus visiones político-ideológicas y abrazaron con fe, la senda del pragmatismo-científico, la libertad y la solidaridad, como ejes de su desarrollo económico, social, cultural y político. En una palabra, cuando abrieron sus economías al mercado y le dejaron al Estado, la redistribución social de la riqueza. Cuando siguieron modelos socioeconómicos exitosos y abandonaron los fracasados, es decir, aquellos que no han funcionado en la práctica.
Escribo al amparo de la Constitución Vigente en el Ecuador, la misma que en el Artículo 66 numeral 6 garantiza que una persona tiene: “El derecho a opinar y expresar su pensamiento libremente, en todas sus formas y manifestaciones”. E igualmente solicito, el respeto a los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dicen:
Artículo 18:
• “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; (…) así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.
Artículo 19:
• “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Escribo este libro también, basado en mi experiencia académico-profesional y luego de publicar cuatro libros: 1) Teoría Micro y Macroeconómica (en coautoría), 2) Microeconomía; 3) Macroeconomía; y, 4) Economía Internacional; lo hago además, como un ejercicio libre, práctico, objetivo y académico. Considero, que el pragmatismo del liberalismo social basado en valores como la honestidad, la responsabilidad, la libertad y la solidaridad, tiene una influencia determinante en el progreso de las naciones, porque eso lo demuestran los modelos de los países que ya han conseguido o están en camino de obtener una: “VISA AL DESARROLLO”. Lo hago en forma libre, porque la libertad a más de que significa hacer o decir lo que uno quiere, implica realizarla o manifestarla de manera responsable; sin supuestos, ni especulaciones; basado en cifras, en hechos reales, con opiniones independientes y por sobretodo, respetando el derecho y la honra de las demás personas. Como dicen muchos maestros del periodismo, más que objetividad, el lector encontrará en estas líneas: honestidad y transparencia.
¡Bienvenido a este viaje! ¡abróchese bien los cinturones!, que estamos a punto de despegar, en este fascinante vuelo que nos conducirá directamente al progreso de varias naciones, correctamente enfocadas, en los aspectos económico-liberales del mercado y en los temas solidario-sociales del Estado.
El Autor
INTRODUCCIÓN
En nuestra América Latina, ha sido ampliamente promovido y discutido un sistema político, social y económico denominado: socialismo del siglo XXI, fundado en los escritos y en la visión ideológica del sociólogo alemán Heinz Dieterich, que al momento está seriamente cuestionado en Venezuela, por la enorme inflación, devaluación y crisis económica que atraviesa este país, que tiene que importarlo prácticamente todo, porque la producción local a raíz de la nacionalización y estatización de la empresa privada, ha decaído severamente; al no existir los incentivos económicos propios de la iniciativa privada.
El socialismo del siglo XXI, es un esquema estatista de corte nacionalista, que muy poco tiene de socialdemócrata, que incluso pretendería reemplazar, al exitoso y pragmático modelo que combina mercado y Estado denominado: LIBERALISMO SOCIAL o ECONOMÍA SOCIAL DE MERCADO, vigente en varios países latinoamericanos, como: Chile, Brasil, Perú, Colombia, México, Costa Rica, Panamá, Uruguay y hay quienes dicen que el propio Ecuador ; y, a nivel mundial: China, Hong Kong, Alemania, Australia, Suiza, Canadá, Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Polonia, Rusia, India, etc. Naciones que han sido calificadas por diferentes organismos y por los propios inversionistas internacionales, como muy atractivas para el capital extranjero y que además, son las de mejor calidad de vida para su población (que es lo que precisamente debe hacer un modelo socioeconómico, para ser considerado exitoso).
La triunfante experiencia de los países hoy desarrollados, demuestra que no conviene, basarse en un solitario y solidario eje, ni tampoco en un solo motor: el Estado; hay que fundamentarse en dos motores correctamente balanceados y equilibrados: ¡LIBERTAD y SOLIDARIDAD!, no únicamente en el apoyo a las clases más desfavorecidas, porque eso le cuesta demasiado dinero al Estado y no es un sistema sostenible (que pueda durar) en el tiempo, dado que los recursos públicos le cuestan a toda la sociedad y no únicamente a los individuos emprendedores, que se arriesgan a iniciar una determinada actividad productiva. Más que creer en el igualitarismo marxista (idénticos resultados), se debe buscar una igualdad de oportunidades para todos los habitantes, puesto que los seres humanos fuimos creados iguales, pero obviamente, unos se destacan más y otros menos, porque tenemos diferentes capacidades, y eso es sano e incluso conveniente, para el progreso socioeconómico.
El modelo del socialismo del siglo XXI, se basa fundamentalmente en la equidad, a través de un sector público hiperactivo y muy solidario; olvidándose que primero, hay que atraer inversión privada (nacional y extranjera), que permita crear riqueza, para después distribuirla (como hicieron los países del exitoso modelo nórdico: Finlandia, Suecia, Noruega, etc.), con el fin de evitar problemas de financiamiento, que inevitablemente se presentan en Estados partidarios de incrementar el gasto público en todo tiempo y lugar, tergiversando incluso al propio John Maynard Keynes, uno de los principales economistas del siglo XX, quien señaló que se deben realizar ingentes gastos gubernamentales, únicamente cuando sea necesario: después de una recesión económica, cuando no exista un sector privado dispuesto a invertir para reactivar la producción y generar empleo; o, para corregir fallas y distorsiones del mercado, que inevitablemente, están presentes en el capitalismo. Sistema éste último que para nada es perfecto, como lo dijo Milton Friedman (ex Premio Nobel de Economía en 1976 y principal responsable del actualmente exitoso modelo chileno):
“Existe una enorme cantidad de pobreza en todo el mundo. No existe sistema perfecto. No hay ningún sistema que vaya a eliminar completamente la pobreza, en cualquier área. La cuestión es: ¿Qué sistema presenta mayores oportunidades? ¿Cuál es la mejor forma en que la gente pobre pueda mejorar sus vidas? Y a ese respecto, la evidencia de la historia habla con una sola voz. No conozco ninguna excepción a la proposición que dice, que mientras más libre sea el sistema, mejor ha estado la gente pobre y común” (Milton Friedman)
El capitalismo, entonces, no es un sistema perfecto, pero al menos ha demostrado ser el mejor de los que se han implantado hasta ahora, al ser el que brinda mejores oportunidades a la gente para que progrese por sus propios medios; por ello debemos tratar de humanizarlo, de volverlo justo e incluyente, en especial para aquellas personas que no han tenido las mismas oportunidades de salir adelante; pero, de modo alguno destruirlo, porque todos los que así lo han intentado, inevitablemente han fracasado (el marxismo, por ejemplo, no plantea la revisión del capitalismo, propone su reemplazo por el socialismo como fase previa al comunismo, y casi todos sabemos sus tristes resultados).
Por desconocer lo que dice la ciencia económica fundada en los escritos de Smith y hacerle más caso a Marx y a otros socialistas comunistas (cuyas ideas fueron seriamente cuestionadas a fines de la década de los 80 del siglo XX), Cuba, por ejemplo, no ha sido un país que haya creado riqueza; ¡todo lo contrario!, más bien se ha caracterizado por distribuir pobreza, por fabricar y repartir miseria (prueba de ello es que las balsas no van de Miami a la Habana, sino al revés). Así, tras más de 50 años de revolución socialista (de tinte marxista), ese país se debate en medio de intensas penurias económicas (reconociéndole ciertos avances sociales en salud y educación). Situación que contrasta con la que vive su clase política dirigente, los turistas y uno que otro afortunado, que sí han podido disfrutar de los encantos de la Isla; pues la gran masa de ciudadanos cubanos, están confinados a comer indefinidamente “moros con cristianos” y a vivir realmente en condiciones de estrechez, penuria y limitaciones económicas; dada la ausencia de libertad económica, social, filosófica, cultural, política, de expresión y opinión. Por más que siempre intenten vendernos la idea de que en ese país la parte social es todo un éxito, indudablemente el aspecto económico, sencillamente no ha funcionado. Sin economía de mercado, la parte social no puede ser sostenible, porque ¿de dónde saldrían entonces los recursos para financiar a los pobres?, ¿acaso sólo de Estado, han podido vivir las economías más desarrolladas?
Soplan nuevos vientos en la región, aires de cambio, de revolución; pues, el socialismo marxista, y la Teoría de la Dependencia, han vuelto a renacer, se han vuelto a reinventar en América Latina, a través del modelo denominado: “socialismo del siglo XXI”. Un término creado en 1996, por Heinz Dieterich (sociólogo y político alemán residente en México), con una amplia promoción y difusión en América Latina, a partir del 30 de enero del 2005, por el Presidente Venezolano, Hugo Chávez, en el marco del V Foro Social Mundial (Una convención de extrema izquierda, que trata de salvar al planeta en función a meras consignas político-ideológicas).
¿En qué se fundamentaría entonces, el denominado: “socialismo del siglo XXI”?, Según el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez: “… Se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad”.
¿Cuál es la ideología del socialismo del siglo XXI?, este concepto se deriva de las ideas del sociólogo, historiador, filósofo y político alemán Karl Marx, sobre el materialismo dialéctico y la lucha de clases. Está basado también en el populismo peronista, impuesto en la Argentina en los años 40 y mediados de la década del 70, del siglo XX. También presenta rasgos del capitalismo proteccionista o mercantilista y de la teoría de la dependencia o modelo de sustitución de importaciones. Otro sociólogo alemán, Heinz Dieterich, su principal ideólogo y promotor, actualiza las ideas socialistas, con la venia y beneplácito de muchos seguidores del socialismo real (marxista), fomentando la participación democrática de la ciudadanía, en oposición a las violentas dictaduras de antaño. Donde el comunismo y el fascismo, fueron totalitarismos de izquierda y de derecha, respectivamente, que se cobraron millones de víctimas, alrededor del mundo. Lo de hoy, si bien no tiene la violencia de antaño, intenta de todas maneras colocar “censores” de la opinión pública, que tratan de amordazar a la prensa y restringir la libre opinión ciudadana, porque hay que decirlo alto y claro, los medios de comunicación, también expresan lo que la persona común trata de decirle al gobernante y no puede por sus obvias limitaciones, siendo por tanto sus representantes, los periodistas y comunicadores. ¿Hay excesos?, sin duda que sí (de hecho hay comunicadores que se creen “dueños de la verdad”), pero no por eso la propiedad de los medios debe ser pública, con recursos del Estado, que a la final son de todos; además, se pueden destapar casos de corrupción a través de las investigaciones periodísticas, bien realizadas; pues el periodismo es una profesión fundamental que hay que saberla llevar con ética, transparencia, sentido común y objetividad, es decir, no sólo enfocándose en los aspectos negativos de un Gobierno, sino también resaltando los ámbitos positivos, que sin duda los hay.
¿Cuáles son sus ejes fundamentales?, son cuatro básicamente: El desarrollismo, la economía de equivalencias, la democracia participativa y las organizaciones de base.
¿Qué es el desarrollismo? El desarrollismo (o estructuralismo), es una escuela socioeconómica latinoamericana basada en los lineamientos teóricos expuestos por el economista argentino Raúl Prebisch (1901-1986) y por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) , relativa al desarrollo (de allí su nombre), fundamentada en el deterioro de los términos de intercambio en el comercio internacional; sostiene que los países industrializados exportan bienes con alto valor agregado (de capital o intensivos en tecnología), en contraposición a las naciones de la periferia económica que exportan bienes de poco o escaso valor agregado (materias primas o “commodities”), el mismo que fomenta el subdesarrollo y expande la brecha entre economías centrales y periféricas.
Por consiguiente, plantea (para los países periféricos o subdesarrollados) un Estado activo, vigoroso, fuerte e intervencionista; propulsor de la industrialización, la nacionalización y la sustitución de importaciones, con el fin de conseguir por la vía del Estado, el desarrollo autónomo y soberano.
No obstante, hoy por hoy y tal como lo dijera el economista austríaco Carl Menger en el siglo XIX, los bienes cuanto más escasos son y cuanta más demanda enfrentan, tienen un mayor valor para el consumidor (más precio en el mercado), de allí que actualmente los precios de las materias primas a nivel mundial, han experimentado un repunte (en especial, tras el surgimiento de China como una nueva y pujante potencia económica, que las demanda en forma intensiva).
¿Qué es la economía de equivalencias?, es un término utilizado por el sociólogo alemán Heinz Dieterich, quien presenta como modelo alternativo al precio de mercado, una economía fundamentada en la teoría del valor trabajo, es decir, en el valor de la producción. En términos de lo que cuesta en horas/hombre producir y no en las leyes de la oferta y la demanda, a las que éste sociólogo (de ningún modo economista), inventor y promotor del socialismo del siglo XXI, considera como el origen de las desigualdades sociales y la sobre explotación del factor productivo tierra (recursos naturales).
La teoría del valor trabajo, fue expuesta originalmente por los economistas liberales (los llamados clásicos de la economía, en especial por David Ricardo), la misma que sirvió de piedra angular, para la formulación de modelos teóricos de comercio internacional, opuestos al capitalismo mercantilista vigente, por aquel entonces (siglos XVIII y XIX); pero que también dio pie a interpretaciones marxistas como aquella de que hay que restituirles lo robado por los capitalistas, a sus verdaderos dueños, los trabajadores, debido a que ellos generan la plusvalía (la utilidad), que es apropiada “indebidamente” por los empresarios burgueses.
Socialismo marxista y comunista que no ha funcionado, dada la ausencia de libertad de ese modo de organización político-económica, más proclive a que lo acepten ángeles o seres espirituales y no personas normales, con defectos y virtudes. Solidarios en ocasiones, egoístas a veces, pero seres mortales, que necesitan satisfacer sus necesidades básicas y de ser posible algo más, que lo que plantea el igualitarismo colectivista de inspiración marxista. Socialismo marxista, acostumbrado a exigir a su pueblo que se alimente de sueños, ideales y soberanías, como lo sugirió Fidel Castro cuando dijo, a propósito del cruel embargo norteamericano: “Nos podrán matar de hambre, pero a este pueblo, le sobra dignidad”. (Especial de Fidel Castro en el canal ecuatoriano, Gama TV, en el año 2010).
Pretender reemplazar al sistema de precios de mercado, por un sistema de valores, como lo plantea el sociólogo alemán, Dieterich, no sólo que resulta antieconómico y antitécnico, sino que además ¡es impracticable!, pues, ¿cómo podría un vendedor saber si su producto tiene el precio adecuado para ser demandado por el consumidor?, ¿es que acaso se quiere instaurar un sistema donde la soberanía del consumidor, no exista y los precios sean fijados arbitrariamente por un Estado centralmente planificado, a la usanza de los sistemas socialistas y comunistas de antaño?, pues recordemos que la ex URSS, tenía una cantidad indeterminada de precios para cada uno de sus productos, lo cual contribuyó decisivamente a que el sistema marxista soviético colapse, dada la dificultad práctica de su cálculo (Ya lo decía von Misses, en 1927, en su obra: “Liberalismo”, mucho antes de la aparatosa caída del imperio soviético y de sus satélites este europeas: “En el socialismo, es imposible calcular racionalmente los precios”).
Más adelante, se intentará dar una respuesta convincente a las causas que motivaron el derrumbe del socialismo, por ahora, basta decir que los precios en una economía de mercado, cumplen dos importantes funciones: 1) Servir de señales a productores y consumidores, acerca del valor monetario de sus productos en el mercado de bienes, servicios y factores productivos; y, 2) Asignar recursos, es decir, orientar la producción a bienes, servicios y factores, con mayor demanda, retirando aquella que resulte ineficiente y poco productiva. El haber violado los mecanismos de precios y de mercado, fue sin duda alguna, la causa principal del colapso de la economía socialista soviética. ¡Aunque claro, siempre existirán intelectuales y académicos (especialmente latinoamericanos) que prefieran decir que el socialismo se cayó, por la mala aplicación de las ideas de Marx y por la tergiversación que de las mismas hicieran, Stalin y Mao, por ejemplo!, ¡Y que en Cuba, el socialismo no funcionó por culpa del cruel embargo norteamericano!, o que otra cosa habría sido la ex URSS, si en vez de Stalin, Trotsky hubiese sido su gobernante. En fin….
¿Qué es la democracia participativa? Es un sistema opuesto a la democracia representativa, siendo una forma de otorgarles poder de decisión soberana a los ciudadanos, en los aspectos políticos de la sociedad, instituyéndose consultas populares y referendos, donde los mandatarios solicitan la opinión de sus electores, o dónde éstos les plantean sus inquietudes a aquellos. Sistema que resulta costoso para el Estado en términos de gasto público, además que un gobernante puede postularse como candidato indefinidamente. Este tipo de “democracia”, le otorga un enorme poder al Presidente, dado que los ciudadanos se sienten importantes al tomarse en cuenta sus opiniones y resulta un método ideal para reelegirse por más de un período y seguir en el poder (caso Hugo Chávez, Cristina Fernández, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, en Venezuela, Argentina, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, respectivamente).
¿Qué son las organizaciones de base?, son agrupaciones con tinte socio-político, que están más cercanas a la comunidad, dependientes –generalmente- de organizaciones más grandes (partidos políticos, ONG´s, Federaciones, etc.) En definitiva, son células que están directamente vinculadas al pueblo sencillo, recogiendo sus inquietudes y trasladándolas al poder central.
El socialismo del siglo XXI inventado por el sociólogo alemán Heinz Dieterich, más que un modelo basado en la ciencia económica, constituye un sistema político y sociológico, donde la economía de mercado es atacada; por ello los escuchamos enfilando críticas en su contra, a través del epíteto: ¡“neoliberal”!, que a propósito, los seguidores de esta corriente lo endilgan a cualquier persona que simplemente cree en el mercado y se opone a su ideología; con el fin de ridiculizarlo y darle una connotación negativa: bastante materialista, altamente individualista, profundamente egoísta, ampliamente corrupta, sumamente excluyente y para nada solidaria. No nos olvidemos que los socialistas, son expertos en crear mitos y convencer al pueblo, acerca de las bondades de su “socialismo solidario”, en oposición al “individualismo liberal”.
El neoliberalismo sería entonces para los socialistas: un sistema corrupto, injusto y excluyente; ¡Sí, tal vez!, pero el pragmatismo del liberalismo social es muy diferente y ha sido aplicado exitosamente en los cuatro países que servirán para demostrar su utilidad práctica en América del Sur y en el mundo entero, pues lo han empleado acertadamente: Chile, Brasil, Hong Kong y Suecia. Países que han sido escogidos por haber sido antes subdesarrollados, por sus altos índices de libertad económica –complementada con elevadas dosis de solidaridad social- y por presentar ciertas similitudes, en relación con el Ecuador.
Debiendo recordarse además, que el Liberalismo social tiene entre sus representantes a gente de la talla intelectual y moral de: Adam Smith, David Ricardo, Ludwig Erhard, Konrad Adenauer, Simón Bolívar, Eloy Alfaro, Juan Montalvo, Mario Vargas Llosa, Deng Xiaoping, Milton Friedman, Carl Menger, Eugen Böhm Bawek, Ludwig Von Mises, Friedrich Hayek, etc.; es decir, gente que defendió y defiende la libertad de mercado, la propiedad privada, la competencia, la productividad laboral, el sistema de precios, la ética, la moral, la solidaridad, el bien común, etc.
¿En Ecuador se aplica el socialismo del siglo XXI?
En lo político y social existen bastantes similitudes con el esquema del socialismo del siglo XXI. En lo económico, más semejanzas presenta con el keynesianismo, con la teoría de la dependencia latinoamericana, con el mercantilismo proteccionista; que con el socialismo real (salvo el caso de Hugo Chávez en Venezuela, quien comulga bastante con las ideas marxistas de Fidel Castro). Por ello, al ser el Econ. Rafael Correa, un hombre inteligente, bien intencionado, e incluso con un PHD o Doctorado en Economía, a diferencia de otros socialistas como Castro, Chávez o Morales; debería más bien fijarse en modelos de desarrollo socioeconómico diferentes, que sean de más largo plazo, que contengan una mayor dosis de iniciativa particular (economía de mercado) y una menor injerencia estatal (economía social y solidaria o “sumak kawsay”). Esquemas, que sean liberales y sociales al mismo tiempo, como lo hicieron F. H. Cardoso y Lula, en Brasil; Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, en Chile; Alan García, en Perú; o Tabare Vásquez y José Mujica, en el Uruguay, por ejemplo. Gobernantes que representan al único “ismo” que funciona, según la respetada opinión del ex Presidente de Costa Rica, Óscar Arias: “el pragmatismo”.
Eso precisamente se intenta con este libro, que nuestros gobernantes en Latinoamérica, extraigan sus propias conclusiones, es decir, que apliquen sistemas ampliamente probados en todo el mundo; que hayan funcionado en la práctica, sacando de la pobreza a millones de personas; teniendo como piedras angulares: al mercado en los temas económicos y al Estado en los aspectos sociales. Porque eso es en definitiva el pragmático modelo del Liberalismo social, una opción para los gobiernos equilibrados, del centro, de la izquierda o de la derecha, pero responsables, modernos, pragmáticos, honestos y basados en los hechos, en la simple realidad objetiva. En el sentido común, en la lógica y en la razón.
Dice Guy Sorman en su libro: “la economía no miente”, que mientras los defensores del mercado exponen la economía en función a sólidos argumentos, quienes se oponen al Liberalismo social, lo hacen fundamentados en mitos y en epítetos (de allí el término “neoliberal”, por ejemplo) que hay que reconocerlo, impactan muchísimo en el gran público; dada la enorme capacidad de marketing y promoción. Aspectos, en los que siempre se han destacado los socialistas a lo largo de la historia, pues han confinado al liberalismo a la supuesta defensa de los intereses de las grandes empresas y transnacionales, mientras tanto ellos se han ubicado del lado de los obreros, de los pobres, de los excluidos, de los trabajadores, de los marginados, de los descamisados, de los sin tierra…
¿Existe el “neoliberalismo”?
Esta línea de pensamiento no existe. Hay sí el liberalismo; no obstante, determinados académicos e intelectuales, denominan así, a los egoístas, ambiciosos, explotadores e inescrupulosos empresarios, hambrientos de poder y de riqueza; pero que también ha sido abusada hábilmente y con mucha destreza propagandística, con el fin de satanizar al exitoso modelo clásico – liberal con rostro social, que se remonta al siglo XVIII, cuando Adam Smith fundara la economía, escribiendo su libro: “La Riqueza de las Naciones” (1776), que lo hiciera merecedor a la honrosa distinción de ser considerado como el Padre de la Ciencia Económica.
El mismo Smith, años atrás al surgimiento de esta importante obra, escribió también: “La teoría de los sentimientos morales” (1759), con lo cual dejó en claro que la libertad y la solidaridad, fundamentadas en principios, en valores, en mercados libres, en sanas competencias, en la benevolencia con los más excluidos, en el respeto al otro, en la ciencia económica, en las instituciones, en la empatía, en la división y especialización del trabajo humano, etc., son las piedras angulares, del desarrollo socioeconómico de las naciones.
Los estudios serios al respecto, demuestran que el factor principal para el subdesarrollo no es el liberalismo (confundido incluso con el conservadurismo, con la ortodoxia); sino que la causa más bien hay que encontrarla en la corrupción de nuestras élites (valores o principios morales señalados por Adam Smith) y en el irrespeto a los adecuados equilibrios macroeconómicos (leyes de la ciencia económica), que son los principales indicadores que observan los inversionistas privados nacionales e internacionales, para decidirse a generar producción y empleo, en un determinado país.
Valores morales, que es preciso inducir en nuestra población desde una edad temprana; por ejemplo, a través de la lectura de libros que en lugar de promover la lucha de clases (mitos), enseñen a nuestra gente el respeto a las leyes y a las instituciones (hechos prácticos). De igual forma, los equilibrios macroeconómicos, requieren de un Estado eficiente en la utilización del gasto público; es por ello que no existen ejemplos exitosos de desarrollo, en países que no han sido capaces de atraer inversión privada a sus economías. Observemos el caso de la ex URSS, que más que potencia económica, fue un gigante militar con pies de barro, que luego se cayó, dada la falta de libertad, incentivos y sentido común (¿cómo se puede gastar tanto dinero en inútil gasto armamentista, en lugar de privilegiar la atención y la comida de la gente común?).
¿Es el liberalismo una posición cercana a la derecha y al mantenimiento de privilegios?
¡De ninguna manera!, Pablo Lucio Paredes en su libro: “Ecuador, de la no república… a la no república”, señala: “… Según la Real Academia, por la posición que ocupaban en la asamblea de la Revolución Francesa, en la izquierda estaban los representantes no conservadores, es decir, los que aceptaban reformas, cambios y estaban contra los privilegios. Y eso es el liberalismo, una visión que intenta abrirse paso al cambio, a la competencia que rompe privilegios y en contra del Estado que los otorga. El socialismo, en cambio, es esencialmente un sistema que genera privilegios y ventajas personales o corporativas alrededor del monopolio estatal, y se torna inevitablemente conservador. Es el liberalismo el que cree en la gente, en su capacidad de tomar decisiones, en la participación”
¿El socialismo marxista o comunista, ha servido para que los países que lo aplican, crezcan y se desarrollen?
Para responder a esta pregunta, los invito a mirar los casos de Cuba, en nuestra América Latina; o el de Corea del Norte en la lejana Asia. Naciones cuya economía está profundamente anclada al irrespeto del mercado libre y a la veneración de un Estado obeso e ineficiente, donde no se ha conseguido crecimiento y desarrollo económico. Reconociéndoles, ciertas conquistas sociales, que se las puede obtener también en una economía de mercado, que sea socialmente responsable, sin necesidad de irse al extremo de querer destruir el capitalismo a marchas forzadas, sustituyéndolo por un sistema socialista que ha demostrado su ineficiencia y su ineficacia; que se ha mostrado muy proclive, eso sí, para fabricar y repartir miseria por doquier.
Por ello, más adelante se dedicará un análisis especial para el estudio de: 1) naciones socialistas marxistas, como la Cuba de los hermanos Castro y la Venezuela de Hugo Chávez; y, 2) se investigarán además, las antiguas y las nuevas realidades de Rusia (ex URSS) y Polonia (ex República Popular de Polonia), dos países que abandonaron la ideología marxista y hoy en día, abrazan la economía de mercado, lo que les ha permitido crecer y desarrollarse armónica, sostenida y equilibradamente.
La ciencia económica (fundada por Adam Smith) considera que el sector público, debe limitarse a sus funciones específicas, es decir, no es saludable un “Estado empresario”, porque absorbe recursos de la sociedad. Recursos que podrían ser utilizados en otras áreas más importantes y en defensa de los más necesitados. Tener muchas empresas públicas, distrae recursos; es mejor que compitan, porque sólo así mejorarán la productividad, la calidad y la eficiencia técnica; disminuyéndose con esto las tarifas y aumentándose la cantidad ofrecida; ya que generalmente se presentan monopolios públicos, que ofrecen sus servicios a costos realmente elevados y con severas deficiencias en cuanto a la calidad de los mismos. El Estado debe ayudar, colaborar con el sector privado, no está para competir inútilmente y generar monopolios, contrarios a la sana competencia. Salvo aquellos monopolios que como la luz, el agua y el alcantarillado, son básicos para la población y constituyen “monopolios naturales”, reconocidos por la ciencia económica, como justificables desde el punto de vista de las economías de escala. Pero, ¿se justificaría el monopolio estatal de los medios de comunicación, con el argumento ideológico de que la información es un bien público y que no debería perseguir fines de lucro?
¿Qué modelo económico es el más conveniente para el desarrollo de un país?
La experiencia práctica de los países hoy desarrollados, nos enseña, que el sistema económico más exitoso (¡no perfecto, pero sí el mejor!) es el modelo liberal socialmente responsable (Liberalismo social o economía social de mercado), es decir, el que se fundamenta en el mercado para la iniciativa privada y en el Estado para sus funciones específicas: bienestar social, seguridad, justicia, infraestructura básica, leyes, defensa nacional y redistribución de la riqueza. Por ello en el presente libro, se analizarán los casos de naciones que han conseguido hacer que sus economías crezcan y se desarrollen, mejorando el nivel de vida de sus habitantes, consiguiendo altos índices de productividad, atrayendo inversión extranjera, siendo internacionalmente competitivos y reduciendo a su mínima expresión, la pobreza. Flagelo, que es preciso combatir, por medio de los instrumentos científicos que la economía tiene para hacerlo, esto es, creciendo económicamente y redistribuyendo adecuada y solidariamente la riqueza.
Se han incorporado en el presente estudio, a países cuyas experiencias sean asimilables, equiparables e inspiradoras para el Ecuador, por estar dentro del continente latinoamericano, por haber sido continuadas por Gobiernos ubicados en la izquierda política (como son los casos de Chile y Brasil), además, por haber sido economías subdesarrolladas; puesto que, hoy por hoy, estas mismas naciones ocupan un sitial privilegiado en los índices de libertad económica y desarrollo humano, dado que tienen en la libertad y en la solidaridad, sus principales cimientos. Por tanto, en el presente libro, serán estudiados cuatro modelos de desarrollo que aplican Liberalismo social: Chile, Brasil, Hong Kong, y Suecia.
Esta obra pretende diferenciarse además, de la doctrina proteccionista (mercantilista) de Ha Joon Chang, un economista de origen surcoreano, quien afirma en su libro: “pateando la escalera del desarrollo”, que los países prósperos lo son, simplemente por haber aplicado medidas proteccionistas de tinte nacionalista e intervencionista en el pasado y que luego fueron por el mundo con el libro “la riqueza de las naciones” de Adam Smith bajo el brazo, a predicar la doctrina del libre comercio y la libre competencia, sin primero haberla cumplido ellos mismo.
¿A qué países se refiere el surcoreano? básicamente a Gran Bretaña y EEUU, naciones que desde hace muchos años son prósperas. ¿Por qué Ha Joon Chang no investigó las causas del progreso en Chile, Hong Kong, Singapur, Australia, Suiza, Brasil, Suecia, Finlandia, Noruega, etc.?, países que antes eran profundamente subdesarrollados y que hoy, gracias a la libertad económica combinada con la solidaridad social (porque se puede hacer las dos cosas, no son mutuamente excluyentes), consiguieron desarrollo socioeconómico de largo aliento.
El Liberalismo social constituye un modelo basado en el respeto al mercado y al Estado, cada quien en lo suyo. El Estado en defensa de los más necesitados, por la vía de una mejor redistribución del ingreso y la riqueza, con impuestos justos y subsidios directos; y, el mercado equilibrando las libres fuerzas de la oferta y la demanda, sin interferencias perniciosas, salvo en el caso de que se presenten fallas o distorsiones, como sucede en los monopolios u oligopolios, por ejemplo. Se requiere de un Estado que actúe como regulador, como facilitador de la libre iniciativa privada. Un Estado que opere dentro de un marco de derecho y que combata también los abusos de ciertos individuos, que en vez de liberalismo, pretenden convertir al mercado por la vía de la especulación financiera, en un sitio más de libertinaje, que de auténtica libertad socioeconómica.
Sí bien es cierto, EEUU y Gran Bretaña fueron mercantilistas (proteccionistas) en su momento, eso no significa que hayan utilizado al proteccionismo para su desarrollo socioeconómico; peor aún deliberadamente como injustamente los acusa Ha Joon Chang; pues hay que tomar en cuenta que esa era la teoría económica prevaleciente en el mundo en aquellos tiempos (siglos XVIII, XIX e inicios del XX inclusive, en Alemania, por ejemplo). Los EEUU históricamente han combinado el mercantilismo, con el keynesianismo y con el liberalismo, pero no premeditadamente como lo afirma, Ha Joon Chang.
Además, ¡el proteccionismo no es aconsejable para países pequeños como el Ecuador por ejemplo!, que no somos autosuficientes como EEUU y dependemos del comercio internacional, para nuestras exportaciones e importaciones. Adicionalmente, esta situación proteccionista, fue duramente criticada por Adam Smith, en la Gran Bretaña de su tiempo. ¡En fin!, eran muy diferentes las circunstancias y el entorno socioeconómico de aquel entonces. Además, sería preferible mirar realidades más próximas a la del Ecuador actual, en lugar de pretender compararnos con potencias del calibre de EEUU, o Gran Bretaña. Aunque si de potencias económicas hablamos, habría que sugerirle a Ha Joon Chang y a sus seguidores, que lean e investiguen también las causas del denominado “milagro alemán”, conseguido por Ludwig Erhard después de la devastación nazi, a través de dos simples medidas de tinte liberal socialmente responsable: 1) Eliminación del congelamiento de salarios y precios, es decir, dejar que el mercado fije libremente los precios de las mercancías y del trabajo; y, 2) la introducción de una nueva moneda: el marco alemán.
(En el capítulo 3 se mencionarán los principales aspectos de Erhard y del “milagro alemán).
Lo que hay que considerar es que los liberales socialmente responsables, siempre han estado en contra del intervencionismo gubernamental en el comercio internacional, dado que se perjudica a un gran número de consumidores, que no pueden acceder a una amplia gama de productos a precios más baratos, todo por defender a un pequeño y reducido número de ineficientes productores locales, que al no producir con criterios de calidad y bajos costos, tienen que esperar que un Estado paternalista y proteccionista, financie sus ineficiencias; para que después incluso, se generen monopolios de productores, contrarios a la sana competencia. Se requiere por tanto, que los consumidores dispongan de un menú variado de productos y eso sólo lo pueden conseguir, el libre comercio y la globalización socioeconómica.
Según importantes organismos internacionales, las economías más libres y abiertas al mundo, son las que más progresan; considerando, que lo que se deja de ganar por el lado comercial, al ser más abiertos al mundo, se lo recupera por el lado de los capitales, es decir, por la capacidad de atracción de inversiones que tienen las economías más abiertas e integradas a la globalización, porque los grandes países inversionistas, se fijan más en las economías abiertas (liberales), antes que en las cerradas (proteccionistas). Y además, porque aquellas que son más liberales, tienen un menor riesgo país (con menor tasa de interés), que es un indicador real que mide justamente el riesgo de invertir o no en una cierta economía.
¡Muy de acuerdo!, primero el consumidor nacional debe tratar de preferir los bienes y servicios que se le ofrecen localmente. Están bien campañas como: “Primero lo nuestro”; pero, siempre y cuando esos productos sean de calidad, porque de lo contrario por más marketing y promoción que se realice, los consumidores seguirán prefiriendo productos extranjeros. Especialmente ahora que debido al incremento en el gasto público, se ha elevado la demanda nacional, sin la contrapartida en la oferta agregada, lo que ha hecho que se dispare el consumo de artículos importados, dada la poca elasticidad de la oferta interna.
En este libro, ¿Se pudo haber investigado a más países que aplican el Liberalismo social y son exitosos? ¡Así es!, la lista es demasiado larga; pero, en homenaje al tiempo (y para no cansar a los lectores), se ha decidido realizar una investigación contrastando 4 países socialistas e intervencionistas: URSS, Polonia , Cuba y Venezuela vs. 4 países que son liberales socialmente responsables: Chile, Brasil, Hong Kong y Suecia, para que observemos y comparemos sus resultados prácticos.
¿Se puede aprender algo de la historia? El master en periodismo y escritor cubano (radicado en Miami), Carlos Alberto Montaner, señala que se podría, “si las clases dirigentes fueran un poco más sensatas, pero la experiencia indica que en América Latina prevalece una absoluta incapacidad para imitar los buenos ejemplos. Es un misterio casi asombroso, que quienes dicen estar consagrados a lograr el desarrollo de nuestros pueblos, en lugar de copiar los casos exitosos de las últimas décadas, prefieran recurrir a los que han fracasado. Ante nuestros ojos, tras la Segunda Guerra mundial, vimos cómo Ludwig Erhard rescataba a Alemania de su mayor desastre y en apenas quince años colocaba el país a la cabeza de Europa. El porqué los revolucionarios latinoamericanos se empeñan en reproducir los errores de Perón y no los aciertos de Erhard es un fenómeno que no se puede estudiar en el ámbito de la ciencia política sino dentro del psicoanálisis. ¿Por qué los políticos latinoamericanos de este loco mundo nuestro no se asoman a Singapur e indagan cómo ese pequeño enclave saltó del tercer mundo al primero en apenas veinte años sin romperse la crisma en la pirueta?”
Rosemary Thorp, historiadora económica de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña), ha medido el PIB per cápita de América Latina a lo largo del siglo XX y el peso global de nuestros países en el comercio internacional. “En 1900 teníamos el 14% del PIB per cápita de Estados Unidos y realizábamos el 7% de las transacciones internacionales. Cien años más tarde y tras cuarenta "revoluciones profundas" nuestra renta per cápita es el 13% del que exhiben los gringos, mientras nuestra participación en el comercio internacional se ha reducido al 3%.”
Complementando lo dicho anteriormente por Montaner y Thorp, el periodista y escritor argentino (también radicado en Miami), Andrés Oppenheimer, señala en su best seller: “Cuentos Chinos”, “mientras China, las naciones asiáticas y los países de Europa del Este, están mirando hacia el futuro, América Latina insiste en mirar hacia la vieja izquierda comunista abandonada por China inclusive”, y sus gobernantes populistas, no hacen más que contarnos “cuentos chinos”, culpando al liberalismo y a los Estados Unidos de nuestros males e infortunios. Oppenheimer señala entre otras cosas, que “lo que vemos hoy en día, es que realmente toda esta discusión que escuchamos en nuestros países, sobre derecha o izquierda, es una discusión del Siglo XIX, porque en las naciones que avanzan y que están haciendo disminuir la pobreza, vemos gobiernos de todos los colores políticos: desde la China Comunista hasta la Irlanda Capitalista, pasando por Chile o España, gobernadas por partidos socialistas, y todos ellos están teniendo éxito. Mientras tanto, la discusión que lamentablemente escuchamos todavía en muchos de nuestros países latinoamericanos, ha sido superada hace veinte o treinta años.
Lo que sucede es que las disputas sobre derecha e izquierda, en realidad, pasan hoy por otros parámetros, que no tienen nada que ver con el crecimiento y el desarrollo. Pueden pasar por el tema del aborto, el de las libertades individuales, de la ecología, pero no pasan en absoluto por la inversión, la productividad, la competitividad.”
Oppenheimer, divide a los países en dos bandos: 1) los que atraen capitales y 2) los que espantan capitales; lo que hace que los unos estén ubicados en el Liberalismo social y los otros, penosamente insistiendo, en el socialismo comunitario de planificación central, o en el capitalismo proteccionista.
Porque hay qué decirlo claramente, aquellas naciones que reniegan de la libertad económica y del capital privado, son mal vistas en el concierto internacional de países. ¿Por qué? ¡Bueno!, simplemente porque así es la realidad pragmática, nos guste o no (lo que pasó en el Perú el 6 de junio del 2010, cuando tras la elección de Ollanta Humala como Presidente, se cerró la bolsa de valores de Lima, por el pánico de los inversionistas, dada la cercanía de Humala con Chávez, por ejemplo). De allí que Chile, es el país en América Latina, más liberal, más solidario, más abierto al mundo, más honesto y el que menores índices de pobreza muestra, según los diferentes organismos internacionales encargados de medir dichos indicadores socioeconómicos. ¡Pensar que hace más de 30 años, los propios chilenos habrían dicho que eso es imposible! ¿Cómo lo consiguieron? ¡Simple! Aplicaron Liberalismo Social, es decir, el mercado en los temas económicos y el Estado en los aspectos sociales. El resto fue sólo cuestión de tiempo. Hoy por hoy, Chile es, la economía más próspera de América Latina y la más solidaria también, porque es la que mejor ubicada está tanto en el índice de libertad económica, como en el de desarrollo humano, sin que haya tenido que irse a los extremos socialistas de tinte marxista, propuestos un día, seguramente con la mejor de las intenciones teóricas (e incluso espirituales), por Salvador Allende.
Oppenheimer también señala: “Lo cierto es que hay un enorme contraste entre el discurso político de los comunistas chinos y el de sus primos lejanos, más retrógrados, en el escenario político latinoamericano. Mientras los primeros se desvelan por captar inversiones, una buena parte de los políticos, académicos, y empresarios proteccionistas latinoamericanos se regodea en ahuyentarlas. En China, me encontré con un pragmatismo a ultranza y una determinación de captar inversiones a largo plazo. Mientras algunos políticos latinoamericanos recorrían el mundo denunciando el “capitalismo salvaje” y el “imperialismo norteamericano”; recibiendo ovaciones en los Congresos latinoamericanos, los chinos les estaban dando la bienvenida a los inversionistas norteamericanos, ofreciendo todo tipo de facilidades económicas y promesas de seguridad jurídica, aumentando el empleo y creciendo sostenidamente a tasas de casi el 10% anual. Los jerarcas chinos mantienen un discurso político marxista-leninista para justificar su dictadura de partido único, pero en la práctica están llevando a cabo la mayor revolución capitalista de la historia universal”.
Las ideologías ven el mundo como algo estático. En tanto que el pragmatismo, reconoce las dinámicas de los nuevos tiempos. Si algo objetivamente ha fracasado, el pragmático, lo descarta. Cualquier ideología (de izquierda o derecha) se ve a sí misma como la depositaria de las ideas que pueden resolver cualquier problema de la sociedad, ya sea presente o futuro. Esto convierte a la ideología en un dogmatismo, pues se cierra a las ideas de los demás, como posible fuente de soluciones a los problemas que se plantean diariamente, siendo ella la explicación total y última. En casos extremos, una ideología puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados. Considerando a la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo, bien sea de tipo político o religioso. Cualquiera que disienta (los disidentes cubanos, por ejemplo) pasa a ser un problema para la sociedad, o el grupo, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología.
En contraposición a la ideología socialista, nacionalista y estatizante, el pragmatismo del liberalismo económico combinado con la necesaria solidaridad social es dinámico, porque se adapta a las nuevas realidades y no duda en tomar los aspectos positivos de una determinada escuela económica para afrontar el desarrollo de los pueblos. Definido el pragmatismo por el Diccionario de la Lengua Española (2005 Espasa Calpe), como “la actitud y el pensamiento que valora sobre todo la utilidad práctica y el valor de las cosas”, siendo además un “movimiento filosófico norteamericano de carácter empirista que considera los efectos prácticos de una teoría, como el único criterio válido para juzgar su verdad”.
Así, un ejemplo de pragmatismo lo encontramos en los socialistas de Chile, Brasil, Uruguay, Rusia, Alemania Oriental, Polonia, China, etc., quienes dándose cuenta que las tesis igualitarias y equitativas del marxismo suenan bastante bien en la teoría e incluso en los ámbitos sociales y políticos (¿Quién puede dudar de sus buenas intenciones?), las abandonaron dada su nula efectividad práctica, decidiendo más bien que deben ser, solidarios en lo social y liberales en lo económico, es decir, conservan la ideología política del socialismo que busca la solidaridad y el bien común; pero ésta, de modo alguno, se encuentra divorciada de la libertad económica y de los instrumentos de oferta y demanda presentes en todos los mercados. Ellos creen, como es lógico, que primero hay que crecer para después repartir y no primero repartir lo poco que se tiene; por ello es que a este tipo de escuela o de modelo, se lo ha denominado en el presente libro como: LIBERALISMO SOCIAL, que es el auténtico nombre, con el que debería ser conocido el sistema liberal-solidario, inventado por Adam Smith hace más de 200 años. Y no como de individualismo-liberal. Incorrecta forma, denominada por algunos académicos e intelectuales, que jamás han leído a Smith (o si lo han hecho, al parecer, no lo han entendido).
En esta investigación simplemente se lo pretende rescatar y proponer para el Ecuador y para América Latina, con las debidas y correspondientes adaptaciones a la realidad contemporánea y al país específico. A más de que existió un economista llamado Ludwig Erhard en la Alemania Occidental (inmediatamente posterior a Hitler y al nazismo), que los sacó de la postración económica y consiguió el denominado “milagro alemán”, a través del modelo denominado por él como: “Economía Social de Mercado (ESM)”, cuyo inventor es: Adam Smith.
¡De modo alguno entonces! este LIBERALISMO SOCIAL (LS), es una nueva doctrina inventada a título personal por el autor de este libro; de lo que se trata más bien, es de recoger los postulados liberales y solidarios del brillante filósofo y economista escocés del siglo XVIII, Adam Smith, quien con sus dos obras: “teoría de los sentimientos morales” y “La riqueza de las naciones”, elevó la economía política al carácter de ciencia social. Resultando penoso el que se haya malinterpretado su doctrina y se diga sin ningún tipo de argumento, que Adam Smith era un cruel e inhumano personaje; cuando esto no es así, como será demostrado más adelante, al describir profundamente su teoría socioeconómica; porque Smith era un hombre brillante, justo, éticamente bien formado y bastante solidario.
¡Creía en el Liberalismo social!, es decir, en uno de tipo humanista, ético-moral, respetando la propiedad privada, la libertad, la justicia social, la vida y el derecho de las demás personas. Además, esos mismos políticos, académicos y profesionales que critican y despotrican en contra del liberalismo (por ser según ellos, de “derecha”), deberían saber y entender que la doctrina fundada por Smith, fue seguida por Eloy Alfaro en el Ecuador, (¿o acaso Eloy Alfaro, no era liberal?). Alfaro, dio mucho impulso a las exportaciones cacaoteras, construyó el ferrocarril para unir la sierra con la costa y separó los vínculos entre la Iglesia y el Estado, que eran comunes en la etapa anterior a su gobierno liberal, esto es, durante el régimen de Gabriel García Moreno.
A propósito de pragmatismo, miremos el ejemplo de Uruguay, país que junto con Chile y Brasil, son considerados por Eduardo Lavagna -ex ministro de Economía de Argentina-, como los tres países sudamericanos que tienen políticas económicas de largo plazo, en donde no importa si ganan la izquierda o la derecha, pues allí siempre se aplican idénticas medidas de crecimiento y desarrollo, sustentadas en la libertad económica y en la solidaridad social como piedras angulares que sostienen el modelo.
Resulta entonces sorprendente (y agradable), leer las declaraciones de José Mujica, un ex marxista y guerrillero tupamaro (antiguo seguidor del che Guevara), diciendo lo que debe ser una herejía para la extrema izquierda continental, porque al más puro estilo de Adam Smith ha declarado que: “La riqueza no se genera por decisiones legislativas; es hija de la inversión y el trabajo”; y además, que manejará la macroeconomía con extrema precaución y prudencia. Un hombre extremadamente pragmático sin lugar a dudas, que ojalá sirva de ejemplo para otros gobernantes de izquierda en el continente, que piensan que únicamente hay que ser solidarios y para nada liberales.
Luego de haber asimilado bien esta frase, dicha no por un derechista, sino por un representante de la izquierda moderna continental, que además señaló sentirse más cercano a los “socialismos” de Lula en Brasil o de Bachelet en Chile. Resulta penoso escuchar todavía a Hugo Chávez afirmar erróneamente, que Simón Bolívar fue el primer socialista ilustre en el continente.
Conviene aclarar entonces, que Bolívar no era comunista, ni socialista siquiera, porque en el tiempo del “Libertador”, todavía no existía esa corriente doctrinaria (además Bolívar era partidario de la unión, de la fraternidad y no de la separación o la lucha de clases, como lo propone el marxismo). En aquella época (inicios del siglo XIX), habían tres escuelas de economía política: la fisiocrática fundada por Quesnay, la mercantilista en la que habían muchos pensadores, entre ellos William Petty, Alexander Hamilton, en fin; y, la liberal implantada por Adam Smith. De allí que Bolívar, era liberal, justo y humanista, preocupado por el bien común, por la igualdad y sobre todo por la libertad. Los conocedores de historia, cuentan que Bolívar, se deleitaba con la lectura de los clásicos de la economía, en especial con el libro insignia de aquella época, el de Adam Smith, titulado: “La riqueza de las naciones” (1776).
Con una demostración tan sencilla, basada en fechas, se desmonta el mito acerca de la ideología marxista, que sesgada y obstinadamente pretenden atribuirle a Bolívar. ¡Veamos!, El Libertador nace en 1783 y muere en 1830. Marx nace en 1818 y muere en 1883. Su principal libro, “El Capital”, lo escribe en 1867, es decir, 37 años después de la muerte de Bolívar. Siendo probable entonces, que El Libertador, haya leído a Smith e imposible que haya leído a Marx; porque el libro de Adam Smith, “la riqueza de las naciones” se lo escribió en 1776, o sea, unos cuantos años antes, a la época en que Bolívar liberaría a los pueblos de América del oprobioso yugo español; colonización con la que Adam Smith nunca estuvo de acuerdo, porque él dijo claramente en esta obra, que la riqueza nacional (diferente de la individual) no consiste en la cantidad de oro y plata que un Estado posee (como sí lo creían los mercantilistas), sino que ésta más bien depende de la cantidad de bienes y servicios a disposición de la población; o sea, de la producción. Y que la riqueza es generada, por el trabajo humano, en concreto por la división y la especialización del mismo. Fuente de eficiencia y productividad.
Siendo la conjunción del trabajo físico llevado a cabo por los obreros, más los valores éticos y morales de los empresarios, complementado con buenas instituciones, lo que permite el desarrollo. Smith, jamás defendió ni la explotación capitalista, ni la ambición desmedida de ciertos empresarios monopólicos (aliados con el Estado en contra del consumidor); pues fue un crítico bastante duro del mercantilismo colonialista: británico, portugués y español en nuestra América.
Habrá que recordarles a los que ignoran o ya se han olvidado de la historia económica, que este genial escocés de nombre Adam Smith, catedrático de la Universidad de Glasgow y paradójicamente funcionario público de Aduanas, escribió antes que “La riqueza de las naciones”, el libro: “Teoría de los sentimientos morales” (1759), en el que aboga por un mundo más justo y humano, basado en principios y valores morales. Siendo Smith entonces, el fundador del modelo que en el presente libro se lo ha denominado: “Liberalismo social (LS)”. Sistema que Erhard en Alemania, lo bautizó como: “Economía Social de Mercado (ESM)”.
Volviendo a la ideología del Libertador, cabe señalar que Marx, trató despectivamente a Simón Bolívar. Marx lo criticaba abiertamente. Lo juzgaba por su origen de clase, por su condición de aristócrata, más que criollo, codicioso de fama y poder. Un “pequeño burgués” disoluto y procaz que “tras dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe… marchó hacia Pamplona, donde pasó más de dos meses en festejos y saraos (...), con un tesoro de unos 2 millones de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9 mil hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hannoverianos y otros extranjeros bien disciplinados”, escribió Marx.
Para Marx, Bolívar no era más que un dictadorzuelo oportunista y demagogo. Marx escribe, que las campañas castrenses emprendidas por Bolívar durante la Guerra de la Independencia no fueron nada más que un alarde de mediocridad estratégica financiada por capitalistas ingleses y por la propia corona británica en pos de dominar el vasto mercado americano que se dislocaba del decadente dominio español.
Como vemos, ni Bolívar era marxista y Marx de modo alguno, era bolivariano. Bolívar decía: 1) “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano, el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo, donde se origina la usurpación y la tiranía”. 2) “Yo soy siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria”. (www.sabidurias.com).
Después de haber aclarado cuál era el pensamiento del Libertador; veamos ahora ¿Qué es el estatismo?, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “el estatismo es la tendencia que exalta el poder y la preeminencia del Estado sobre los demás órdenes y entidades”. El estatismo de Cuba y Venezuela, ya raya en socialismo como fase previa al comunismo (por el control de precios, salarios, tipos de cambio, falta de libertad política y económica, expropiaciones, declaraciones de sus gobernantes, menú racionado, censura a los medios de comunicación, en fin), que sin embargo parece querer ser replanteado, al menos en Cuba, ya que el propio Fidel Castro ha reconocido que el modelo socialista cubano no funciona ni para ellos (8 de septiembre del 2010). El socialismo de Bolivia, es por lo pronto una interrogante, no obstante, las feroces declaraciones de Evo Morales, en contra del capitalismo “imperialista” y la depredación de la naturaleza, por eso dijo ante los medios de comunicación, que la humanidad se enfrenta al dilema: “naturaleza vs. Capitalismo salvaje”.
En el Ecuador de la “revolución ciudadana”, más que socialismo lo que se observa es un sistema económico keynesiano en lo fiscal y mercantilista o proteccionista en lo comercial; tipo escuela cepalina o teoría de la dependencia de los años 60 y 70 en América Latina; con medidas proteccionistas destinadas a favorecer el desarrollo autónomo y soberano, así como la industrialización masiva, que todos esperamos que se lo realice con criterio económico y sentido común; ya que por ejemplo, no es correcto tampoco, que sigamos exportando cacao e importando chocolates, o exportando petróleo crudo e importando derivados de petróleo, es decir, debería ser una industrialización basada en nuestras ventajas comparativas en la agricultura, fomentando la agroindustria; en lugar de pretender producir televisores, electrodomésticos, automóviles, en fin; o fundamentada en la minería, en el turismo y en la energía. En otras palabras, deberíamos primero comenzar por aprovechar más nuestras potencialidades como nación, que en agroindustria, minería, turismo y energía, si las tenemos; antes que ir a una industrialización forzada y para nada espontánea.
Habrá que considerar además, que no sólo los países industrializados se han desarrollado. Chile, por ejemplo, es un país exportador de materias primas, pero también de vinos e incluso de ciertos bienes industriales, y se lo considera un modelo progresista en la región, sin que necesariamente haya basado su desarrollo económico y humano en la fabricación de bienes intensivos en capital y tecnología, porque como ya lo dijeron los liberales clásicos (con David Ricardo a la cabeza), se debe favorecer la producción y exportación de bienes, en los que una nación determinada tenga una ventaja comparativa, e importar y consumir aquellos en los que haya una desventaja comparativa, con la finalidad de que ganen tanto los productores, como los consumidores. Si un determinado bien, es más costoso fabricarlo internamente que comprarlo en el exterior, sería preferible importarlo, porque no debemos olvidarnos de los costos de oportunidad implícitos en la producción de los bienes, es decir, por dedicarnos a una industrialización agresiva y forzosa; a lo mejor descuidamos otros sectores en los que somos, o podemos ser, más productivos y competitivos.
A propósito del Ecuador, su Presidente, Rafael Correa, tiene un pensamiento ideológico que se lo puede apreciar en la siguiente nota tomada de www.ecuadorenvivo.com, donde este medio se hace eco de una entrevista realizada por una periodista española para Diario El Mundo, de fecha 21 de mayo 2010, que dice:
Rafael Correa.- “ (…) Lo que pasa es que, no había participado antes en política nacional, pero sí en política universitaria; no vengo de una izquierda marxista, yo vengo de una izquierda cristiana; y con esas fuentes de la doctrina social de la iglesia y la teología de la liberación, entonces para algunos que se creen los profetas de la izquierda, probablemente eso no es ser de izquierda, no es ser revolucionario; pero, qué le voy hacer, me tiene sin el menor cuidado lo que piensen. (...) Yo siempre me he considerado un tipo de izquierda.
Periodista.- ¿Puede decirme una cosa, una idea política que lo asimila con Chávez y otra que les divide a los dos?
RC.- Lo Bolivariano, compartir esta visión del Socialismo del siglo 21, que nos divida hay muchísimas cosas, cada país es una realidad diferente, y tenemos que dar respuestas diferentes.
P.- ¿Me podría decir una medida por ejemplo que haya tomado Chávez y que no comparte?
RC.- Chávez muchas veces piensa que la solución está en los sistemas, tiene mucha fe en eso, o sea que el capitalismo es el causante de todos los males y el socialismo va a resolver todos los males; yo creo que los sistemas son importantes, las ideologías son importantes; pero si no cambiamos al ser humano, cambiaremos muy poco las cosas”.
Una vez que hemos leído que el Econ. Rafael Correa, afirma no ser un socialista marxista, sino más bien un socialista humanista (social demócrata); se le debe recomendar entonces, de la manera más constructiva, objetiva y propositiva: que mire al exterior, al mundo desarrollado, a países como: Chile, Hong Kong, Brasil y Suecia, por ejemplo; dejando de criticar ideológicamente a modelos que sí funcionan, con los debidos controles; que deje de criticar al liberalismo utilizado antaño por su ícono inspirador: Eloy Alfaro.
Por tanto, la Economía, debe en primer lugar, ser económica y luego social, es decir, basarse en los instrumentos de mercado (oferta, demanda, sistema de precios); pero debe también estar matizada con un rostro social que beneficie a los pobres y excluidos del sistema, redistribuyendo en forma más justa o más equitativa la riqueza; y obviamente, la institución encargada de hacerlo, es el Estado. Pero no uno absorbente y entrometido en la vida económica, sino más bien una entidad que se comporte como regulador, como facilitador de las transacciones entre los agentes y los sectores económicos . En palabras sencillas, en un Estado que se comporte como “árbitro” para que se cumplan las leyes y los principios básicos de la sociedad, para que se respeten los contratos, para que se imponga un Estado de derecho, para que se garantice la propiedad privada, para que se genere riqueza y se la redistribuya adecuadamente hacia todos los sectores de la sociedad.
En palabras simples, el mercado en el aspecto económico y el Estado en el tema social, constituyen las claves del desarrollo socioeconómico de las naciones. Por tanto, estas dos instituciones, deben complementarse y no competir innecesariamente.
Alguien podrá decir, que más importante es el ámbito social. A esa persona cabría preguntarle: ¿Puede una persona o Estado ser generoso sin recursos económicos? ¡Obviamente que no!, porque como lo decía Margaret Thatcher: “El buen samaritano, sin dinero, se habría quedado sólo en buenas intenciones”.
El error está en pretender que el sistema sea netamente solidario, porque sin crecimiento económico, basado en inversión privada (no sólo en más Estado), no es posible redistribuir ni el ingreso ni la riqueza y en ese momento se produce el colapso, por la falta de libertad e incentivos, como pasó en todos los sistemas socialistas alrededor del mundo entero, dado que el sector público necesita precisamente recursos tributarios de los particulares, sin que eso signifique asfixiarlos o ahogarlos, como lo hizo el ambicioso granjero que mató a la gallina de los huevos de oro, quedándose sin gallina y sin huevos. Lo mismo pasa en aquellas naciones fiscalistas, que por gravar con impuestos confiscatorios, se quedan sin empresarios y sin tributos.
Adam Smith, considerado el padre de la Economía política, tiene una frase que lo retrata como un hombre sensible y preocupado por la suerte del ser humano, por su destino, pues dijo: “Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros es pobre y desdichada”. (Adam Smith. Libro I. “La Riqueza de las Naciones”). Queriendo manifestar entonces, que ningún país desarrollado se construye sobre la miseria de los pueblos. ¿De qué sirve tener un país rico, si existen enormes desigualdades? ¿Acaso no aumentará la inseguridad? ¡Por supuesto que sí!, son esas enormes desigualdades las que provocan e instigan a la delincuencia, por ello, el objetivo de todo Gobierno, debe ser tener un país más rico o un pueblo menos pobre.
Por la investigación realizada y por el ejemplo de los países que están progresando y derrotando a la pobreza, se considera en el presente libro, que las buenas políticas socioeconómicas basadas en la libertad económica y en la solidaridad social, son el primer requisito para que un país consiga su “Visa al desarrollo”. Por ello, en las páginas que siguen, el lector encontrará análisis y comentarios basados, más que en la opinión del autor, en la ciencia económica y en entrevistas con personajes destacados del ámbito académico y diplomático. El libro está matizado además con fotografías (unas son propias y otras obtenidas del internet, con la debida fuente de información). La obra está escrita en función a hechos objetivos y se inscribe en dos ámbitos: la Economía y el Desarrollo. ¡BIENVENIDOS!
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